El anuncio de una derrota

Millán Gómez

Se ha despejado la tercera incógnita en torno al PSOE en este 2011. Primero fue la renuncia de Zapatero a presentarse como candidato, posteriormente la designación de Rubalcaba como presidenciable y, ayer mismo, la convocatoria electoral. Las elecciones generales finalmente se adelantan y se celebrarán el próximo 20 de noviembre, fecha recordada por la muerte del dictador Franco, siempre según la versión oficial del régimen. Un día que este país volvió a ilusionarse enormemente por la democracia se celebrará una cita con las urnas. Quizás no sea guiño alguno pero sí tiene su punto irónico.

Este anticipo electoral es la constatación de una derrota, la del Gobierno socialista, incapaz, pese a sus esfuerzos, de atajar una crisis cuya raíz se ubica a miles de kilómetros de España, pero que el ejecutivo no ha sabido, hasta el momento, paliar. No estamos ante un adelanto electoral significativo pues apenas se adelanta en poco más de tres meses sobre la fecha estándar pero cuando se toma una decisión de este calibre siempre hay un motivo detrás. En este caso, la razón es clara: nos encontramos ante un Gobierno desgastado y con poco o nulo recorrido. El resultado de una derrota no motivada por una gran oposición, sino todo lo contrario, pero que pierde por deméritos propios y ningún mérito del principal partido de la oposición. Ha perdido el Gobierno socialista, no ha ganado la oposición del PP. La oposición popular es otra cosa.

Quizás a Zapatero se le valore mejor con el tiempo. Méritos ha realizado, sin duda, especialmente en la primera legislatura. Ha reconocido errores y eso, en un ámbito tan egocéntrico como es la política, es de valorar. Rajoy ha respondido con su discurso habitual, es decir, sus mismas palabras de siempre, vacías, y sin dar una sola idea. De hecho, rozó el ridículo nuevamente con sus amigos los papeles que tantos problemas le han causado delante de las cámaras. Eso sí, su tono era el de alguien aliviado por conocer ya la fecha de su más que probable victoria. Hablaba con la convicción de quien se cree presidente, menos tenso y dando la sensación que se encontraba en una rueda de prensa en La Moncloa y no todavía con el rol de líder de la oposición. Datos contundentes tiene más que suficientes para sentirse ganador. Su estilo es el de pasar de puntillas siempre, no mojarse nunca y transmitir, en ocasiones, cierta displicencia con los medios. Alguien que rechaza en la mayoría de ocasiones responder a los medios no merece ser presidente del Gobierno. Tristemente, éste es el panorama al que nos enfrentamos: un Gobierno caducado y sin ideas y una oposición dura en el continente y hueca en el contenido. España, país.

El adelanto electoral es un “no puedo más” pero que electoralmente tiene una parte positiva para los socialistas. Dejan sin argumentos a quienes consideraban que agotar la legislatura era una manera de aferrarse al poder y, por otro lado, quedan casi cuatro meses para la cita con las urnas, tiempo suficiente para que Rubalcaba marque su propio perfil y convenza al electorado. Han optado por un término medio. Quizás sea lo más sensato. El candidato socialista hizo gala ayer de su gran oratoria en una entrevista concedida a la Cadena SER. Sus calabas suenan creíbles y convencidas de que aún hay partido aunque los datos resulten poco alentadores para el PSOE, a pesar del supuesto recorte con respecto al PP según el CIS. Más allá de su magistral capacidad de expresión, su imagen no aporta nada novedoso. De aquí a noviembre habrá una larga campaña electoral donde Rubalcaba seguirá con su discurso cuidado frente a un PP cuyo argumentario básico gira en torno al “Caso Faisán”. ¿Por qué? Pues básicamente porque, según la pereza rajoyniana, es mucho mejor que la Justicia castigue a su contrincante por su supuesta vinculación al chivatazo a eta para no tener que batirse el cobre en la arena política. ¿Trabajar? Bufff, quita, quita.