El amo de El Mundo

Permafrost

Hace tiempo que, en mi personal e imaginario museo de los horrores, el Sr. Pedro J. Ramírez ocupa un señero pedestal de priápica robustez, acorde con el exuberante e impertinente onanismo ególatra del sujeto. Hoy es tan buen día como cualquier otro para dedicarle unas primeras líneas a este aprendiz de Rasputín, al hilo de algunas manifestaciones de obsoleta actualidad [Permítanme el oxímoron postvacacional, es sencillo: la cosa viene de lejos, sus coletazos son recientes y reflejan características de perenne presencia]. Uno de los rasgos del Sr. Ramírez que suscita mi desconfianza es su aparente ubicuidad. En sus mejores semanas, escribe su carta-homilía dominical en el rotativo que regenta, comparte micrófono con el santísimo representante de la verdad revelada, sienta veloz cátedra en 59 segundos y no se pierde ningún sarao mediático-político donde regalar a los asistentes el don de su incontinente dominio de la todología. Para mí, es una cuestión de principio, como aquello de “la mujer del césar…��? o como las normas que establecen incompatibilidades entre cargos públicos o supuestos de recusabilidad de los jueces: no se trata tanto constatar una irregularidad fáctica como de prevenir, por una prudente estimación de probabilidad, peligros situacionales. Soy de los que piensan que la hiperactividad candelera de quienes se suponen gestores de información es un deporte de riesgo, poco compatible con una aproximación veraz a la noticia y más proclive al chalaneo de los muñidores: demasiados compromisos, demasiados intereses, demasiadas implicaciones, demasiadas opiniones que se necesita confirmar.

Este deseo de P. J. de ser el perejil de todas las salsas sería excusable si su ejercicio fuera en efecto más limpio. Si no diera constantemente la impresión de “tener una agenda”?, como dicen los ingleses, a tono con su ambición. Es para mí el tratamiento informativo del 11-M la mayor fuente de desprecio hacia los manejos del personaje, el momento revelador (en la época de Perotes y Paesas andaba yo aún algo tierno de entendederas). Y, en este contexto, no puedo sino estar completamente de acuerdo con los calificativos que La Vanguardia, sin nombrarlos directamente, dedicó en su día a este y otros cuentistas del ramo: aventureros, especuladores y saltimbanquis (editorial, 15.3.06) o, utilizando una expresión del propio Ramírez, aquellos que conciben el periodismo como una oportunidad de “hacer política sin responsabilidad”? (editorial, 23.9.06).

Y esa apetencia por la política sin responsabilidad se refleja en un aspecto llamativo de los editoriales de El Mundo: su enojoso tono exhortativo. Y es que no es en absoluto infrecuente encontrar títulos del estilo: “X [el Gobierno, el Ministro Tal, el Sr. Cual], DEBE hacer Y”?. De este modo, “El PSOE debe despejar las sospechas de doble juego con ETA”? (2.7.06); “El Gobierno debe aclarar qué quiere hacer con la Guardia Civil”? (7.1.06); “El Gobierno debe aclarar la mediación de Cuba”? (10.7.07); “El reloj del 11-M, una pista que Del Olmo debe investigar”? (10.4.06); “El Gobierno tiene que aclarar la contradicción de la nitroglicerina”? (13.7.06). Todo ello aderezado normalmente con la deducción de las oportunas consecuencias en caso de morosidad en el cumplimiento: “si el Ejecutivo tuviera interés en esclarecer los atentados de Madrid, no seguiría guardando silencio sobre la información publicada por este periódico hace tres días”? (23.11.06).

A su vez, esta querencia por el ánimo conminatorio, aspaventero e impertinente resultaría menos onerosa si se practicara con una mayor ecuanimidad, si aplicara la ley del embudo con mayor disimulo. Pero el Sr. Ramírez siempre sacude la misma estera y siempre acaricia el mismo lomo ronroneante. He aquí una detallada ilustración.

En los últimos meses se han producido dos episodios análogos en los que toda pretensión de equilibrio por parte del director de El Mundo ha desaparecido engullida por el agujero negro de su amor por la intriga palaciega. Es casi de sainete. El editorial de 10.7.07 se titulaba según la consabida fórmula: “Bono debe explicar por qué se fue y por qué se plantea volver”?. El periódico de marras señalaba lo siguiente: “[Zapatero] ha ofrecido a Bono encabezar la lista del PSOE por Toledo a las generales con la promesa de convertirlo en presidente del Congreso […] la vuelta de Bono a la política, tras dieciocho meses dedicados a la vida, parece cantada.”? Tras esta suposición, comienzan las valoraciones y las advertencias: “El ofrecimiento a Bono es, sin duda, una nueva jugada táctica de Zapatero. […] Bono dejó su puesto en el Gobierno apelando a «razones personales» y «familiares» en las que nadie quiso ahondar precisamente por respeto a esa esfera privada […]. Es obvio que la política de Zapatero no ha cambiado en relación con los nacionalistas, por lo que el regreso de Bono necesariamente se tiene que deber a otros motivos que él debe explicar si quiere mantener su credibilidad. ¿Qué pasó con esas importantes razones «personales» y «familiares»? ¿En qué ha cambiado la situación en quince meses? ¿Se comportó entonces de forma inconsistente y frívola o bien lo hace ahora? Sólo si despeja estos interrogantes podrá volver a ser lo que era.”?

Queda claro: si a Bono se le ocurre volver a la política tras su anuncio de dedicarse a la vida familiar, tendrá que dar explicaciones (¿a Pedro Jota?) o perderá su “credibilidad”, no podrá “volver a ser lo que era” y será “inconsistente” o “frívolo”.  ¿Se trata de un criterio de aplicabilidad general? Evidentemente, no. Veamos lo que sucede cuando se trata de los españoles de bien.

Unos días antes, el editorial de El Mundo era muy distinto (29.6.07): “La vuelta de Rato, una buena noticia para el PP”: “La noticia de que Rodrigo Rato dejará en septiembre la dirección del Fondo Monetario Internacional sacudió ayer la política española”. Según el editorialista, Rato, a diferencia de Bono (supongo), “mantiene intacto su gran capital político”. Y todo son arrumacos y parabienes: “Lo cierto es que, a día de hoy, Rato no tiene entre sus planes volver a la primera línea política. Pretende centrarse en su familia […]. Pero también es verdad que el ex vicepresidente del Gobierno ha reconocido en privado que si su partido le pidiera volver, tendría muy complicado decir que no. […] Sería un error que los populares perdieran la ocasión de recuperar a quien sigue siendo uno de los referentes y grandes valores del centroderecha español. Rajoy debería ser lo suficientemente hábil para convertir el fichaje de Rato en lo que es, una buena noticia para el PP, una ventaja antes que un inconveniente.”

Más tarde, el 12 de agosto pasado, don Pedro hacía sonar su cornetín de órdenes, esta vez en dirección a Génova, en una jacarandosa carta del director (“Operación Roger Rabbit”): “Tiempo habrá para lidiar con sus defectos si algún día vuelve al poder, pero hoy por hoy Rato infunde ilusión y confianza […]. El ha dicho que no quiere volver a la política, pero también ha dicho que no podrá negarse a hacer lo que el partido le pida. Pues pídaselo usted, Mariano, hombre… Y cuanto antes mejor. […] Cómo no va a poder usted fichar a Rato. Ofrézcale el número dos por Madrid o el uno por donde él prefiera, plena intervención en el programa, la vicepresidencia única en caso de triunfo y su apoyo como sucesor en caso de derrota. Ponga todo eso expresamente encima de la mesa. A ver si tiene narices de decir que no. Al menos que no quede por usted, Mariano.”

De modo que se comprende el lamento de la semana pasada (editorial, 6.9.07), cuando Rato aseguró que “bajo ninguna circunstancia” concurrirá a las próximas generales: “Nadie tendrá ninguna duda, ni dentro ni fuera del PP, de que para este partido no es una buena noticia. El prestigio de Rato, vinculado a su exitosa gestión al frente de Economía, hubiese reforzado mucho la candidatura de Rajoy.”

Resumiendo: A diferencia de lo que ocurría con Bono, si Rato abandona su relevante puesto institucional por razones personales, no pasa nada. Y si abandona su vida familiar para volver a la política (algo que él mismo no insinúa), no sólo no tendría por qué dar ninguna explicación so pena de ser excomulgado por el amo del mundo, privado de toda credibilidad y bonhomía, sino que sería algo deseable y deseado.

Pero no se vayan todavía, aún hay mas en este festival de cine en blanco y negro. En la pasada tertulia copeliana de 4.9.07, el Sr. Ramírez estuvo a punto de enfrentarse directamente con esta aparente incoherencia por obra y gracia de su colega Alejandro Vara, director de La Razón. Decía éste (minuto 24:11): “Rato […], no es por criticar, simplemente es recordar que ha dejado un puesto como es el del F.M.I., a mitad de mandato […], yéndose con unos argumentos que realmente tampoco son muy entendibles: por razones familiares, no sé qué, no sé cuánto… Yo creo que eso… Estaba representando, eh… bueno, como español, en un puesto de enorme importancia internacional y mundial y lo dejó de una manera que yo tampoco creo que sea aplaudible [sic].”

Afortunadamente, Pedro Jota es hombre de recursos donde los haya y, si hay que improvisar, se improvisa. Observen cómo empieza haciendo una pequeña concesión estilo “Bono no bueno si no explica” (minuto 25:29)…

P.J.: “Rodrigo Rato, Roger Rabbit, ése es el conejo que tiene que sacar Rajoy de la chistera. Creo que, cuanto antes le haga un emplazamiento y un ofrecimiento público, mejor. Rato dijo dos cosas cuando […] anunció que ponía fin anticipadamente a su mandato como director general del Fondo Monetario Internacional. Dijo que lo hacía por razones personales, y creo que en ese ámbito tiene una explicación pendiente […]. Las razones familiares tendrían que ser poderosísimas.”

…para dar la vuelta a la situación como sólo saben hacer los maestros de la logomaquia espuria:

P.J. [continúa de lo anterior]: “Son comprensibles las razones políticas: ‘yo soy un hombre público, yo soy un político, hay una situación muy complicada en mi país, creo que puedo aportar’…”

A. Vara [interrumpe, señalando lo obvio]: “Pero él no ha hablado de razones políticas, Pedro…”

P.J.: “Bien. Pero sí que dijo, sí que dijo: ‘estoy a disposición de mi partido… estaré a disposición de mi partido’. En todo caso, cuanto antes Rajoy le emplace públicamente a aceptar acompañarle y formar parte de las listas, antes sabremos a qué atenernos.”

¿No es fantástico? Les aseguro que este diálogo no lo ha inventado Verlitas. Otro día, si les queda paciencia, seguiré hablando de mi ciudadano Kane favorito.