El adversario

Jon Salaberría

La decisión, la pasada semana, del Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a la sazón presidente nacional del Partido Popular, de nominar de modo inapelable y sin contestación, a Juan Manuel Moreno Bonilla (Barcelona, 1970) como inmediato presidente del Partido en Andalucía y candidato in pectore a los futuros comicios autonómicos en la Comunidad, pone fin a un periodo de dudas y especulaciones que se desarrollaba en paralelo al cada vez mayor protagonismo político de una Susana Díaz Pacheco convertida en referente visible de lo que podría ser alternativa posibilista al modelo popular en el resto del Estado, implicada además en algunos de los debates más importantes de política general (como la cuestión catalana) que exceden los límites de la Comunidad que gobierna junto a Izquierda Unida. La omnipresencia de Javier Arenas Bocanegra en franco duelo con María Dolores de Cospedal, las dudas en torno a un José Luis Sanz (hasta el martes de la semana pasada, precandidato avalado), respaldado por un Juan Ignacio Zoido cada vez más irrelevante en términos de poder orgánico, las pretensiones de la Delegada del Gobierno de España en Andalucía, la almeriense Mari Carmen Crespo, y las presiones de la circunscripción de Málaga (con Almería, la más poderosa y exitosa de las territoriales del Partido en Andalucía) pidiendo más protagonismo frente al centralismo sevillano, hacían necesario un golpe de efecto que pusiera fin a las dudas de una organización noqueada y debilitada, a pesar de sus históricas victorias en noviembre de 2011 y en mayo de 2012 (ésta, insuficiente).

Nada nuevo bajo el sol en cuanto al procedimiento digital que se sigue tradicionalmente en el Partido Popular, también en esta ocasión. Basta una orden vertical y taxativa desde Génova 13 para que automáticamente los ocho presidentes provinciales del Partido Popular andaluz se personen en Sevilla para proceder al acto solemne del aval (sic) al candidato designado, lo que posibilita la consecuente catarata de adhesiones de cargos (orgánicos e institucionales) en todos los niveles y de militantes que, por supuesto, han sido partidarios del candidato desde siempre. A nadie escapa ya desde ese momento del dedazo que el Partido, como un bloque, conocía las virtudes, juventud, frescura, carisma y preparación de Moreno Bonilla, aunque apenas quince días antes su nombre no fuese sino uno más en las quinielas, y no precisamente entre los favoriti. Afirma Quico Chirino, columnista de acerada pluma y hábil rastreador de secretos inaccesibles, que dirigentes provinciales como el ex comunista Mario Bilbao (Sevilla) o el presidente de la Diputación Provincial de Granada, Sebastián Pérez, avalaron pocos días antes a José Luis Sanz, señalando otro dirigente que prefiere permanecer en el anonimato que “no es que fuésemos de José Luis Sanz, es que no podíamos ser de otro, sólo se hablaba de él”, de forma tal que en minutos los que eran de José Luis Sanz (incluido el mismo Sanz) dejaron de serlo. En tiempo récord. En la reciente Convención de Valladolid, como señala el columnista, ni el mismo Moreno Bonilla conocía las intenciones del presidente del Partido respecto de su persona.

Sin duda, este espectáculo digital, antesala de un congreso de aclamación a la búlgara, es uno de los primeros hándicaps del nuevo candidato frente a una opinión pública que cada vez más rechaza este tipo de funcionamiento interno de las organizaciones políticas, y que es una de las causas del desafecto de la ciudadanía respecto de las mismas. Una opinión pública que en su momento se mostró igualmente crítica por la doble designación de la actual candidata del PSOE de Andalucía en un proceso de primarias sin urnas al que, por lo menos, pudieron acceder tres precandidatos más, pero que tenía detrás la sospecha de la decisión última del Presidente y secretario general saliente, Pepe Griñán. Los partidos políticos tradicionales o convencionales, a pesar de la amenaza creciente de abstención masiva o de  terceras opciones tras las que asoma, cada vez más nítida, la realidad del populismo (y sus peligros), siguen sin atender las exigencias de democratización y de participación por parte de la ciudadanía. Siguen, mediante este tipo de funcionamiento, siendo reacias a la apertura, sin considerar los riesgos de ese enroque irresponsable.

Un segundo hándicap está en el perfil personal del candidato. A priori, sin abundar en los acontecimientos de los primeros días y en los detalles que han ido trascendiendo, Juan Manuel Moreno parecía una designación (procedimiento aparte) objetivamente acertada por motivos de imagen y por motivos de procedencia: juventud (43 años), aparente dinamismo, y circunstancias sociofamiliares muy andaluzas. Juan Manuel Moreno Bonilla es nieto de jornalero e hijo de emigrantes andaluces a Catalunya; miembro, pues, de una familia que, como tantas (como la de quien les escribe), tuvo que marchar fuera de su tierra a buscar el sustento y una mejor calidad de vida. En el diario “Sur”, Javier Recio afirmaba que “nadie es mejor o peor por ser hijo de, pero también es verdad que en política los detalles son muy importantes. Javier Arenas nunca ha podido quitarse su imagen de señorito a raíz de una foto en la que se apreciaba cómo le limpiaban los zapatos”. Moreno Bonilla se aleja, cierto es, de la imagen tradicional de derechona  de Arenas o de Arias Cañete (otro que anduvo en quinielas andaluzas). Los detalles conocidos en lo que se refiere a la formación y trayectoria de este relativamente desconocido dirigente han sido, sin embargo, un auténtico jarro de agua fría para quienes se congratulaban de la nueva imagen de aparente sencillez, cercanía y novedad de su candidato. Esta misma mañana (por hoy, martes), el mismo Moreno Bonilla tenía que hacer malabares dialécticos ante Susana Griso para tratar de explicar las apariciones y desapariciones de licenciaturas, másteres y demás trompetería académica en los perfiles oficiales que el Congreso de los Diputados ha ido ofreciendo de su persona a lo largo de los años. Su titulación universitaria en Protocolo, obtenida cómodamente en una Universidad privada de forma paralela al desarrollo de su carrera política, le ha hecho acreedor de no pocas críticas. Las mismas que en su día cayeron sobre la Presidenta de la Junta, cuya precoz entrada en política le supuso graduarse en Derecho en el plazo de una década, pero más acentuadas en el caso de Bonilla por el currículo propio de la carrera que terminó: ¿es un grado en Protocolo la formación adecuada para un Presidente de Comunidad Autónoma? (siempre y cuando se parta de que es muy necesaria, aunque no sea legalmente exigible, una buena formación universitaria para ostentar tan alta responsabilidad política). Esta consideración y la sombra de la mentira en su currículum antes comentada le han supuesto la primera gran dificultad a superar en su inminente tournée, al estilo Arenas, por la Comunidad.

 Junto a esta cuestión del currículum variable, aparece también el hecho de su temprana dedicación a las cosas de la política, algo en lo que también coincide con la Presidenta. Moreno Bonilla, pese a su juventud, no es un recién llegado al agitado mar de la política: tiene un amplio historial de navegación. Con apenas 24 años ya era concejal de un Ayuntamiento como el de Málaga a la sombra de Celia Villalobos; después, accedió al Parlamento andaluz y, desde 2000 (hasta 2004 fue diputado cunero por Cantabria, la misma circunscripción que el senador Bárcenas), ha sido un habitual en el Congreso de los Diputados, ostentando desde 2011 la Secretaría de Estado de Servicios Sociales e Igualdad. Al mando de Ana Mato, la oposición política le acusa de ser ejecutor de los más crueles recortes sociales de este Gobierno, los relativos a políticas de dependencia (mala credencial en un Comunidad como la andaluza, escorada sociológicamente al centro izquierda y muy celosa en la defensa de su sistema de protección social). Dice Teodoro León Gross, clarísimo gurú de la opinión publicada malagueña, en durísimo y explícito texto dedicado a ambos candidatos a las próximas autonómicas (tanto Presidenta como aspirante), que “pintar a ambos apparatchik como ‘self-made men’ le repateará a quienes se hipotecan para triunfar y pierden, a quienes sienten el cañón del paro en el cogote, a quienes cierran despachos y estudios, a quienes firman despidos con lágrimas en los ojos”.  Se trata de otra barrera para llegar al público general al que aspira, compartida desde luego con su adversaria, pero con la dificultad adicional de una mejor valoración de la ejecutoria de la Presidenta. El hecho de que el conservador “La Razón” prevea una ajustada victoria del PSOE en unos eventuales comicios andaluces (lo que implica que en términos reales puede ser bastante mayor) es, desde la relatividad que implican los estudios demoscópicos, indicativo del mucho camino que queda por delante al candidato popular.

 Finalmente, otro par de factores deberá tener en cuenta Moreno Bonilla para armar un proyecto (o una imagen, que viene a ser su sustitutivo la mayor parte de las veces) con ciertas garantías de competitividad de cara a 2016 o al momento en que eventualmente se produjese una convocatoria anticipada, algo que tienta a algunos elementos del PSOE de Andalucía y sobre lo que ya ha alertado Diego Valderas, el socio. Uno de esos factores es el problema del discurso y del tono. Las primeras intervenciones no han sido especialmente afortunadas: pedir a las primeras de cambio la dimisión de Susana Díaz con cajas destempladas, basándose en que la Presidenta “no salió elegida de las urnas”, o en los casos de corrupción que se investigan y que implican relaciones con la Junta de Andalucía, es una simpleza; no será el primer caso en que el/la máximo/a responsable de una institución no haya sido el/la candidato/a electoral, pues a los ejecutivos los eligen los parlamentos, y encima existen numerosos precedentes en instituciones gobernadas por el PP. Si de corrupción hablamos, no es el PP un ejemplo a seguir en el enfrentamiento de esta cuestión. Su afirmación, poco después, afirmando que pierde “calidad de vida” al venir a Andalucía y abandonar sus responsabilidades en la Administración del Estado, casan mal con la imagen de compromiso con la tierra que se pretende transmitir a un potencial electorado. Moreno deberá también cambiar la crítica de trazo grueso, característica del PP cuando vive el ingrato papel de oposición, por un perfil discursivo centrista y moderado si pretende recortar distancia política con la adversaria. Para ello deberá marcar distancia con algunas voces del partido y con algunos voceros externos.

 El otro factor con el que deberá lidiar el candidato será la consolidación de la unidad de la organización. Aunque la respuesta a la decisión de Rajoy haya sido un prietas las filas, el nuevo presidente regional deberá encajar equilibrios territoriales ante el inusual debilitamiento de la centralidad sevillana, algo que es una incógnita, así como enfrentar la abierta hostilidad de la secretaria general del Partido, María Dolores de Cospedal, que quizá no haya dicho aún la última palabra. El inminente Congreso puede ser indicativo, pero más aún lo serán los movimientos que se produzcan más arriba de Despeñaperros, en un tiempo en el que la legendaria unidad de la derecha política española comienza a mostrar ciertas grietas antes casi imperceptibles.

 En Andalucía se abre una contienda política que enfrentará a dos adversarios con algunas similitudes en el perfil personal y con identidad generacional, si bien con diferencias en cuanto a los modelos que representan. Una contienda que no será un duelo a dos: el buen momento de Izquierda Unida, que va a capitalizar a buen seguro su participación en un gobierno de coalición en el que han sabido dejar su impronta en las medidas de más calado social convierte a la coalición de Antonio Maíllo en un protagonista imprescindible. La posible irrupción de formaciones emergentes, principalmente UPyD, abundará en una posible coralidad antes desconocida. No obstante, el efecto Susana” y la momentánea pax socialista otorga momentánea ventaja al proyecto que, en la actualidad, representa el Acuerdo por Andalucía (PSOE-IU) que rige los destinos de la Comunidad desde 2012. Está por ver hasta qué punto Moreno Bonilla, personalizando el enésimo intento, tendrá posibilidades de hacer peligrar la integridad de la aldea gala. Lo viviremos, intensamente, en estos próximos meses. 

Posdata: En el instante mismo en que servidor envía este artículo, creo que bastante benévolo, no me resisto a enlazarles un texto más inmisericorde que acaba de caer en mis manos, de nada más y nada menos que el viejo “ABC” de Sevilla, y de manos de su director, Álvaro Ybarra. “El despropósito”. Las aguas de la derecha andaluza bajan más revueltas de lo que parecen a primera vista. 

http://www.abcdesevilla.es/andalucia/20140217/sevi-ybarra-desproposito-201402162247.html