El abanico de papel

Manuel Lobo

Esta primera ola de calor estival, que nos ha sorprendido a final de primavera, ha servido para poner sobre la mesa, nuevamente, las carencias educativas que tenemos en nuestro país.

No son sólo la vuelta a primera plana de los informativos del cierre de aulas y los testimonios de los profesionales de la educación y de los padres, quejándose de la falta de condiciones ambientales para poder dar clase con normalidad.

Tampoco es sólo cuestión de criticar a cierto Consejero de la Comunidad de Madrid, que, sin ser especialista en la materia de las artes plásticas escolares, planteaba como solución paliativa, realizar abanicos de papel.

Tampoco basta con la instalación, allá donde la presión de padres y educadores es suficiente, de equipos de aire acondicionado en las aulas.

El problema no es el insufrible calor de los últimos días del curso de este año, como tampoco es ese mismo calor que pueden sufrir los escolares a inicios de septiembre.

Estos hechos no son sino síntomas de un mal funcionamiento de nuestras instituciones, dónde la coordinación y la falta de visión colectiva de lo Público brilla por su ausencia.

Paso a explicarlo…

Las competencias en educación están transferidas a las Comunidades Autónomas, hasta ahora nada que desconozcamos. Dentro de esta competencia transferida están incluidas decisiones en asuntos cómo las materias a impartir -de elección autonómica-, la gestión del personal de educación, la supervisión y control, el presupuesto de funcionamiento educativo de los centros escolares, las aperturas y cierres de aulas, la concesión de conciertos educativos, etc.

También podríamos pensar que parte de sus competencias son los centros escolares, desde el punto de vista de los edificios en sí, y en parte las tiene, pero es en ese “en parte”, donde encontramos las descoordinaciones y la carencia de visión conjunta por parte de las diferentes Administraciones del Estado.

Como la decisión de apertura y cierre de aulas es de la Comunidad Autónoma, la inversión en infraestructuras sí sale del presupuesto de la Comunidad de Madrid, pero una vez finalizadas las obras, y realizada la equipación mínima inicial, no es la Comunidad quien se encarga de su funcionamiento, sino que el edificio y sus instalaciones pasan a ser de los Ayuntamientos, que se hace cargo de su mantenimiento y conservación, incluyendo el pago de los consumos por energía eléctrica, calefacción, agua, etc…

Esta es la situación que tenemos, ¿pero qué tiene que ver esta con el excesivo calor que se sufre en días como los que hemos vivido?

La respuesta es la misma a la de por qué tampoco hay sombras en los patios, entra frío en invierno por las ventanas, o por qué, si llueve, los niños se mojan cuando van de un edificio a otro… La Comunidad Autónoma no tiene incentivos para diseñar y construir los centros educativos en las condiciones óptimas.

En efecto, sólo hay que dar una vuelta por los últimos colegios públicos construidos, por ejemplo en diferentes municipios de Madrid, para darse cuenta que todos son iguales, sin importar dónde estén situados o simplemente su orientación.

En este sentido los técnicos de la Comunidad han hecho un gran esfuerzo por optimizar proyectos y costes. Baste decir que siguen manejando bases de precios de 2001 y adjudicaciones por subasta con bajas, en algunos casos por encima del 30%.

Técnicamente, cumplen la normativa de manera muy justa, pero ni se plantean optimizar el coste de la obra contando con los costes operativos de funcionamiento del centro y mucho menos para tener un confort adecuado en las aulas cuando las temperaturas se salen de las medias previstas.

Para los Ayuntamientos, la entrega de un nuevo edificio escolar, no es, sino otro edificio del que se tienen que ocupar y mantener en condiciones sin contrapartida económica.

Al final, los presupuestos ajustados de inversión en centros educativos y la falta de recursos de los Ayuntamientos, la falta de incentivos en colaborar a medio y largo plazo y el desentendimiento de una Administración o de otra, son los que hacen que de vez en cuando, vuelva a la palestra el calor en las aulas, e incluso alguna salida de tono de algún Consejero, dando la nota con abanicos de papel.