El 15M no quería saber nada del 22M

Aitor Riveiro

Hace unos meses asistí en calidad de observador a una suerte de asamblea fundacional del partido en el que debe convertirse el Proyecto Equo, que dirige el expresidente de Greenpeace, Juan López de Uralde, y que cuenta entre sus filas con personas relevantes de la izquierda política, como la exdiputada regional por Madrid de IU Reyes Rincón.

El partido está ahora mismo en un estado muy embrionario y llegará a duras penas a las generales de 2012. A la asamblea acudieron unas 200 personas de muy distinta procedencia pero con el ‘verde’, más que el ‘rojo’, como nexo de unión: Equo corre el serio peligro de atomizarse antes incluso de echar a andar.

De aquella reunión saqué una conclusión clara: existe un número indeterminado de personas que asumen en soledad sus inquietudes políticas. Casi todos los que tomaron la palabra se expresaron en este sentido. Esta gente asegura no tener en su entorno con quién debatir los asuntos públicos: el estado de la sanidad, el calentamiento global, los escándalos de corrupción, etcétera. Y no tienen referentes: lo están buscando.

Semanas después el CIS publicó uno de sus barómetros periódicos. Junto a las habituales, una serie de preguntas indagaban sobre la participación ciudadana de los españoles. Destaco algún dato del estudio:


-    El 51, 6% de los encuestados reconoce que nunca o raramente habla de política con sus familiares, mientras un 51,1% no lo hace con amigos.
-    Un 33,3% dice que no comenta los asuntos sobre política con sus compañeros de trabajo o estudio e incluso otro 37,7% indica que “no procede” hacerlo.
-    El 87% nunca ha contactado o intentado contactar con un político para expresarle sus opiniones.
-    Un 91,3% de los encuestados por el CIS jamás ha participado en un blog, foro o grupo de discusión política en Internet.

¿Por qué no hablamos los españoles de política? ¿Cuánta gente ‘pasa’ y cuántos piensan que no merece la pena porque el resto ‘pasa’? ¿Quiénes son entonces los líderes de opinión?

Menos de un mes después, a una semana de las elecciones municipales y autonómicas más importantes desde 1995, decenas de miles de personas salen a la calle convocadas por Internet y el boca a boca con una petición insólita: cambiar el sistema desde el sistema y para preservar el sistema. La marcha se convirtió en una acampada igualmente improvisada y el consiguiente desalojo policial que atrajo la atención de los medios hizo que derivara en un movimiento que, pasadas las elecciones y eliminadas las presiones externas e interesadas, aun hoy pervive y que amenaza con convertirse en algo, ya veremos en qué.

Por último, el pasado 22 de mayo el PP arrasó en las elecciones municipales y autonómicas con más del doble de diferencia de votos de la lograda en 1995. El PSOE no gobernará, de momento, ninguna capital de provincia y a duras penas retiene el poder en una de las autonomías en juego. Parte del voto socialista ha recalado en IU y UPyD pero ni por asomo ha habido trasvase de votos. El PP gana apenas 500.000 votos con respecto a 2007.

Ninguno de los cuatro escenarios anteriores tiene relación directa entre sí. Son síntomas de una misma enfermedad.

Ayer mismo, PSOE y PP echaban un absurdo pulso público para saber si los unos presentan un moción de censura o los otros una cuestión de confianza. Mientras, el líder de IU en Extremadura amenazaba con dejar en manos del PP el Gobierno regional. UPyD recordaba que solo apoyará alcaldías para partidos que se comprometan a cambiar la ley electoral en lugar de ofrecer un programa municipal, CiU y PP tanteaban pactos poselectorales sin importar la aplicación del Estatuto de Cataluña, Camps se regodeaba de su condición de presidente imputado, …

La acampada en la Puerta del Sol tiene los días contados. Del ‘toma la plaza’ hemos derivado a ‘toma los barrios’ y este sábado se convocan asambleas en todo Madrid. El movimiento 15M, o su parte más activa, no quería saber nada del 22M. Ni de la próxima M, de marzo de 2012.