Ejemplo perfecto

Mimo Titos

El Plan de incentivos al alquiler anunciado el martes al alimón por el Presidente del Gobierno y la flamante Ministra de Vivienda ha cosechado un sinfín de críticas, más negativas que positivas. Unos pocos han visto en el Plan un esfuerzo social, progresista, por poner parte del superávit presupuestario a mitigar el problema de la vivienda. Pero los más se han revuelto ferozmente en contra, sea por su electoralismo subyacente dada la cercanía de las elecciones, sea por “clonar” una medida ya en vigor que, dicho sea de paso, ha tenido escaso impacto, es decir, por dilapidar recursos presupuestarios escasos cuando la economía global anuncia tiempos más difíciles en el futuro. A algunos, entre los que me cuento, el Plan nos ha parecido muy bien, pero lamentamos que el intento de mitigar el segundo problema en importancia de nuestra sociedad haya llegado tan tarde en la Legislatura. Y lamentamos también que la puesta de largo del Plan se haya visto ensombrecida por la torpeza de no hacer referencia al subsidio ya existente al alquiler para jóvenes de renta limitada.

Es evidente que la materialización del derecho constitucional a la vivienda supone un problema para cientos de miles de españoles. Por muy variadas razones “er españó” tiene que tener casa en propiedad, preferentemente en el barrio en el que nació del que, a poder ser y con la protección del Estatuto de los Trabajadores, ni su empresa ni nadie conseguirá moverle en su vida. Además, “er españó” tiene que, a la primera que puede, hacerse con una segunda casa en la sierra, en el pueblo de sus ancestros o en la playa, también en propiedad, por supuesto, incluso si es en un sitio tan poco recomendable como Marina d´Or.

Esta tendencia a la compra del inmueble (¡las parejas de novios tienen cuenta vivienda conjunta años antes de casarse!) es muy superior a la de los países de nuestro entorno: en Europa alrededor de un 40% de la gente alquila; en España poco más del 10%. Y la tendencia viene de antaño, lo cual es todavía más difícil de explicar porque hasta el Decreto Boyer que liberalizó parcialmente los alquileres, la legislación era francamente favorable a los inquilinos hasta el punto de que todavía subsisten “alquileres antiguos”, en algunos casos de tercera generación, y casi todo el mundo conoce a alguien que ha tenido dificultades para desalojar a inquilinos que no pagaban, etc.

Peor aún, la cosa parece ser contagiosa puesto que los inmigrantes que han llegado a nuestro país en la última década se han integrado perfectamente en la cultura nativa y han empezado en gran número a poner los ahorros que no mandan a casa al servicio de las hipotecas bancarias. Todo el mundo compra, ergo unos pocos potentados, generalmente bien relacionados con el concejal de turno, construyen mucho y se forran. Y el que alquila, tanto activa como pasivamente, es tonto, porque está “tirando el dinero” o “buscándose problemas” en un país en el que “los pisos nunca han bajado de precio”. Lo cual es estrictamente falso como demuestra la reducción del valor real de los inmuebles en alrededor de un 20% en el periodo 1993-98.A mí me parece muy bien que cada cual haga lo que quiera con su dinero y que el que quiera satisfacer su instinto “propietario” decida subsidiar con una parte considerable de su renta a Botín y sus colegas sudando una hipoteca a varias décadas. Pero me parece también esencial que, ante la carestía de la vivienda, agravada durante estos últimos años, el Gobierno adopte medidas activas e intensas para promover el alquiler como alternativa para los que no pueden comprar.No soy un experto en el tema, pero el Plan anunciado el martes parece bastante sensato. De una parte, se extiende la deducción fiscal por la compra de inmuebles al alquiler de los mismos para los que ganen menos de 24.000 euros. ¿Por qué debería el Estado eximir a los que compran y no a los que alquilan? Además, y dado que el problema del acceso a la vivienda es particularmente acuciante entre la juventud “mileurista”, se subvencionará el alquiler con 210 euros mensuales durante 4 años para los de entre 22 y 30 años que ganen menos de 22.000 euros, complementados con 600 euros en préstamo para la fianza y un aval por 6 meses.Habrá que ver si esta segunda medida tiene más éxito que la ya existente: 240 euros para los menores de 35 años cuya unidad familiar no supere los 19.950 euros  y para viviendas de hasta 90 metros cuadrados. El Gobierno calcula que de las 40.000 personas que se han beneficiado ya, se pasará a unas 180.000 al ampliarse el espectro de renta y ser tramitadas las nuevas ayudas directamente por el Ministerio de la Vivienda y no a través de las CC.AA. como hasta ahora. El Plan es menos concreto en cuanto a la oferta. Lo único concreto ahora mismo es la exención fiscal total para las rentas por alquiles a menores de 35 años, que se suma a la exención del 50% para los demás casos. Además, está previsto tratar de reducir el plazo de desahucio creando juzgados especiales. Y ofertar suelo público para alquiler por un plazo de 50 años, lo que descontará el precio del suelo abaratando así el precio del alquiler. Pero para que estas medidas se concreten hará falta enmendar la Ley Orgánica del Poder Judicial, proveer plazas judiciales, permisos, licitaciones, etc. lo cual llevará tiempo antes de poder ver resultados tangibles. Pero más vale tarde que nunca.

La pregunta obvia es: ¿Por qué hemos tenido que esperar más de 3 años para acometer decididamente la promoción del alquiler? La única respuesta que se me ocurre es que la anterior Ministra era vaga, incapaz o ambas cosas. Pero entonces ¿por qué permaneció en el cargo tanto tiempo? Incluso desde un punto de vista exclusivamente electoralista, creo que la puesta en práctica del Plan hace un año o dos habría beneficiado al PSOE más de lo que lo hará ahora, por la simple razón de que muchas más personas se habrían acogido al mismo.

Pero el título de este artículo no pretende hacer alusión a dicho retraso sino a la pérdida de gran parte del impacto positivo de una medida necesaria al presentarla torpemente, sin conectarla a las subvenciones ya existentes, explicando que su escaso impacto hace necesaria su ampliación. Me parece un ejemplo perfecto de la política de comunicación poco sofisticada que ya es, lamentablemente, tradicional en este Gobierno. Y así seguimos, a merced del acoso impío de la caterva de columnistas y “opinionistas” ávida del mínimo pretexto para cebarse en cualquier cosa que haga el Gobierno, y en particular su Presidente. Con la lamentable adición de El País por medio de su editorial de ayer.