Eclosión

Salaberría

Esta noche (ayer, cuando ustedes lean este artículo) las Juntas Electorales de Zona recibirán, con el plazo fijado en el tope máximo de las 00:00h, las diferentes candidaturas que concurrirán a las Elecciones Municipales del próximo día 24 de mayo del presente 2015, cuarto domingo del citado mes conforme a la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (LOREG). Ya no habrá vuelta atrás, y en esta ocasión, muy al contrario que en otras ocasiones, la aparición en el tablero electoral de los dos fenómenos políticos de nuestros días, Podemos y Ciudadanos, nos encontraremos en esa hora con una situación similar a la que se vive en esas noches de enero de cierre del mercado invernal de fichajes futbolísticos: esperaremos a ese momento preciso de la presentación de candidaturas para conocer la conformación definitiva de las parrillas electorales en muchos municipios. La estrategia Hacendado seguida por Podemos (conformación de listas blancas con el eufemismo de listas ciudadanas) para presentarse en ciudades en las que, además, dependen de un proceso de convergencia con otras opciones políticas de resultado variado, necesitando en muchos casos de las conformación de partidos instrumentales (una estratagema legal de quienes dicen oponerse al viejo sistema de partidos), hace que por primera vez en muchos años de proceso democrático existan municipios en los que hasta casi la última hora no se sabrá si el acuerdo de convergencia posibilita listas de unidad o si, por el contrario, el mismo espacio electoral acude fraccionado a las urnas. Por otro lado, la OPA hostil  lanzada por Ciudadanos hacia las derrotadas filas de UPyD nos lleva a desconocer la definitiva plancha del emergente partido naranja a espera de conocer el grado y porcentaje de integración de gentes que huyen de la ruina política de Rosa Díez hacia zonas políticas más estimulantes en posibilidades. En algún caso, como en el de Motril (Granada) ha sido la totalidad de la lista la que ha cambiado, en el plazo de dos semanas, de siglas y de colores electorales de cara al 24-M.

 La situación que afrontamos aporta elementos estimulantes para los analistas políticos, de nuevo y como ocurrió en las pasadas Europeas y en las más recientes Andaluzas. Y no son otros que los siempre atípicos movimientos que efectúan en el centro del escenario electoral las gentes de Pablo Iglesias Turrión. La antes comentada estrategia seguida de cara a estos comicios va a provocar que uno de los grandes agentes políticos, una de las fuerzas favoritas en intención de voto en la perspectiva tetrapartita que dibujan las encuestas, aparezca desdibujada, sin una identidad común, toda vez que los proyectos Ganemos no han alcanzado una homogeneidad en su conformación estatal, ni por sus integrantes, ni tan siquiera por la denominación (por motivos conocidos). Incluso una de las marcas electorales de más acrisolada tradición en nuestra moderna historia política, Izquierda Unida, difumina igualmente su identidad entre la solitaria resistencia en unos casos, la más o menos lograda unidad coyuntural con Podemos en otros, y en no pocos la convergencia con terceros bajo la indisimulada pretensión de ser fagocitados en las urnas por las candidaturas lideradas por los podémicos.  

Una eclosión de siglas que tendrá efectos en la conformación posterior de gobiernos locales, los pactos de aritmética obligatoriedad a los que tan poca predisposición existe. Que tendrá efectos en la conformación de las Diputaciones Provinciales (la existencia de partidos instrumentales de ámbito no superior al de un único municipio o de Agrupaciones de Electores influirán en la constitución de esos entes en beneficio de otros partidos de los denominados tradicionales). Y que, finalmente, tendrá la consecuencia general de no ofrecer una visión general de la política de pactos tanto de Podemos como de Izquierda Unida de cara a lo que se ventilará en las Comunidades Autónomas que abren urnas esa misma jornada y de cara a la cita (prevista) a Generales de finales de año. 

Alberto Garzón, candidato de Izquierda Unida a la Presidencia del Gobierno y uno de los líderes de la federación más proclive a la idea de convergencia con Podemos, trataba de explicar en fechas recientes que las posibilidades electorales de su formación radican en saber constituir el soporte político de una mayoría social  que el líder presupone, por un lado, decantada hacia la huida del régimen y, por otro, más centrada en la búsqueda de los cauces formales para la construcción de las nuevas formas de participación política que en la búsqueda de un programa político genuino. Si desde la explosión callejera del no menos atípico 15-M la búsqueda de los cauces formales por quienes desde unas siglas u otras se declaran deudos de la movilización es el objetivo, creo que algo ha fallado. En tono sarcástico, corre por las redes la especie de que, en estos días, si algún politólogo o sociólogo consigue el diseño de un GPS político, en poco tiempo acumulará una fortuna con su venta. El batiburrillo, la sopa de letras, los procesos de elección de candidaturas, algunos tan alambicados y complejos que han provocado el pinchazo de las expectativas de participación previas, pueden suponer un respiro (con el permiso de Ciudadanos) para el principal damnificado del descrédito ciudadano hacia la política, el Partido Popular. Por ejemplo, en Málaga, además de la candidatura del Partido Socialista al Ayuntamiento, dos candidaturas diferentes, surgidas ambas del desacuerdo en la conformación de un solo Ganemos entre los sectores liderados por IUCA y Podemos, respectivamente, disputarán el espacio político del centro-izquierda. En algunos municipios son más las listas que nacen al calor de estas estrategias. 

El Partido Socialista, uno de los paganos de la ruidos irrupción de Podemos en el juego político, puede sin embargo aprovechar este escenario para restañar heridas y frenar, en parte al menos, la sangría progresiva que ha ido sufriendo desde 2011. Frente al difuminado político, la veterana organización puede hacer valer su visibilidad general mediante un reforzamiento de sus señas de identidad. Un perfil federal que ofrece, desde su proyecto-marco, una misma referencia en cada corporación y trascendiendo a cada una de ellas, algo que va a ser más difícil desde otras siglas. El Partido Socialista se encuentra en la posibilidad de ofrecer, de cara a la conformación de gobiernos locales de progreso tras el 24-M, el armazón de los mismos, en base un proyecto sólido fundamentado en convicciones muy claras en torno a los grandes problemas que afrontarán nuestras corporaciones en el futuro inmediato. Y que podrán ofrecer esa estabilidad desde una tradición municipalista acreditada. 

El fomento de la actividad económica en los municipios, desde mejores instrumentos y con la vista puesta en la creación de empleo; la recuperación de los derechos sociales en el ámbito de competencia local frente a los recortes; una administración moderna y una mejor organización territorial local; el desarrollo de proyectos de ciudad para el bienestar ciudadano y para el conocimiento; construcción de nuevos sistemas impositivos locales adecuados a las anteriores finalidades (especialmente, la de fomentar la actividad emprendedora) y, finalmente, la profundización en más y mejores mecanismos de participación desde la radicalidad democrática, recuperando en este ámbito, tan cercano al ciudadano, la confianza en la política. Todo un programa de progreso que trasciende a las siglas y que puede encontrar, en la visible tradición de unos y en la voluntad de diálogo, sustento para su virtualidad real. 

Los comienzos de la contienda electoral municipal, me temo, no son alentadores con este panorama. Pero queda casi un mes para comprobar la solidez de las ofertas y la predisposición al consenso: es cuestión de anteponer, por fin, la responsabilidad al tacticismo que aquí hemos comentado ya. La necesidad, a la moda pasajera.