Dos prioridades en integración política europea para 2017

Lluis Camprubí

En la anterior columna http://www.debatecallejero.com/y-sin-embargo-la-ue/ desarrollaba extensamente algunos elementos: caracterizar la complejidad de las diversas crisis que recorren la UE; señalar los riesgos de acompañar propuestas de repliegue y mostrar las insuficiencias de ponerse de perfil en el debate europeo; y finalmente resumía el por qué de la necesidad de una profundización de la integración democrática para la UE y la UEM. Quedó en el tintero, sin embargo, concretar un poco por dónde empezar.

Algún amable lector de este espacio me ha recordado la importancia de no abusar del tiempo de los demás lectores. Así que, por una vez, seré breve y conciso.

El reto es claro para los próximos años. Hacer posible disponer de marcos jurisdiccionales con capacidad democrática real y plantear el horizonte de la soberanía europea, dicho sea, la única posible. Es decir, profundizar la integración supranacional y democrática. En un continente cada vez más interdependiente económicamente y con unos poderes financieros globales, el dilema -en palabras de Oriol Costa- no puede ser más claro: o más integración política-democrática o más globalización neoliberal (y caos geopolítico).

La tarea ciertamente es enorme, y a pesar de la urgencia, vistas las barreras, requerirá un desarrollo gradual. Por supuesto, será más fácil con gobiernos estatales pro-europeos preferentemente progresistas. Para operativizar y temporalizar este reto es útil la idea de la integración diferencial (según temática puede requerir diferentes intensidades y diferentes agrupaciones de países). Esto se puede traducir este año en dos aspectos prioritarios ya que hay diferentes factores que pueden permitir abrir oportunidades.

En primer lugar la democratización y capacitación fiscal de la gobernanza de la eurozona. El debate sobre cómo aumentar los recursos propios y la capacidad de transferencias en la zona euro está abierto, también en las instituciones europeas. Así mismo van apareciendo diversas propuestas gradualistas sobre cómo hacer más democrática, transparente y responsiva la actual gobernanza, con empoderamiento de los órganos ejecutivos comunitarios y capacitación parlamentaria específica para la eurozona. En este sentido la Comisión Europea presentará a finales de marzo una propuesta de reforma de la UEM que puede catalizar y agudizar el debate.

Y en segundo lugar el desarrollo de una política europea exterior de seguridad y defensa autónoma y propia. El anunciado interés en la desvinculación de la administración Trump de los espacios multilaterales y el cuestionamiento de la propia OTAN, han hecho emerger en Europa un amplio consenso en la necesidad de reforzarse y dotarse de organismos y espacios propios no subordinados en cuestiones de defensa y seguridad.

Ambas son cuestiones centrales que en los primeros tramos de desarrollo no requieren reforma de los tratados. Todas aquellas personas que con razón se preguntan por dónde empezar a cambiar Europa, aquí tienen un punto de partida.