Dónde estamos

José D. Roselló 

Aprovechando el inicio del curso hoy se repasan algunos de los indicadores más relevantes de la situación económica en España, que se han publicado durante el verano. De esa manera podemos hacernos una idea de dónde nos encontramos a la hora de afrontar la última parte de este año que es, y va a seguir siendo, difícil para la economía nacional.

Empezando por los datos del Producto Interior Bruto, publicados a finales de agosto y referidos a los dos trimestres primeros del año, es decir, hasta junio, podemos decir lo siguiente:

España ha entrado otra vez en recesión, al contabilizarse dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo. El PIB ha experimentado de marzo a junio una caída del 0,4% del PIB. Esta caída se ha instrumentado principalmente en el consumo, que cae casi un punto respecto al trimestre anterior, y en la inversión, que cae un 3%. Dentro de la inversión se agrupan tanto la construcción (residencial y en infraestructuras) como la inversión de las empresas en nuevo equipamiento.  Son demasiados los factores negativos que afectan a estas variables: el aumento del paro, la restricción crediticia, los recortes del gasto público y las expectativas negativas de los agentes que hacen que los hogares no consuman y las empresas no puedan invertir.

La única nota en contrario se observa en la aportación del sector exterior: las exportaciones crecen un 1,6% y esto palía en cierta medida lo negativo de la aportación nacional al crecimiento. No obstante, hay que interpretar estos datos de manera adecuada. Las exportaciones no experimentan un crecimiento especialmente grande, un 1,6% no es un impulso excesivo, teniendo en cuenta que, por ejemplo en algunos trimestres de 2010 e incluso de 2011, dicho crecimiento rebasaba el 3%. La debilidad de la economía europea, nuestro principal mercado exportador, explica en parte este relativamente pequeño crecimiento.

Sin embargo, al caer también las importaciones debido al decrecimiento del consumo y la inversión antes señalado, este hecho opera en la misma dirección que el crecimiento de las exportaciones y contribuye a reducir la caída debida al mal estado de la demanda nacional. Desafortunadamente,  no es que el sector exterior se esté convirtiendo en una fuerza significativa de crecimiento de la economía española, es que como la actividad local está parada, no compramos fuera tanto como lo hacíamos antes.

Cuando se analiza la situación por sectores de actividad, el diagnostico es similar, aunque da otra  perspectiva:

Hay decrecimiento en todos los sectores de actividad. Especialmente negativo es el dato del sector Servicios, el de mayor volumen y muy intensivo en empleo, que decrece un 0,2%. La industria cae un 0,3%, aunque ha habido caídas más acusadas en los años anteriores; por su parte, la construcción continúa con su ajuste, aunque con volúmenes de descenso más bajos. Su actividad decrece un 2,5% respecto al primer trimestre, pero queda lejos de lo que caía a principios, por ejemplo, del año 2010, cuando lo hacía a ritmos superiores al 5%.

No son buenas las perspectivas para la segunda mitad del año. Como se anticipaba anteriormente, el tono internacional no permite esperar grandes alegrías en términos de demanda externa; por mucho que los datos de turismo parezcan anticipar un buen agosto, simplemente no pueden contrarrestar el resto de factores negativos. Aunque ello contribuiría a una mejora relativa del sector Servicios, este engloba muchas actividades que, parece, no van a tener un tono mejor.

Será en la segunda parte del año cuando se hagan notar los efectos del recorte del gasto y el incremento impositivo aprobado antes del verano. Van a percibirse efectos negativos en el consumo y la inversión que previsiblemente hagan que, en términos de crecimiento, la segunda parte del año sea algo peor que  la primera.

Pasando a la evolución del empleo, los últimos datos publicados provienen del paro registrado perteneciente a agosto.

Las reducciones experimentadas desde marzo en el paro registrado, se debían principalmente a factores estacionales. Como ya se ha señalado en ocasiones anteriores, en España el desempleo se reduce en los meses de luz y calor (de febrero-marzo a julio-agosto) y crece en los de días cortos y frio (agosto-septiembre enero-febrero). Actualmente se contabilizan más de 4,6 millones de desempleados, en su mayor parte provenientes del sector Servicios (2,75).  La construcción aporta 0,7 millones, seguida de la industria, con 0,5.  El siguiente colectivo en importancia, con cerca de 0,4 millones de desempleados lo constituyen aquellos sin empleo anterior, formado no solo por los demandantes de su primer trabajo, sino también por los parados de larga duración; por último, el sector agrario, ganadero y pesquero aporta 0,16 millones de desempleados.

Solo el peso de los factores estacionales va a hacer que estas cifras empeoren hasta final de año; si a esto le sumamos el efecto del bajo crecimiento europeo, más la contracción esperada debido a   los recortes del gasto, las perspectivas son, desgraciadamente, bastante negativas.

En cuanto a otras variables de coyuntura relevantes, pero en cuyos valores se encuentra la causa de la articulación de gran parte de las medidas contractivas adoptadas por el gobierno, cabe reportar lo siguiente:

La prima por riesgo a día cinco de septiembre se encuentra en 460 puntos básicos respecto al bono alemán del mismo período. Agosto ha ofrecido cierta tregua respecto a los valores superiores a 500 experimentados en julio.  Hay, no obstante, una enrome incertidumbre respecto a la evolución de dicha variable, ya que esta es un reflejo de lo que pasa en los mercados financieros, que luego se intenta explicar mediante la evolución de las variables reales de la economía o de las decisiones de los Gobiernos. Estos niveles presentes no son sostenibles a largo plazo, en eso coinciden todos los expertos, pero no por los mercados, sino por el coste que acarrean a las financias públicas españolas. Mucho tiempo con estos valores o con subidas de esta variable aumenta la probabilidad de rescate.

En cuanto a la evolución del déficit público, el objetivo para este año es el 6,3%. Con los datos de junio se estaba aproximadamente alineado con este objetivo; sin embargo, la segunda parte del año es más pródiga en gastos que en ingresos. Hay dudas de que se pueda llegar a este objetivo, de nuevo por la evolución de los factores reales, crecimiento y empleo. No obstante estas incertidumbres persisten, por lo que no está tan claro lo que va a pasar finalmente.

Por tanto, el cuadro es más bien feo. Buena reincorporación septembrina