¿Dónde estabas tú en 1994?

Julio Embid

Esta mañana se me ha ocurrido preguntarle a uno de mis viejos amigos, qué hacíamos en 1994, dónde estábamos y que comíamos. En aquel entonces el tema que más lo petaba en la radio era Sleeping in my car de Roxette. Acababa de fallecer un jovencísimo Kurt Cobain dejando huérfanos a los hijos del grunge. El gran Ayrton Senna se mataba contra una pared en el circuito de Ímola (San Marino) a bordo de su Williams en una carrera de Fórmula 1.

En aquel entonces a mí y a mis amigos nos daba bastante igual todo eso, porque andábamos pendientes de quien podía más: si Hulk Hogan o el Último Guerrero.

 Yo me pegaba las tardes jugando con Jack Serpiente (el tercero por abajo) que podía lanzar puñetazos echando su brazo derecho para atrás, o con el Último Guerrero (el último de la fila de arriba), que saltaba si le apretabas en la chepa. Vale, ahora os suena ridículo, pero con diez años era la pera.

En el cine arrasaba Parque Jurásico y todos los críos sabíamos diferenciar un triceratops, de un tiranosaurio o un velocirraptor (los dinosaurios más cabrones de todos), por las huellas que dejaban. Cuando salíamos de clase a las 17, íbamos corriendo a casa a la carrera, para ver en La 2 a los Caballeros del Zodiaco atizarse de lo lindo (¡Dame tu fuerza Pegaso!) mientras nos comíamos nuestro bocata de chorizo o chóped con su manzana correspondiente. Y de mucho en mucho, no siempre que se te picaban los dientes, un bollycao o un phoskito.

 

A nivel internacional, en África, tenía lugar uno de los horrores mayores de la historia de la humanidad, el Genocidio de Ruanda. Murieron cientos de miles de ruandeses a machetazos, por sus propios vecinos, porque en su documento de identidad ponía la palabra inadecuada. En España, un paisano mío, Luis Roldán, huía con un montón de dinero, como si fuera un caco de dibujos animados, si bien, en su caso, él era el director general de la Guardia Civil. El mundo al revés.

Todo esto viene a cuento porque este fin de semana tiene lugar el 41º Congreso Confederal de la Unión General de los Trabajadores (UGT), el sindicato del que formo parte desde hace unos cuantos años. No muchos porque a pesar de mis ojeras crónicas y mis canas prematuras aún no he cumplido la treintena. Tan sólo ocho años, que para mí no son muchos, pero para mi primo en el Sindicato de Estudiantes, es literalmente media vida. Sin embargo, desde aquel 1994 al que me refería antes, Cándido Méndez es el Secretario General Confederal de mi sindicato.

Cándido Méndez ha sido el mejor líder que hemos podido tener los afiliados de UGT. Afable, trabajador, honrado y buena gente. Pero hoy, si pudiera preguntarle le diría: -Después de darlo todo, ¿no crees que se debería dejar paso a otra persona?