Dónde está la pelea

Aitor Riveiro

Salvo sorpresa de última hora, el Partido Popular gobernará Extremadura por primera vez desde su nacimiento como Comunidad Autónoma tras ganar las elecciones del pasado 22 de mayo. Solo podría impedirlo un pacto entre el PSOE y la coalición IU-V-SIEX. El caso de Extremadura no es el único: hasta medio centenar de ayuntamientos serán gobernados por el PP ante la falta de acuerdo entre fuerzas supuestamente complementarias. Lo que parecía tarea sencilla la noche de los comicios se ha convertido en un imposible que muestra, una vez más, cuáles son las carencias de la partitocracia en la que se ha convertido nuestro sistema democrático.

Para el PSOE la cuestión es bien sencilla y desde que se atisbaron los primeros problemas tras el 22-M sus militantes y dirigentes viven en la permanente indignación. Izquierda Unida debe, en su opinión, darle el Gobierno al PSOE allá donde puedan arrebatárselo al PP. En cualquier circunstancia. Sin pensar. Solo por quitárselo al supuesto enemigo común.

Este reduccionismo absurdo no solo orilla un debate real sobre el programa a ejecutar durante los próximos cuatro años, sino que reduce la política a una mera competencia de números. Sin embargo, IU ha logrado sus votos con un programa electoral y una serie de promesas que debe tratar de llevar a cabo. Una de ellas, por ejemplo, paralizar la construcción de una refinería de petróleo en Extremadura, uno de los proyectos estrella del anterior Gobierno del PSOE.

Pero es que además en el PSOE solo se acuerdan de IU a la hora de sellar pactos poselectorales. Nunca antes, cuando hay que tomar decisiones o buscar apoyos. Entonces siempre es más fácil acudir a PNV o CiU, abiertos a pactar lo que sea con tal de ganar competencias para sus autonomías o titulares de cara al reparto de poder. Permitir o favorecer una investidura no garantiza un programa.

Finalmente, IU ha tratado de modificar las leyes electorales en muchos de los lugares donde ahora su voto es necesario para impedir un gobierno del PP. Si el PSOE de Extremadura no hubiera vivido en la inopia y se hubiera percatado de que cuanto más justo sea el sistema más fácil lo va a tener la izquierda para gobernar habría rebajado el mínimo del 5% de votos necesarios por circunscripción para entrar en la Asamblea. Y otro gallo cantaría. Lo mismo se puede decir de Castilla-La Mancha donde el PSOE modificó la ley electoral por su cuenta: en lugar de facilitar la entrada de más partidos en el Parlamento regional ha dejado el Ejecutivo castellanomanchego en manos de María Dolores de Cospedal: 1.300 votos en Guadalajara hubieran dado el Gobierno a Barreda; reducir del 5% al 3% la barrera de entrada hubiera supuesto un varapalo para la secretaria general del PP con una entrada masiva de IU en la Asamblea.

La pataleta de IU es, entonces, comprensible. ¿Pero debe actuar así un partido político? No. Nunca. La coalición debe ser consciente de su realidad y del papel que la sociedad le ha dado, además de tener muy en cuenta la situación de España y la cercanía de unas elecciones generales que pueden suponer un poder hegemónico para el PP como nunca antes ha tenido un partido. No debe pesar en la balanza de IU la posibilidad de un ‘sorpasso’ que, en cualquier caso, estaría supeditado a una mayoría absoluta de Rajoy justo cuando los indicadores anuncian que comenzará la recuperación económica: a partir de 2012.

Y desde la dirección federal de la coalición se apunta en este sentido, al contrario que en otras ocasiones. Son muy conscientes en la calle Olimpo de que en las próximas elecciones generales aparecerá un nuevo actor sobre el escenario que puede reventar las expectativas (o quedarse en nada, lógicamente). Equo ya ha vendido que quiere buscar el espacio “entre el PSOE e IU”, cuenta con el apoyo de figuras emergentes de la política nacional como Mónica Oltra y tiene pensado presentarse en toda España, lo que podrá significar una merma de votos generalizada en otros partidos aún cuando no alcancen representación en todas las circunscripciones.

Por eso Cayo Lara aboga por el posibilismo y ha pedido no permitir gobiernos del PP. Por eso Gaspar Llamazares ha llamado a crear un polo alrededor de IU que aúne las tradiciones eurocomunista, ecopacifista y feminista.

Sin embargo, tanto PSOE como IU obvian una realidad: el pasado 22-M un 30% de la población no acudió a las urnas y otro 5% decidió votar en blanco o nulo. Hubo también mucho voto dirigido a partidos sin opción alguna de lograr representación. Casi la mitad de los llamados a votar decidieron no hacerlo a un partido político con capacidad de gobernar directa o indirectamente.

Y miles de personas en toda España claman por un cambio en la forma de hacer las cosas, por regenerar la democracia. Piden que se hagan las cosas que se prometen en campaña.

La pelea no está en unos pocos votos que bailen de unos a otros. Ni en mandar en 50 ayuntamientos más o menos pequeños. La pelea está en la calle y la van a ganar otros.