Dominus Vobiscum

Verlitas

(La acción se desarrolla en el despacho artesonado del Cardenal Primate de España, sito en el palacio de la Curia. El marqués consorte de la Ribera del Duero y el Cardenal Primate platican.)

CARDENAL.- …y a todo esto lo único evidente es que España no sólo se ha roto, sino que ha dejado de ser reserva espiritual de Occidente. (Transición.) Por cierto, ¿qué le apetece tomar? Tengo un vino de misa de la Bodega de Muller que es pura ambrosia, placer de ángeles…
MARQUÉS.- Pues ya que nos encontramos en el palacio curial y es placer de ángeles, no le haré el desaire.
CARDENAL.- Aunque también tengo un coñac Remy Martin que es bocato di cardinale.
MARQUÉS.- Siendo que estamos en lugar sagrado y es bocato di cardinale, y además usted es cardenal, no tardaré en llegar el momento para rendirle los honores que se merece.


CARDENAL.- Sé que a usted le va el Ribera del Duero, pero dado que usted es señor marqués consorte de la Ribera del Duero, me parece redundante invitarlo a un Ribera del Duero. Sería como si un amigo de Sueca va a Madrid y lo invitas a paella valenciana.

MARQUÉS.- Y la paella la haces con arroz de Sueca. (Riéndose su propio chiste. El Cardenal Primate le acompaña en la risa.) Y después dicen que no tengo gracia… Es que soy la mar de simpático. Un día le conté a Bush un chiste y aún se está riendo.
CARDENAL.- Ah, ¿sí?
MARQUÉS.- ¿Quiere que se lo cuente?
CARDENAL.- La tarde es larga y nuestra. Primero mojémosla, que luego habrá tiempo de chistes.
(El monseñor sirve las copas y beben: el Cardenal Primate, Remy Martín; el Marqués consorte de la Ribera del Duero, vino de misa de la Bodega De Muller. A lo largo de la conversa los personajes  no paran de beber y acaban totalmente borrachos.)

MARQUÉS.- (Tras beber, paladeando.) Efectivamente, placer de ángeles. A lo que hay que añadir el placer de beber a tus anchas, sin que nadie te lo prohíba.
CARDENAL.- Por lo que a mí atañe, barra libre.
MARQUÉS.- El Anticristo nos está restringiendo las libertades. No podemos beber, no podemos fumar, no podemos correr con el coche, no podemos conducir  borrachos… Cuando voy por la carretera y veo el cartel de no podemos conducir por tí es que me pongo de una leche…, ¿quien le pidió a la Dirección General de Tráfico que conduzca por mí? Ni en la Rusia soviética. Pues verá, monseñor Cardenal Primate.
CARDENAL.- Dígame, señor marqués consorte de la Ribera del Duero.
MARQUÉS.- La razón fundamental de que me haya desplazado a palacio para honrarme con la hospitalidad de su eminencia reverendísima no es otra que la de hacerle una proposición indecente.
CARDENAL.- Por Dios, tengo votos de castidad.
MARQUÉS.- No, no van por ahí los tiros. Digamos, pues, que quiero proponerle un negocio en comandita.
CARDENAL.- Huy, yo de negocios, cero. Me considero solamente un modesto pastor de almas.
MARQUÉS.- (Dando saltos de alegría, como sifuera una rana.) ¡Le pillé! ¿Pastor de almas?, tate, ahí quería verle yo. Usted sabe que el Anticristo está dispuesto a imponernos por decreto ley la Educación para la Ciudadania, ¿y qué asignatura es ésa? ¿Quiere que se lo diga…, quiere? (Le da un trago al de Muller). Pues se lo diré y agárrese que hay curvas. Es el catecismo del buen socialista.
CARDENAL.- Imposible, no hay socialista bueno. ¿Usted conoce alguno?
MARQUÉS.- Conozco a Rosa Díez, Gotzone Mora, Maite Pagazartúa, Nicolás Redondo, Enrique Mújica…
CARDENAL.- Tan pocos que las excepciones sólo hacen justificar la regla.
MARQUÉS.- (No podiendo aguantar la risa revienta una carcajada.) Qué bueno (Agarra su copa.), no hay socialista bueno. (Va a chocar su copa contra la del monseñor, pero al pretenderlo la estrella contra la cara, y el marqués, por la inercia, va detrás. Los dos ruedan por el suelo.)
CARDENAL.- (Cabreado.) Compórtense, hombre.
MARQUÉS.- ¿Rompí algo?
CARDENAL.- De momento, la copa. Pero casi me rope la crisma. Menos mal que no gasto gafas.
MARQUÉS.- Perdone, ilustrísima reverendísima, y sigamos con el catecismo del perfecto hijoputa socialista.
CARDENAL.- Adelante.
MARQUÉS.- El negocio que le ofrezco es contraprogramar el catecismo del jodido socialista con el catecismo del padre Astete.
CARDENAL.- Yo preferiría al padre Ripalda.
MARQUÉS.- No me es óbice. También me lo sé de memoria.
CARDENAL.- No me lo puedo creer.
MARQUÉS.- Pues creáselo.
CARDENAL.- Le voy a hacer un examen, si me acepta el reto.
MARQUÉS.- Acepto.
CARDENAL.- (Mientras de un armario coge un libro.) El padre Ripalda contiene una interesante aportación social muy en la línea programática del PP. (Por el libro.) Ésta es una edición del catecismo del Padre Ripalda de 1953. (Va abriendo páginas al azar y, leyendo, pregunta al marqués.) ¿Qué me dice usted del darvinismo?
MARQUÉS.- Que es un sistema ridículo y absurdo.
CARDENAL.- ¿Por qué?
MARQUÉS.- Porque entre el hombre inteligente y libre y un estúpido mono es ridículo y absurdo establecer parentesco.
CARDENAL.- (Sin leer.) Aquí quiero hacer una observación. Precisamente anteayer el Anticristo Zetapé nombró ministro de Sanidad al darvinista Bernat Soria, propulsor de las células madre embrionarias. Le dicen laureado científico pero sólo es un deleznable apóstata, un ateo henchido de soberbia.
MARQUÉS.- El Anticristo no cesa en su empeño de poner palos en las ruedas del catolicismo hispánico.
CARDENAL.- Con el tal Bernat Soria y sus jueguecitos de probeta el darvinismo llegara a extremos insólitos, a la máxima depravación moral. El mono acabará descendiendo del hombre. (Leyendo en el catecismo Ripalda) ¿Qué me dice usted del socialismo?
MARQUÉS.- Que es un sistema absurdo y, sobre todo, injusto.
CARDENAL.- ¿Por qué?
MARQUÉS.- Porque viola la propiedad privada, que es sagrada, y dispone injustamente de lo que no es suyo.
CARDENAL.- ¿En qué consiste el sindicalismo?
MARQUÉS.- En la unión de las clases obreras para destruir la sociedad, repartir la propiedad privada y defender sus pretendidos derechos.
CARDENAL.- ¿Por qué es brutal y pernicioso el sindicalismo?
MARQUÉS.- Porque no respeta la moral ni el derecho y por medio de la revolución intenta la ruina de la sociedad y el reparto universl de las riquezas.
CARDENAL.- ¿Qué es la masonería?
MARQUÉS.- Una sociedad perversa que, con aparentes fines humanitarios, maquina en sus antros misteriosos la ruina de la sociedad y de la Iglesia.
CARDENAL.- ¿Qué medios usa para alcanzar fines tan perversos?
MARQUÉS.- El crimen, la hipocresía y el misterio.
CARDENAL.- ¿Qué pecado cometen los que pertenecen a la masonería?
MARQUÉS.- Pecado gravísimo, incurriendo además en la excomunión de la Iglesia.
CARDENAL.- ¿Debe ser laico el Estado?
MARQUÉS.- Antes de responder al padre Ripalda permítame que le informe de algo que usted seguramente ignora. Zetapé es masón.
CARDENAL.- ¿Lo sabe o lo sospecha?
MARQUÉS.- Lo sé de buena tinta. Los historiadores más solventes me lo han confirmado y demostrado por activa y por pasiva, me refiero a don Ricardo de la Cierva, don Pío Moa y don César Vidal. Incluso a don Federico Jiménez Losantos se lo he escuchado.
CARDENAL.- Pues si lo dijo  don Federico eso va a misa, que no en balde trabaja en la Cope.
MARQUÉS.- Pues creo que don Federico es de los que no va a la misa ¿eh? Presume de ateo.
CARDENAL.-  (Enérgico.) ¡En la Cope no hay ateos! Y si alguno hubiere, va a misa, se lo aseguro. Trabajar en la Cope ya es en sí un acto piadoso, del que don Federico da fe todas las mañanas… Dos horas en la COPE valen por la misa dominical. Tendré que poner a la puerta una pila bautismal, para que la feligresía santigüe al entrar y al salir.
MARQUÉS.- De momento ya da una pista el letrero del hall que reza: “La verdad nos hará libres”.
CARDENAL.- No se fíe. (Bajando la voz.) Entre usted y yo, que como le digo una cosa le digo la otra. La verdad nos hace libres… cuando nos conviene. Pero la mentira nos está  haciendo ricos. (Risas. Volviendo al catecismo, lee.) ¿Debe ser laico el Estado?
MARQUÉS.- De ninguna manera: antes al contrario, debe profesar la religión católica, que es la única verdadera.
CARDENAL.- ¿En qué se funda la superioridad de la Iglesia sobre el Estado?
MARQUÉS.- En su fin nobilísimo que es la salvación eterna de los hombres, muy superior a todos los fines temporales que son propios del Estado.
CARDENAL.- (Sin leer.) O sea, todo lo contrario de lo que propugna el Anticristo. Lo tendremos en cuenta. Arrieros somos.
MARQUÉS.- Y todo afín a lo que el PP propugna.
CARDENAL.- (Volviendo al catecismo, lee.) ¿Es cierto que el hombre puede elegir la religión que más le agrade?
MARQUÉS.- No, pues sólo debe profesar la católica, apostólica, romana, que es la única verdadera.
CARDENAL.- ¿Qué entendemos aquí por escuela laica?
MARQUÉS.- Todo centro de enseñanza donde se prescinde de Dios y de a religión y sólo se atiende a la formación científica y profana.
CARDENAL.- ¿Por qué son perniciosas dichas escuelas?
MARQUÉS.- Porque prescinden en la educación de los deberes religiosos, dejan incompleta la formación científica y la educación moral sin fundamento.
CARDENAL.- (Cierra el libro y, emocionado, besa al marqués en la frente.) Me parecía imposible, pero se lo sabe de corrido. Es usted un superdotado, un ser sobrenatural.
MARQUÉS.- Y el Anticristo, un hijoputa con suerte. (Dando un puñetazo sobre la mesa). Afortunadamente para él se ha extinguido el fuego sagrado de la Inquisición.
CARDENAL.- El Anticristo está en la alianza de civilizaciones y nosotros en la santa alianza de la derecha católica y española.
MARQUÉS.- Genial. (Aplaude. Le besa la tonsura a monseñor.) Noto con orgullo que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa (Contentísimo, se arrodilla y besa la mano de monseñor.)
CARDENAL.- (Impresionado, no sabiendo cómo reaccionar, corresponde arrodillándose para besar la mano del marqués.) No sólo nos une el padre Ripalda, también el Remy Martín (El marqués alza su copa en busca de la del cardenal, que también la alza, y, habiéndolas chocado, ambos beben unísonos. Enérgico). Hagamos del catecismo del Padre Ripalda nuestra biblia, nuestra Constitución….

MARQUÉS.- (Con el catecismo en la mano.) En este libro, pequeño de tamaño pero infinito de contenido y sabio de doctrina se encierra el cuaderno de ruta de nuestro PP. Nuestro programa electoral.(Se chocan las copas y beben)

 MARQUÉS.- ¡Abajo la España laica!
CARDENAL.- ¡Abajo! ¡Viva el padre Ripalda!
MARQUÉS.- ¡Viva!
CARDENAL.- ¡Váyase, señor Ródriguez!
MARQUÉS.- ¡Váyase con su abuelo!
(Brindan y beben.)MARQUÉS.- Quisiera aprovechar el encuentro para reiterarle mi gratitud por haberse dignado bendecir el santo sacramento matrimonial de mi hija.
CARDENAL.- Por Dios, ha sido un honor.
MARQUÉS.- Le diré más. Desde que vuestra eminencia reverendísima bendijo su cristiano matrimonio los negocios de mi yerno marchan divinamente.
CARDENAL.- Y a pesar de la historia del rico y el camello que no cabe por el ojo de la aguja. A veces Dios escribe derecho con renglones torcidos. Cuando yo era humilde párroco en una ciudad del Norte recuerdo a una mujer del arroyo, una vulgar prostituta, que todos los días iba a misa y un día le pregunté si era una promesa. “No, padre. Es que los días que le vengo a la misa, follo más”, me contestó. Los designios de la divina Providencia son realmente inescrutables.
MARQUÉS.- Se conoce que vuestra eminencia reverendísima tiene mano en las alturas.
CARDENAL.- ¿Yo? Pobrecito de mí…
MARQUÉS.- ¿Usted… pobrecito? Usted…, es una estrella mediática… ¿pobrecito usted?, usted es gran juglar del gregoriano, cálido verbo de orador sacro, martillo de herejes, luz de Trento…
CARDENAL.- Retire lo de Trento, no soy tan viejo. Después viene la progresía y me llama carca.
MARQUÉS.- Déjelos que ladren su rencor por las esquinas. Y, para colmo de virtudes, usted está dotado de una memoria de elefante.
CARDENAL.- ¿Por qué dice memoria de elefante?
MARQUÉS.- Por los mártires de la Cruzada que está beatificando. No se le pasa ni uno ¿eh? Eso sí que es memoria histórica, pero de la que une, no la del Anticristo, que sólo pretende enfrentar a los españoles. (Pausa, un trago.) Ahí quería llegar, a los mártires de la Cruzada. Tengo un encargo de Bush que sin duda le hará ilusión. ¿Usted conoce a Bush?
CARDENAL.- Me suena.
MARQUÉS.- George Bush is my friend… is my friend.
CARDENAL.- (Cabreado.) Hábleme en plata o le contesto en latín.
MARQUÉS.- Quiero decir que es mi amigo íntimo. Aquí tengo una foto. (Saca del billetero una foto y se la muestra.) Es el del medio, presidente de los Estados Unidos.
CARDENAL.- Ah, sí…, la valiente foto del trío de las Azores que dio la vuelta al mundo.
MARQUÉS.- La misma. ¿Y la de los pies sobre la mesa? (Bebe.) ¿Conoce la foto de los pies en la mesa?
CARDENAL.- Ahora no caigo.
MARQUÉS.- (Saca del billetero otra foto y se la muestra.) Mire, éste soy yo, ¿y ésta…, a ver si sabe quién es éste?
CARDENAL.- ¿El presidente Bush?
MARQUÉS.- Exacto.
CARDENAL.- Pues lo dije al azar.
MARQUÉS.- Pues ha acertado, ¿eh? Aquí nos tiene a los dos juntos con los pies sobre la misma mesa. No creo que haya muchos en el mundo que pongan los pies sobre la  mesa de Bush.
CARDENAL.- Ninguno.
MARQUÉS.- ¿A usted le gustaría poner los pies en la misma mesa de Bush?
CARDENAL.- Hombre, y a quién le amarga un dulce.
MARQUÉS.- Cuente con el dulce. Cuando usted guste nos vamos a pasar un fin de semana al rancho de Bush. Nos manda su jet privado, nos recoje, a bordo con barra libre y verá cómo su eminencia reverendísima pone los pies sobre una mesa con él.
CARDENAL.- No puedo imaginármelo.
CARDENAL.- Pues imagíneselo. Mi amigo Bush está pasando un momento malo, con la opinión pública en contra…, por la Cruzada de Irak, le vendría muy bien que en la próxima tanda de los mártires de la Cruzada Española que usted manda a Roma para la canonización cuele a una docena de soldados norteamericanos que fallecieron en Irak. Así Bush tendría sus mártires de la Cruzada contra el islamismo y callaría muchas bocas.
CARDENAL.- Se puede estudiar el caso. Pero en asunto de canonizaciones Roma tiene la última palabra.
MARQUÉS.- Bah, el Papa firma sin mirar todo lo que usted le ponga delante.
CARDENAL.- Se intentará.
MARQUÉS.- Después de todo, la pacificación de Irak no ha dejado de ser una santa Cruzada contra el islamista infiel. Su eminencia reverendísima lo tiene fácil, a poco que insista.
CARDENAL.- Haré lo que esté en mis manos.
MARQUÉS.- Muchas gracias. España ha dejado de ser católica. El Anticristo es culpable. Hay que volver al rosario en familia. Y a los primeros viernes de mes. Y a la entronización del sagrado corazón de jesús. Y a la escuela católica. Y a las misiones cuaresmales. En esos objetivos está empeñado mi partido. Pero para lograrlos nos es imprescindible la mayoría absoluta.
CARDENAL.- Cuente con mi colaboración total, Todos los púlpitos de España, menos el de San Carlos Borromeo, que son unos rojos de la cuerda del Anticristo, todos, he dicho, considérelos al servicio de tan noble causa.
MARQUÉS.- (Al oído de monseñor, bajando la voz.) ¿Sabe que Gallardón tiene fama de adúltero?
CARDENAL.- Yo sólo sé que se querelló con la Cope. Las pagará bien pagadas.
MARQUÉS.- (Al oído de monseñor.) Y Rato es un concubino.
CARDENAL.- No me diga.
MARQUÉS.- Como lo oye, y se opuso a la santa cruzada de Irak. A esos dos, ni agua.
CARDENAL.- Pierda cuidado. Sus deseos son órdenes.
MARQUÉS.- (Saca del portafolios un papel y le ofrece un bolígrafo.) Firme aquí. (Monseñor firma.) Desde ahora ya pertenece al PP.
CARDENAL.- Lo siento, el cardenal Primate no debe, por decencia, militar en un partido. Soy pastor de almas de todos, incluido el Anticristo.
MARQUÉS.- El Anticristo no tiene alma.
CARDENAL.- Pero tiene la subvención de los colegios privados. Un Cardenal Primate de España no sólo ha de ser ecuánime, ha de parecerlo.
MARQUÉS.- Ya está, su eminencia reverendísima no es militante del PP, es preceptor espiritual de la derecha paralamentaria.
CARDENAL.- Eso me gusta más. ¿Y puede saberse cuál es la misión de un preceptor espiritual del PP, querido marqués? El cargo de preceptor espiritual no acabo de verle la función…, vamos, el contenido.
MARQUÉS.- No se preocupe. Primero creemos el cargo y ya lo llenaremos de contenido. Recuerde que el órgano crea la función.
CARDENAL.- Yo tenía entendido que es la función quien crea el órgano. Las jirafas tienen el cuello largo por lo mucho que se han estirado para comer las hojas tiernas de los árboles altos. Una prueba de que la función cre el órgano.
MARQUÉS.- ¿Y si los árboles fueran altos de tanto haberse estirado para huir de las jirafas?
CARDENAL.- Igual. La función también aquí crea el órgano.
MARQUÉS.- En cualquier caso, inventemos el órgano que ya la función vendrá por su propio pie.
CARDENAL.- Eso, como si fuéramos del gobierno: primero creamos el puesto y después ponemos de funcionario a un cuñado.
MARQUÉS.- O a Gotzone Mora, que ya es de los nuestros, no sabíamos qué hacer con ella. Creamos un puesto en la Generalitat Valenciana, y allí la tenemos, con mando en plaza.
CARDENAL.- Una gran mujer, colabora en la Cope.
MARQUÉS.- Podemos beatificarla también.
CARDENAL.- Hombre, no es mártir.
MARQUÉS.- ¿Le parece poco martitio aguantar, como socialista, tantos años al Anticristo?
CARDENAL.- A ver qué se puede hacer. Colaborar en la Cope ayuda.
MARQUÉS.- A propósito de Valencia, leí que está en proyecto la parroquia santualrio de los Beatos Mártires Valencianos.
CARDENAL.- Sí. El templo de los Beatos Mártires Valencianos que pretende honrar la memoria de los asesinados durante la Cruzada por el odio a la fe, es una obra propulsada por el infatigable arzobispo de Valencia,  Agustín García-Gasco, amigo entrañable.
MARQUÉS.- Mis amigos de Quintanilla de Onésimo me han hecho un encargo para que se lo transmita a vuecencia. Y es que visto el templo de los Beatos Mártires Valencianos, aunque sólo sea en proyecto, exigen algo semejante para Quintanilla de Onésimo, patria chica del dirigente nacionalsindicalista Onésimo Redondo, uno de los fundadores de las JONS, fue asesinado por las hordas marxistas el 24 de julio de 1936, o sea, es un mártir de la Cruzada. Exigen para su pueblo una iglesia bajo la advocación del mártir Onésimo Redondo.
CARDENAL.- No descarto la idea. La estimo factible.
(El marqués vuelve a saltar de alegría, como si fuera el pandereta de la
tuna, bebe y besa la frente de monseñor. ¿Loco? No, ebrio.)
MARQUÉS.- Supongo que la construcción de la iglesia llevará unido la canonozación de don Onésimo que en paz descanse.
CARDENAL.- Eso es conditio sine qua non. No existe ninguna iglesia dedicada a don Fulanito de Tal, sino a San Fulanito de Tal.
MARQUÉS.- Como si dijéramos: Iglesia catedral de san Onésimo Redondo.
CARDENAL.- Exactamente, si elimina la palabra catedral.
MARQUÉS.- ¿Quiere que le cuente el chiste de Bush
CARDENAL.- (Retrocediendo con la cabeza al escuchar la palabra Bush.) Y deje en paz a Bush, que cada vez que lo nombra me escupe y no tengo paraguas.
MARQUÉS.- Es que hay que pronunciarlo con perfecta fonética de la escuela de la universidad de Georgetown, con la hache final como si fuera un estornudo.
CARDENAL.- ¡Pues estornude para otro lado o ponga la mano delante de la boca! Y que no tenga necesidad de repetírselo. Amigos, sí, pero algo de educación nunca sobra.
MARQUÉS.- Usía me dispense.
CARDENAL.- Dispensado. Ustedes gobiernan en Valencia con mayoría absoluta, y lo están haciendo muy bien, sobre todo el urbanimo. Pero he de hacerle un reproche: las playas están colmadas de bañistas in púribus.
MARQUÉS.- También las bañistas in púribus son hijas de Dios. Y algunas incluso militantes del PP. Está feo que yo lo diga, pero hay hembras del PP como para mojar pan.
CARDENAL.- No lo niego, pero la promiscuidad… me parece un algo perniciosa. Al final de la Cruzada ya sabe que en las playas había separación de sexos, los hombres a un lado y las mujeres al otro. Unidos podremos imponer esa bella tradición hispánica.
MARQUÉS.- Totalmente de acuerdo. No me gustaría un pelo que el Anticristo viera a mi señora en bolas.
CARDENAL.- Pues su señora está un rato buena, según mi poca experta opinión.
MARQUÉS.- Más a mi favor.
CARDENAL.- Sólo faltaba que el Anticristo se hiciera una pajita a cuenta de su señora.
MARQUÉS.- (Furioso.) ¡Es usted un mamarracho!
(El marqués de la Ribera del Duero se encara con el Cardenal Primate, lo agarra por el cuello de la sotana, se enzarzan como en un combate de lucha libre, se cruzan algún mamporro y dan con sus huesos en el suelo. Se incorporan no sin dificultad y para no caerse se apoyan en dos paredes, una frente a  otra).CARDENAL.- Perdone lo de su señora.
CARDENAL.- Perdonado y a la recíproca: le he llamado mamarracho, estoy avergonzado.
CARDENAL.- El único mamarracho es el Anticristo, que llenó España de libertinaje y promiscuidad. (Transición.) La ley de paridad del Anticristo, ¡a la mierda! ¡Contra la paridad, disparidad! En lo que a mi respecta, empezaré dando ejemplo. En las iglesias, los hombres a un lado, las mujeres en el otro.
MARQUÉS.- El Anticristo llevó la paridad incluso a las procesiones de Semana Santa. Debajo del paso, con el pretexto de cargar con él, hombres y mujeres, comparten la oscuridad y, a mayores, todos encapuchados. Debajo de un santo Cristo, una follandería. Esto nunca había sucedido antes de que el Anticristo llegara a la Moncloa.
CARDENAL.- Actuemos, contra la paridad, disparidad.
MARQUÉS.-  Obras son amores. En mi partido, crearemos dos sectores. Uno sólo de mujeres y otro sólo de hombres.
CARDENAL.- Me ofrezco para asesorar espiritualmente al sector mujeres.
MARQUÉS.- Usted asesora el sector hombres.
CARDENAL.- ¿Y por qué no el sector mujeres?
MARQUÉS.- Porque el sector mujeres lo asesoro yo.
CARDENAL .- ¿Y por qué no asesora el sector hombres?
MARQUÉS.- Porque soy el marqués consorte de Ribera del Duero.
CARDENAL .- No te fastidia, y yo soy el Cardenal Primate.
MARQUÉS.- En los seminarios no hay mujeres.
CARDENAL .- Ser Cardenal Primate no significa ser maricón.
MARQUÉS.- Pero significa ser casto.
CARDENAL .- No me toque los cojones.
MARQUÉS.-  No me falte, Tengo despacho con Bush.
CARDENAL .- ¡Le he dicho que no me escupa! Y yo tengo hilo directo con el Papa.
MARQUÉS.- Bueno, bueno, vamos a llevarnos bien. Lo mejor será echarlo a pares o nones, ¿le parece?
CARDENAL .- Nihil obstat.
MARQUÉS.- No me hable en alemán que yo le hablo en inglés. ¿Pares o nones?
CARDENAL .- Pares.
MARQUÉS.- (Tras sumar los dedos.) Pares.
CARDENAL .-  Jódase.
MARQUÉS.- No me falte, monseñor, que hablo con mi amigo Bush y le meto un puro.
CARDENAL .- Y yo lo excomulgo a divinis.
MARQUÉS.- Le he dicho que no hable en alemán.
CARDENAL .- Pues no amenace con meterme un puro.
MARQUÉS.- Retiro lo del puro.
CARDENAL .- Retiro la excomunión a divinis.
(En señal de reconciliación el cardenal y el marqués echan una carrerita para chocarse las manos, como los jugadores del baloncesto para darse ánimos o celebrar un éxito. Como fuera el caso de que por beodos ven doble o ven poco, se lanzan el uno contra el otro pero en lugar de chocarse las manos se chocan las frentes y se precipitan al suelo. El Señor los acoja en su seno y tanta gloria alcancen como paz nos dejan en la tierra.)ITE, MISSA EST     

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