Divina genética

Dagfinn

Una noche del reciente verano, me encontré escuchando una conversación cuanto menos curiosa. La charla, animada, versaba sobre las implicaciones que tiene todo lo genético en el comportamiento humano, tanto en su desarrollo normal como psicopatológico. Uno de los participantes argumentaba que todo está programado genéticamente. Yo no participaba en la conversación, simplemente me colé en ella desde un lugar cercano.

Supongo que a nadie se le escapará hoy en día el valor que tienen todos los estudios y avances que se llevan a cabo en dicha disciplina, pero a veces pareciera como si la coletilla “es genético” se mudara por sí sola en esta otra “palabra de Dios”. Esa fue mi elemental conclusión. El determinismo llama al determinismo. De alguna manera realicé mis indagaciones y aquel sujeto que defendía tan vehementemente el valor de lo genético resultó ser un gran devoto por otra parte.

No alcanzaba a comprender cómo dos planteamientos tan opuestos como el de la ciencia y la religión podían coexistir con tanta frescura en una misma persona. En realidad, una segunda reflexión más sosegada, me hizo pensar que no es para tanto y que cosas más extravagantes se han visto.

Desde luego, la genética se encuentra en la base del comportamiento y su estudio y conocimiento puede aportar importantes avances y desarrollos para el ser humano así como para el resto de animales. Por el contrario, no comparto la idea de las supuestas bondades que aportan las creencias religiosas, más allá del efecto placebo que puedan producir a aquéllos que las practiquen, o como se dice en el argot, profesan la fe.

Salvando las distancias entre ambas especialidades, creo que se puede llegar a un reduccionismo, cuanto menos inquietante, al buscar la última respuesta del comportamiento humano en una u otra disciplina. La creatividad humana, diferente a cualquier otra conducta animal, difícilmente podrá encontrar cabida en un marco de explicación tan restrictivo.

Esta simplificación puede encontrarse al servicio de la eliminación de responsabilidades. Es decir, este pensamiento elimina de raíz cualquier variante que se aleje del camino programado, ya sea éste genética o divinamente trazado. Es verdad, por otra parte, que el rango de actuación en el que nos movemos los humanos por momentos puede parecer muy amplio y, sin embargo, se encuentra bastante acotado, pero debemos asumir algún tipo de responsabilidad, por pequeña que ésta sea en aquellas acciones que emprendemos sin escudarnos en parámetros supuestamente biológicos, religiosos o ambientalista.

Asumir dicho compromiso plantea enfrentarnos con el cuestionamiento de nuestros propios actos sin derivar la competencia de nuestras acciones a elementos ajenos.

Me parece que desde determinados supuestos científicos se puede abusar de este determinismo que relega a cualquier otra variante su influencia en la conducta humana. De este modo se puede hablar de niños hiperactivos haciendo únicamente referencia a alteraciones cerebrales o de esquizofrenia hereditaria…

¿Qué se esconde detrás de un pensamiento totalitario, sin fisuras?