Disparates made in Ibarretxe´s world

Mimo Titos

 

Disparate es plantear una propuesta política a sabiendas de que no goza del aprecio de una mayoría suficiente de la población. Disparate es mantenella y no enmedalla, cayendo de nuevo en el error de pretender revertir el progresivo declive electoral del nacionalismo vasco a base de redoblar la misma apuesta política fallida de dividir antes que unir una sociedad ya suficientemente fracturada. Disparate es, en fin, plantear un desafío a la misma legalidad de la que se deriva el poder – que no auctoritas – que uno detenta.

 

Nada de esto es nuevo, y sin embargo ayer Ibarretxe se superó a sí mismo con la formulación concreta, y pretendidamente solemne, de los enunciados de las dos preguntas que supuestamente querría consultar al electorado vasco a finales del próximo octubre. Supuestamente porque el fin último de la iniciativa parecería más bien ser puramente electoralista, fundamentalmente instrumental, la excusa que le permita a Ibarretxe volver a presentarse a las elecciones con ese careto compungido y victimista que achaca a “Madrid” todo lo malo, a ese ente que oprime al pueblo vasco sin descanso por más que ese mismo pueblo vasco haya recientemente votado mayoritariamente – en todos y cada uno de los tres territorios que lo conforman en tanto la legalidad no diga lo contrario – por el PSE como primera fuerza política.

 

El disparate es, efectivamente, creciente. En su primera formulación, el “Plan Ibarretxe” contemplaba una consulta electoral “en ausencia de violencia”. Pocos días atrás, el Presidente del Euzkadi Buru Batzar, Iñigo Urkullu, daba a entender que se mantendría la línea Imaz según la cual el orden de los factores sí altera el producto: primero ETA abandona la violencia y después, cualquier reivindicación política se convierte en legítima; no antes. Pero no, a decir de “Público”, el texto de ambas preguntas se consensuó el viernes pasado en una comida entre Urkullu, Ibarretxe y los líderes de EA y EB, Unai Ziarreta y Javier Madrazo, en la que el primero, a juzgar por la redacción final, debió acabar bajándose los pantalones hasta los tobillos.

 

No cabe calificar de otra manera el hecho de que la condena a ETA que Urkullu había avanzado como elemento ineludible de la iniciativa haya pasado a ser un mero “rechazo”, desplazado además al preámbulo del proyecto de ley desde el articulado en el que se incluía originariamente.

 

Dejando de lado la debilidad del torticero argumento según el cual el referendum sería legal según el artículo 9.2 del Estatuto de Gernika, por el que “los poderes públicos, en el ámbito de su competencia, facilitarán la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social del País Vasco”, no es en absoluto de recibo la pretendida justificación política de la consulta por el fracaso del supuesto intento de llegar a un acuerdo con el Presidente del Gobierno y porque “no estamos dispuestos a vivir permanentemente en una espiral sin solución”. Ibarretxe nunca ha manifestado la voluntad de llegar a ningún acuerdo que implicara concesiones de calado – siquiera parciales. Al contrario, ha venido a Madrid en plan Mesías que conoce la receta de la paz y que te aconseja aplicarla “o si no, atente a las consecuencias…”. Y francamente, es difícil condonar el ejercicio de máxima equidistancia entre ETA y el Estado que supone la referencia a la no aceptación de una espiral sin solución del conflicto.

 

No ha habido tal intento serio de acuerdo democrático con el Gobierno, sino más bien un intento repetido y prolongado de que “Madrid” acepte las imposiciones unilaterales propuestas por el PNV como supuestas recetas mágicas. Quizás en otro momento histórico la interpretación jetzale o “peneuvera” de la situación política podría conllevar mayor credibilidad; pero desde luego no tras unas elecciones en las que el enfoque del PSE ha sido refrendado mayoritariamente en las tres provincias.

 

Ibarretxe es el rey del disparate, pero no tiene un pelo de tonto. Su propuesta de ayer pretende recuperar el espacio político vasco central del que tanto se ha beneficiado el PNV en las últimas décadas y del que ha sido últimamente desalojado por el mayor apoyo que crecientemente ha venido recibiendo la moderación, el “vasquismo” y la actitud dialogante del PSE. Así lo ha interpretado la “izquierda abertzale” según cita El Mundo, que ha tildado la iniciativa de Ibarretxe como un mero instrumento electoral del desgastado tripartito para situarse de nuevo entre el PSE y la izquierda abertzale. Y ello pese a que la primera de las dos preguntas reveladas ayer por Ibarretxe mencione a ETA por su nombre, otorgándole en cierta medida la condición de interlocutor.

 

La falta de condena explícita y el protagonismo de ETA en la primera pregunta del proyectado referendum podrían propiciar el apoyo de algunos parlamentarios autonómicos del PCTV en el pleno del próximo 27 de junio, apoyo indispensable para que la moción prospere, al estilo del apoyo de algunos diputados de EH en su momento para permitir que el “Plan Ibarretxe” pudiera llegar a Madrid. Si, por el contrario, la “izquierda abertzale” decidiera abstenerse, el proyecto de ley sería rechazado e Ibarretxe convocaría unas elecciones anticipadas a las que se presentaría como víctima de la doble intransigencia de un Gobierno que se niega a negociar y una “izquierda abertzale” que rechaza cualquier opción seria de diálogo

 

En todo caso, el referendum no se podrá celebrar. En el peor de los casos, Ibarretxe conseguirá convocarlo, pero el Gobierno ya ha anunciado que en cuanto el proyecto se convierta en norma legal, el Presidente del Gobierno lo recurrirá ante el Tribunal Constitucional con suspensión cautelar del acto recurrido en función del artículo 169.2 de la Ley Orgánica del Poder Judicial.

 

Así que tranquilidad máxima. Claro que no estaría yo demasiado intranquilo tampoco si el TC le diera la razón a Ibarretxe y le permitiera celebrar el dichoso referendum porque, a mi juicio, el resultado reflejaría una bajada todavía mayor de apoyo popular a los demagógicos postulados de Ibarretxe y compañía.

 

Permítanme centrarme ahora en las preguntas en sí. La primera es verdaderamente absurda puesto que plantea el apoyo al fin dialogado de la violencia si ETA declarara previamente su disposición a rendirse de forma incondicional. En el supuesto de que así fuera y ETA explicitara su disposición a desarmarse y cesar en la violencia definitivamente, no haría falta tal fin dialogado de la violencia dado que ya habría terminado previamente, al menos desde el punto de vista operativo y mediático.

 

La segunda pregunta es, si cabe, todavía más contradictoria. Resulta que se le pregunta al electorado vasco sobre su apoyo a que los partidos políticos vascos empiecen a negociar un acuerdo sobre el derecho a decidir de los vascos. ¿En qué quedamos? ¿Los vascos tienen derecho a decidir hoy en día o no? ¿Si no lo tienen, tal y como sostiene Ibarretxe, como es que se les pregunta su opinión? ¿Por contra, si como sostiene el Lehendakari la consulta es plenamente legal, debemos concluir entonces que los vascos ya tienen el derecho a decidir? ¿Entonces para qué se les pregunta si quieren tenerlo? Pero es que, además, la pregunta hace referencia al inicio de negociaciones sobre el derecho a decidir entre todos los partidos políticos sin exclusiones y solicita el apoyo del elector también para un eventual referendum sobre el acuerdo antes de que acabe 2010. ¿Qué ocurre si los partidos políticos no logran ponerse de acuerdo? ¿Se cancela el segundo referendum? ¿O es que más bien seguimos en la lógica “democrática” tan típica de Ibarretxe según la cual las negociaciones son un medio para que las demás fuerzas políticas vayan aceptando sus postulados iniciales y ya está escrito que, pase lo que pase, se convocará un segundo referendum ya centrado sobre el derecho a decidir y por tanto todavía más unilateralmente autodeterminista?

 

Disparate tras disparate y el PNV perdiendo día a día votos y más votos.