Dime de qué presumes

Aitor Riveiro

Si de algo puede presumir José Luis Rodríguez Zapatero es de tener una facilidad pasmosa para meterse en berenjenales absurdos a cuenta de decisiones que unas veces nadie entiende y otras simplemente no se han tomado.

Este verano político que ahora termina (y que ha durado aproximadamente tres días y un rato gracias al PP y sus indemostradas e indemostrables escuchas ilegales, los editores lo agradecen) nos ha deparado ración doble de esta especialidad de todos y cada uno de los gobiernos de ZP, algunas de las cuales pasarán a las antologías.

1º Decisiones tomadas que nadie entiende. En pleno agosto, con el presidente del Ejecutivo de vacaciones en las Canarias, el Consejo de Ministros aprueba un subsidio extraordinario para aquellos parados que hayan agotado todas las prestaciones y subsidios que su trabajo hubiera generado, lo que incluye tanto las de los gobiernos centrales y autonómicos, competentes en asuntos sociales.

La cosa resulta bastante sencilla de explicar, de entender y de ejecutar. Es una medida justa, de calado social y dirigida a aquellas personas en la peor de las situaciones; se asocia a un itinerario de formación que permita un mínimo reciclaje del desempleado. Es evidente que los destinatarios de la medida son los parados menos cualificados, los que no encuentran ningún tipo de trabajo y, probablemente, no lo encontrarán mientras la economía no recupere ritmos de crecimiento previos a la crisis actual.

¿Resultado? Absolutamente nadie está a favor de una medida que, como digo, es buena ‘per se’, seguramente mejorable. El Gobierno seguramente logre ganar la batalla a los sindicatos y a los partidos políticos: ya lo ha hecho y el principal fallo, la fecha elegida, será revisada más allá del junio prometido el lunes a los sindicatos.

Pero la batalla de la calle está perdida; y esa no se recupera. Zapatero ha quedado una vez más como un demagogo, un comprador de votos y un despilfarrador cuando el impacto real de la medida es inapreciable para el presupuesto y, sobre todo, cuando es lo más cercano que hemos tenido nunca a una de las grandes reivindicaciones de parte de la izquierda europea: una renta básica de ciudadanía o como se quiera llamar.

Además, la sensación de improvisación ha sido absoluta, por mucho que el lunes (y desde Suecia, ni más ni menos), el presidente tratara de vender lo contrario, esto es, que la medida estaba pensada y bien pensada. Entonces ¿por qué cambiarla? ¿Por qué no pactarla antes con sindicatos y partidos afines? Parece claro que en la mesa del diálogo social no iba a salir pero, si era tan urgente como para aprobarlo por real decreto en un Consejo extraordinario, ¿no hubiera sido más fácil venderlo como un gran pacto de la izquierda política y sindical?

La chapuza de los primeros días de implantación es antológica, en el sentido más literal de la palabra. En una sociedad de la imagen como la que nos ha tocado vivir, una cola a las puertas del inem es imposible de contrareestar.

2º Decisiones sin tomar que todo el mundo da por sentado. Poco después de aprobar la ayuda de 421 euros, uno de los miembros más destacados del Gobierno, el ministro de Fomento y vicesecretario del PSOE, José Blanco, lanzaba el globo sonda: el Ejecutivo planea una revisión de impuestos. Las alarmas se encienden y la pregunta que se hace todo el mundo es, ¿qué impuesto nos van a subir?

El problema es que cuando se lanza un globo sonda, aunque luego se trate de justificar como una “opinión personal”, las elucubraciones son legítimas, incluso las insidiosas. Durante día los medios de comunicación se dedicaron a (des)informar y tuvo que ser el propio presidente del Gobierno el que saliera a la palestra para asegurar que se iban a aumentar las “rentas del capital”, no el impuesto de sociedades “ni las rentas del trabajo”. Poco después, Blanco remata y asegura que se podrían subir impuestos a quienes declaren más de 50.000 euros, mientras Elena Salgado asegura que “todos los impuestos” están en revisión

La cosa vuelve a ser clara: para pagar determinados gastos extraordinarios derivados de la crisis y en vista de que la recaudación ha bajado, quienes más ganen van a ver aumentados su tributación por un tiempo “limitado”. Dicho y hecho: el personal cree que les van a subir los impuestos a todos, gracias en parte a las mentiras y falacias difundidas por medios de comunicación dirigidos por sinvergüenzas, pero sobre todo por la incapacidad manifiesta del Ejecutivo de expresar una idea y un discurso coherente

¿Cómo es posible? Es más, ¿a quién se le ha ocurrido que agosto era el momento de hablar de esto? Los cambios se introducirán en la tramitación de los presupuestos generales del estado, es decir, para finales de año. ¿A qué viene soltar ahora el rollo de los impuestos? Cuando realmente se reviesen, el común de los mortales pensará que estamos ante “otra” subida, no ante la anunciada meses antes.

La batalla de la calle, una vez más perdida.

No recuerdo cuando fue la primera vez que se comentó en este blog, pero debe de andar más cerca de los 5 que de los 4 años. Ya no cuela. El Gobierno no tiene un problema de comunicación; tiene un problema de ideas. Cuando las decisiones se toman a matacaballo, sin estar seguro de lo que se acuerda, buscando el titular pero descuidando la letra pequeña surgen las contradicciones, las mentiras, las falacias incontestables.

Bienvenidos a septiembre.