Difunde que algo queda

Dagfinn

Desde hace varios años, casi tantos como los que lleva la reforma psiquiátrica, la Comunidad de Madrid ha desarrollado una labor importante en la implantación de centros de atención a personas con trastorno mental grave y duradero.

Desde el momento en que se planteó que un individuo con trastorno mental grave no tenía porqué estar encerrado en un manicomio de por vida y que más bien podía convivir en su casa, en su entorno, con ciertos apoyos y asistencia ambulatoria, se inició lo que se conoce como la psiquiatría comunitaria.

A partir de ahora me voy a referir únicamente a la Comunidad de Madrid, pues es la que conozco y en la que trabajo, y aunque en otras comunidades también se ha optado por esta actuación, se ha implantado de forma distinta en cada una de ellas. Sé que en el País Vasco, Andalucía, Castilla La Mancha o Cataluña han elaborado importantes programas de atención comunitaria y ambulatoria, sin embargo desconozco en profundidad su estructura y funcionamiento.

 El actual plan de atención a personas con trastorno mental grave y duradero de la CAM depende de la Consejería de Familia y Asuntos Sociales, y más concretamente de la Dirección General de Servicios Sociales que a lo largo de más de veinte años ha ido tejiendo una red de atención en colaboración con los servicios de atención sanitaria.

 Esta colaboración entre servicios sociales y servicios sanitarios ha permitido que se pueda realizar una intervención con estos pacientes desde una visión integradora biopsicosocial. Tomando como referencia la sectorización por distritos y como punto de partida el Centro de Salud Mental correspondiente, se establece una red de recursos específicos para dar la respuesta más ajustada a las necesidades del paciente y de sus familiares. Estos recursos especializados se han puesto en marcha a través de conciertos públicos con la administración y de gestión privada por parte de entidades sin ánimo de lucro.

 Los diferentes centros que forman parte actualmente de la Red son los siguientes:

 – Centro de Rehabilitación Laboral (CRL), dirigido a aquellas personas que presentan algún trastorno grave pero que mantienen conservada la capacidad laboral, y sirviéndose de un equipo especializado pueden retornar al mundo laboral.

 – Centros de Rehabilitación Psicosocial (CRPS), estos dispositivos están más orientados a la recuperación psicosocial, buscan la optimización de aquellas capacidades que han resultado más dañadas y que permitan al usuario y sus familiares el funcionamiento más autónomo posible.

 – Centros de Día (CD), estos recursos a diferencia de los CRPS se centran en aquellas personas más deterioradas en sus habilidades sociales, recursos cognitivos y en definitiva en su autonomía. Unidos a los CD aparecen los Equipos de Apoyo Social y Comunitario (EASC), que dan respuesta de forma individual a aquellas personas que se encuentran en un avanzado estado de aislamiento, con recurrentes recaídas e ingresos hospitalarios y que de forma especifica desarrollan su atención en el medio más inmediato al paciente, como puede ser su propio domicilio o sus inmediaciones.

 Unido a estos recursos, la Red también dispone de Mini-residencias -de corta y larga estancia como paso intermedio entre un ingreso hospitalario y su alta definitiva- y de Pisos Supervisados para aquellos individuos que después de un largo periodo de internamiento o por la dificultad de la convivencia en el domicilio habitual sea aconsejable una estancia en uno de estos pisos para el entrenamiento en el funcionamiento del hogar.

 El funcionamiento y la coordinación que se establece entre estos recursos pertenecientes a la Red de Servicios Sociales es estrecho y continuo con la atención sanitaria, ya que es a través del Programa de Continuidad de Cuidados de los propios Centros de Salud Mental desde donde se derivan los pacientes a cada recurso especifico en función de su valoración psicopatológica.

 Todos estos recursos, de carácter abierto y voluntario para los pacientes vienen a sustituir la escasa y restrictiva atención hospitalaria. Esto no quiere decir que hoy en día no se utilicen los hospitales de media y larga estancia, o que incluso sean necesarios para aquellas personas que no encuentran respuesta a través de los recursos disponibles en la Red, pero desde luego sí se puede afirmar que a día de hoy es mucho mayor el número de personas con trastorno mental grave y duradero que encuentran alternativas de vida al “encierro manicomial” o al aislamiento y marginación. Desde una filosofía en la intervención que se aleja mucho de la antigua y aberrante concepción del sujeto con trastorno mental grave como un individuo sin voluntad ni motivación, se ha tratado de situar al sujeto en un espacio propio, dotándole de la posibilidad de recuperación e integrándolo en su propio entorno social.

 La atención pública o concertada a personas con trastorno mental grave y duradero con todos los esfuerzos que ha realizado dista mucho de ser óptima. Aunque la mayoría de los pueblos y distritos de la CAM cuentan con recursos especializados, en ocasiones nos encontramos con lagunas asistenciales, dificultades de coordinación entre distintos recursos o incluso la duplicación de los mismos. No es extraño un caso que pueda presentar un ingreso hospitalario y que sea atendido por varios psiquiatras, psicólogos o trabajadores sociales, unido a sus profesionales de referencia del CSM o del recurso correspondiente. En otras ocasiones muchos de estos pacientes acaban tutelados por la Agencia Madrileña de Tutela que aun siendo un organismo protector designado por un juez no esta preparado para absorber la cantidad de individuos tutelados, ofreciendo unos servicios en ocasiones muy deficitarios, entre otras cosas por una sangrante falta de personal que dé respuesta a la demanda de sus servicios.

 Con sus luces y sus sombras, entiendo que a lo largo de estos más de veinte años del Plan, se ha buscado la mejor respuesta posible para ofrecer las mejores condiciones de vida a un colectivo y sus familiares que nunca lo han tenido fácil.