Difícil panorama

 Barañaín

Una reciente declaración de Felipe González, que no descartaba una gran coalición como alternativa al resultado de la posible dispersión del voto tras las próximas elecciones generales, descolocó un tanto a los líderes actuales del PSOE. Entre otras cosas,  González también apuntó que la izquierda europea “no ha entendido bien ni la magnitud ni la dirección de la crisis”, declaración que sin embargo no pudo desarrollar (y no porque  el expresidente se cortara -como si dijera “hasta ahí puedo leer”- sino por la torpeza de la periodista, sólo interesada en conseguir titulares efectistas). Tal reproche, sin embargo, no parece haber generado debate alguno en las filas socialistas.

Estuvo hábil el candidato Cañete al defender esa posible coalición y poner para ello el ejemplo alemán, obligando al PSOE a renegar, a contrapié, de una fórmula en la que se ha embarcado el PSD al que pertenece Martin Schultz, el gran candidato de la izquierda europea. La cuestión de fondo -que Elena Valenciano no estaba en condiciones de afrontar-, era si hay realmente una respuesta europea de la izquierda, una respuesta que sea algo más que la suma de las iniciativas parciales de cada país. Y, si es así, como se compagina eso con una coalición y precisamente en el país central de la Unión Europea, ese cuyo gobierno lidera las políticas que sufren, entre otros, los los españoles. En definitiva, si son suficientemente distinguibles para los ciudadanos las respuestas conservadora y socialdemócrata ante la crisis.

Y no sólo ante esta crisis concreta, sino ante la situación política de la UE, cuyo déficit de legitimidad democrática es cada vez más evidente. Nuestra economía y nuestro discreto estado de bienestar (estado de “medio-estar”, lo llama alguno) dependen de lo que decidan el BCE, la Comisión Europea y el FMI, la famosa ‘troika’. Instancias no sometidas a la voluntad de la ciudadanía europea; ni su actual ni su futura actuación  van a depender del resultado previsible (ya gane Jean Claude Juncker o Martín Schultz) de estas próximas elecciones. Si no fuera porque -todos- nos hemos acostumbrado a la falta de calidad democrática de la vida política europea este momento, el de la renovación del europarlamento, debería ser la ocasión para un debate profundo sobre nuestra situación en la UE y en la unión monetaria, sin límites preconcebidos y sin amortiguarlo por la consabida exaltación lírica del europeísmo vacía de significación concreta alguna. Nuevamente, dejamos pasar la oportunidad de afrontar esa cuestiones. ¿No tiene eso nada que ver con la previsible abstención ciudadana?

¿Qué podría motivar a los ciudadanos progresistas a acudir a las urnas, masiva e ilusionadamente?  ¿Acaso la izquierda europea en conjunto ha asumido que es cierto que hay unos países, del sur, sufridores de unas políticas injustas impulsadas por otros países del norte? ¿Hay un análisis compartido sobre el asunto en esa “gran familia de socialistas y socialdemócratas de Europa” en cuya existencia real dicen confiar  Valenciano y Rubalcaba? ¿Cuál es exactamente el mensaje de la socialdemocracia europea a los ciudadanos sobre la actual gestión de la crisis de la deuda? ¿Está dispuesta la socialdemocracia europea a denunciar -con todas sus consecuencias políticas- la actual limitación de la Unión Europea a una mera unión monetaria? ¿Está dispuesta a exigir otras reglas de juego, reclamando de verdad la unión política, social o fiscal y exigiendo una mínima calidad democrática -ahora del todo inexistente-, en esas instituciones comunes? Y ahora mismo, por poner un ejemplo, ¿qué pasa con la actuación de esa `troika´? ¿Se comparte, se lamenta, se está dispuesto a denunciarla?

Veamos este ejemplo. En la declaración política del Comité Federal del PSOE ante las próximas elecciones europeas (disponible en su página web)  se reconoce la pérdida del ejercicio del control democrático sobre las políticas seguidas en Europa y que “el legado de la Troika en este sentido refleja un claro fracaso”. Pero, a continuación, toda su propuesta política se reduce a esto: “Una vez finalizadas las misiones de la Troika, es necesario establecer otro modelo, en el marco de los Tratados de la UE, que sea democrático, socialmente responsable y creíble”. ¿Refleja esa tibia declaración un sólida convicción sobre lo que está significando la actuación de esa `troika´? ¿Se adivina ahí una política realmente alternativa? Creo que definir como ambigua esa posición sería bastante más ajustado. Claro que puede parecer radical si se compara con lo que se puede escuchar del PSD alemán. Un dato: en su larga intervención en Roma ante el Partido Socialista Europeo, el pasado uno de marzo, Martin Schultz -el candidato de la socialdemocracia para presidir la Comisión Europea-, no hizo mención alguna a la troika.

Otros aparentan tenerlo más claro: “¡Fuck the troika!”, proclama alguno de los eslóganes de IU. Pero una cosa es la pose retórica -en este caso, escatológica, el no va más de la transgresión-, y otra hacer una política efectiva que traduzca ese deseo a realidades tangibles, aunque sean discretas o parciales. ¿De qué sirve a sus potenciales electores que Cayo Lara haya relacionado una y otra vez la política del gobierno del PP con los intereses de la troika y denunciado que lo que se pretende es que haya “un ejército de parados pobres”, si cuando tiene en su mano reducir en algo el poder de la derecha -aunque sea a nivel de un gobierno regional, que tampoco es moco de pavo-, se inhibe, sosteniendo con ello al PP de turno “por no hacer el juego al PSOE”?

A estas alturas, con tanta miseria y desigualdad como estamos viendo crecer en España, suena como mínimo extravagante que quien invita a la rebelión justifique su abstención ante una moción de censura contra el PP en que “no les llamaron antes” y en que “no hay programa alternativo”. Sin duda, es electoralista esta iniciativa de Fernandez Vara que, con ello, quiere poner en evidencia a IU. ¿Y qué? Razón de más para no ponerselo fácil ¿Es o no bueno que el PP tenga que abandonar un gobierno regional, precisamente en una de las regiones donde más crece esa miseria que IU denuncia? Por muy comprensibles que parezcan sus intereses de partido, analizados en abstracto,  lo que queda claro ante los ciudadanos es que, al fin y al cabo, esos argumentos pesan más que lo de “frenar a la derecha”, idea que parece que sólo les sirve como reclamo en una pancarta callejera.

Y si la izquierda realmente organizada no está en condiciones de ilusionar a su electorado, tampoco cabe esperar muchas alegrías  de los flamantes descubridores de Mediterráneos que, como suele ser habitual,  proliferan en este tipo de elecciones con discursos radicales en pro de una mayor participación ciudadana aunque, obviamente,  su única esperanza consiste en que una muy baja afluencia electoral distorsione el resultado y realce su raquítico peso social. 

En fin, confieso que de estas elecciones, tal y como se han planteado, sólo espero que pasen cuanto antes, que se cumpla ya el trámite obligado. He acompañado a mi  marido a la oficina postal para gestionar su voto por correo, pues estaremos ausentes el fin de semana electoral. Yo me abstengo de esa gestión y seguramente le sorprende mi radical inhibición. Aunque comparte conmigo la falta de interés por el equilibrio de fuerzas (¿?) en el europarlamento y no alberga tampoco muchas esperanzas de que un éxito de Rubalcaba alimente la esperanza de un cambio futuro en España, considera obligado votar contra el PP. Seguramente cree que, pasado este trámite, me acosará la mala conciencia por mi abstención. Y es posible que tenga razón. Respeta mi decisión (ya se sabe, las rarezas  de la edad) pero deja caer, como quien no quiere la cosa, que actúo como los de IU de Extremadura. ¡Qué cabrón, ahí duele! Claro que para mantener esa frialdad y esa disciplina de voto, ha evitado la tentación de escrutar la lista electoral y mantiene su cerebro libre de los mensajes de la campaña electoral. Y eso que yo intento tenerlo al día de las ocurrencias de Valenciano, pero se tapa los oídos. Así, cualquiera.