Diez años después

Millán Gómez

Esta semana se cumplió el décimo aniversario del secuestro y posterior asesinato del concejal del PP en Ermua (Bizkaia), Miguel �ngel Blanco Garrido. Aquel mes de julio de 1997 está guardado en las retinas de millones de españoles que sintieron cómo la organización terrorista que amenaza y coarta diariamente la libertad de Euskadi y del conjunto de España escribía una de sus páginas más violentas, impopulares y cobardes. Eta, a pesar de autodefinirse como un organización revolucionaria obrera, asesinó aquel 12 de julio de 1997 a un joven trabajador, hijo de emigrantes gallegos. Euskadi ha sido uno de los destinos preferidos de miles y miles de gallegos que abandonaron su tierra con todo el dolor de su corazón en busca de un futuro mejor y un mejor nivel de vida. La emigración gallega ha sido también desgraciada protagonista indirecta del terrorismo en Euskadi llegando hasta el punto de que emigrantes gallegos han sido asesinos y víctimas en los 47 años de violencia etarra. Cabe recordar que hay etarras con apellidos como Troitiño y víctimas que se apellidaban Couso.

El municipio vizcaíno de Ermua es uno de los ayuntamientos vascos donde más emigración gallega hay. Existen otros ejemplos como Eibar (hacia donde se dirigía el joven edil popular asesinado cuando lo secuestraron), Portugalete, Bilbao o el barrio de Trintxerpe, en la localidad guipuzcoana de Pasaia. Que una de las víctimas de la larga historia violenta de eta sea hijo de la emigración gallega no es casualidad. Es la demostración empírica de que Euskadi es una comunidad que se ha modernizado notablemente con la llegada de inmigración y que ha adquirido unos niveles de bienestar económico y social inimaginables con la instauración de la democracia en España y la proclamación de la autonomía de Euskadi como nacionalidad histórica.La autonomía vasca, tan poca cosa para un amplio sector del nacionalismo vasco, ha permitido a Euskadi evolucionar como comunidad política y alcanzar unos niveles de opulencia que no hubiese firmado ni el más optimista de guardia. Euskadi es una de las comunidades políticas sin estado propio con mayor nivel de competencias del mundo.

A esta opulencia económica que existe en Euskadi ha contribuido notablemente la emigración llegada del extranjero y de otras comunidades españolas como Extremadura, Castilla y León o la propia Galicia. Gracias el sudor y el trabajo de inmigrantes como los padres de Miguel �ngel Blanco, Euskadi puede presumir de un nivel social admirable. Esta coyuntura sólo ha sido manchada por una organización terrorista que, lejos de defender al pueblo vasco, como ellos dicen, han deteriorado notablemente la imagen de Euskadi dentro de España y en el extranjero. Estos estereotipos han llegado hasta el punto de que ciudadanos vascos sean observados con cierto desprecio en diferentes rincones de España o que un prestigioso diario estadounidense haya calificado en en uno de sus editoriales que el tiro en la nuca era “esa forma vasca de asesinar� como si única y exclusivamente se disparase en la nuca en Euskadi.Hace diez años, la reacción cívica contra eta escribió, quizás, su página más brillante, unitaria y numerosa. El ideal de la política antiterrorista, que no es otro que la unidad de los demócratas frente a la barbarie, fue aquel mes de julio de 1997 más plausible y sólido que nunca. Aquellas angustiosas 48 horas desde el secuestro hasta el asesinato del joven concejal del PP las recuerdo como si hubieran sucedido ayer mismo. Siento el mayor de mis respetos y mi solidaridad con la familia de Miguel �ngel Blanco, pero no comparto parte de sus declaraciones. El tan recurrido últimamente “Espíritu de Ermua� significa unidad contra eta, unidad de los demócratas frente a los violentos. Los violentos son más débiles cuando las sociedad los ignora y los desprecia socialmente. Los violentos son débiles cuando existe unidad y todos los demócratas sujetan una misma pancarta contra eta. Nuestra unidad es su debilidad. Nuestra separación es su virtud.Diez años después, el gobierno y la oposición caminan separados en materia antiterrorista. El Foro de Ermua hace un flaco favor a la tan deseada unidad al utilizar a una víctima etarra como Miguel �ngel Blanco como factor de erosión del Gobierno. Si tanto defienden el “Espíritu de Ermua�, estas asociaciones ciudadanas contra el terrorismo que disienten de la política antiterrorista gubernamental deberían tender puentes de consenso y crear climas de confianza entre las partes para favorecer el consenso y la unidad. Con sus declaraciones están realizando justo lo contrario. Y la única beneficiada de este asfixiante clima político es eta.