Días grises, años grises

Guridi

El hastío me invade. Desde hace unos meses, en los medios sólo aparecen monográficos sobre “Podemos” y el “tema catalán”. Y si no aparecen, siempre aparecerá alguien para relacionarlos, como mis amigos “indepes”, que cada vez que no están de acuerdo conmigo en cualquier cosa, dicen que es que porque soy español e incapaz de entenderles. O el ansia de protagonismo de los tremendistas politólogos de Somosaguas, que tan pronto piden que sea necesario el Graduado Escolar para jugar al fútbol, como se ponen a repartirse los papeles de la serie de televisión que esté de moda.

He de reconocer que los asuntos de las “tarjetas black”, el Pequeño Nicolás, la “Operación Púnica” y Monago, el Enamorado Volador, me han conseguido divertir y sacar un poco de esta rutina de días sin sal, ni color.

Las “tarjetas black”, porque he disfrutado mucho viendo cómo Pepe Acosta, que después de pedir a cada uno de sus feligreses 5€ a escote para pagar el “Suecia”, pagaba todo a costa de Caja Madrid. O cómo la santurrona Mercedes de la Merced (QEPD) se gastaba el dinero en “Manolos”, cómo la representación del PP en la Caja queda antes, durante y después del “Tamayazo”, abanicando un poco más del pestilente tufo que aún suelta ese asunto. Cómo Moral Santín ni tenía moral, ni era ningún santo. Y, sobre todo, viendo con datos y cifras en la mano que gente como Antonio Romero, Nacho Varela y el gritón José Ricardo eran exactamente lo que parecían. Y me alegra decir que yo no participé de ninguna de las comidas que aparecen facturadas, aunque sí mucha gente de mi alrededor. Demasiada, por desgracia.

Si juntamos el extremo de Acosta y el de Antonio Romero, además, obtenemos combo especial de premios. Con Antonio Romero plagiando su tesis ante la benevolente mirada del acostista Tezanos, que tan pronto ignora un plagio, como te humilla a un par de doctorandas o se inventa una encuesta triunfal, que para eso hizo sociología en su día.

El caso del “Pequeño Nicolás” es un ejemplo de hasta qué punto hay una generación de jóvenes cachorros del PP que van y vienen, se forran, hacen y deshacen por encargo de sus mayores y maestros. Que ese chico pudiera moverse con tanta soltura y sus interlocutores aceptasen con toda naturalidad sus “credenciales”, sólo nos refleja el grado en el que sí que existen otros “Nicolases”, que están respaldados por padrinos y madrinas de verdad. De hecho, hasta alguno se peleaba por ser también padrino de este chico, como un muy corrupto concejal del consistorio madrileño. Aún quedan cosas por saber de este esperpéntico caso, pero no caigamos en la paranoia; no es que haya detrás algo más de lo que parece: es que es lo que es. Nuestros empresarios de referencia son así de crédulos y de garrulos, por lo que a nadie le extraña nada que les llame cualquier niño pijo pidiendo pasta, para que ellos puedan vivir del Estado.

La “Operación Púnica” es otro motivo de alegría para mí. Ver caer a toda esa gente me aligera el corazón y sólo espero que pasen mucho más tiempo en la cárcel, que su hacienda se resienta, que sus contactos dejen de responderles al móvil y que tengan que empezar de cero al salir de la trena, como hemos hecho todos esos a los que nos consideraban “pringaos”. Especialmente Granados, que siempre me ha parecido una especie de Serrano Suñer, actualizado y vestido de “yuppie”. Pero lo mejor es que no sólo caen políticos, sino también empresarios corruptores, intermediarios, funcionarios vividores y guardias civiles corruptos. Es otra señal de que eso que pasaba no era tan normal como parecía y de que había que haber cortado esta clase de chanchullos mucho antes.

Y, ¿qué decir de Monago? Monago, ese gólem político al que no animan las letras en un pergamino, ni la energía de su cerebro, sino el resentimiento, la obstinada mediocridad, la obediencia a sus mayores y a un gurú de la mercadotecnia. Monago, hermanado en el resentimiento con los jefecitos de asamblea de IU Extremadura. Ese Monago romántico, que viaja 32 veces a Canarias fingiendo motivos de trabajo. Ese Monago mentiroso, que afirma haberlo pagado de su bolsillo cuando hace años que no lleva la cartera encima. Ese Monago torpe, que al día siguiente dice que devolverá lo que afirma no haberse gastado. Ese Monago al que falta vergüenza y le sobran cabos sueltos para dimitir y que no puede ser echado, porque los de IU que sientan en Mérida están guiados por las mismas bajas pasiones que él.

Parece que, efectivamente, se acerca el fin de una era. Lo que no se quiso abordar en su día se nos desborda ahora. Cuando no se quiso “abrir más frentes”, lo único que se consiguió fue aumentar la dimensión del problema. Lo que parecía tan normal, no lo era en absoluto. Los que querían callar por responsabilidad, se ven forzados a mantener un avergonzado silencio ahora. La chapuza, lo provisional, el apaño, amenazan con destruir logros que sí que han merecido mucho la pena.

Mientras, dicen que estamos en la senda de la recuperación. Lo creeré cuando lo vea. Entretanto, seguiré penando en estos días grises, dirigidos por gente gris y ciega que no es capaz de ver el paro, la pobreza infantil, la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio.