Día de elecciones treinta años después

Marta Marcos 

Hoy se celebran elecciones municipales en toda España, y autonómicas en casi todas las Comunidades, salvo Galicia, País Vasco, Cataluña y Andalucía. Primicias informativas aparte, quería recordar el hecho de que, además, están a punto de cumplirse 30 años desde que se celebraron las primeras elecciones democráticas desde la muerte del que iba bajo palio. En concreto, tuvieron lugar el 15 de junio de 1977. Yo estaba por entonces “en construcción��?, así que no recuerdo mucho de ese día. Sigamos con más cuentas, aunque no muchas porque soy de letras. La última cita con las urnas antes de 1977 fue en febrero de 1936. Eso quiere decir, por ejemplo, que una persona que nació en ese año tuvo que esperar a tener 41 años para saber qué era eso de votar de verdad (y no de mentira como en los tiempos de la dictadura). ¿A dónde quiero ir a parar? Tan sólo constatar dos cosillas, puede que obvias, pero que se olvidan con frecuencia: la democracia es frágil, y más todavía en un país como España, pero con los 30 años que llevamos con el actual sistema hemos batido nuestro propio récord. Y cada nueva cita electoral, es un paso más hacia la consolidación democrática, que nunca se debe dar por sentada.

La campaña electoral ha puesto de manifiesto un cierto enconamiento de las posiciones políticas. Es difícil entrar en valoraciones, pues seguramente que en muchos pueblos y ciudades se habrán desarrollado debates interesantes y propuestas novedosas. Pero tengo la impresión de que, en general, se ha desperdiciado la ocasión de abordar seriamente fenómenos tan preocupantes como el urbanismo salvaje o la corrupción.

Ni siquiera ha sido posible unificar posturas para mostrar una mayor fortaleza ante el desarrollo de la campaña en el País Vasco. Los ataques a representantes y candidatos de todos los partidos se han sucedido a lo largo de estas dos últimas semanas, los suficientes como para que todos los líderes hubiesen tenido la generosidad de condenar el acoso contra los miembros del partido rival.

Evidentemente, el terrorismo nacionalista vasco ha sido una de las lacras que hemos arrastrado en estos 30 años. Por suerte, pese a que todavía podría cometer atentados, la banda ya no es lo que era: se encuentra muy debilitada. Con un poco de ese consenso característico de la transición democrática, tal vez se pudiera encontrar la manera de darle la puntilla.

En definitiva, resulta un alivio que termine la campaña. Los ataques y los mensajes negativos se han llevado la palma en una época en la que deberían llover las propuestas, y multiplicarse los debates en torno a la pregunta de dónde y cómo nos gusta vivir. No obstante, propuestas hay, y ganas de llevarlas adelante, también. Y llover, ha llovido, aunque no en forma de ideas novedosas.

Y hoy toca votar. Se comenta que posiblemente la abstención sea elevada, lo cual es una pena, pues toca elegir a los representantes más cercanos, y se olvida con frecuencia la relevancia de las competencias con las que cuentan en la actualidad las Comunidades Autónomas. Muchas de ellas, al igual que muchas ciudades, necesitan un cambio como el comer, y la clave de ese cambio suele residir en el porcentaje de participación.

Hasta que cierren los colegios electorales, la jornada normalmente transcurre de forma apacible. Tan sólo aparecen algunos datos de participación y el consabido desfile de líderes políticos con la/s papeleta/s en la mano y la sonrisa profidén, posando ante la urna. El barullo y los nervios se desatan justo a las 20 horas, ni antes, ni después.

Será el momento de los sondeos a pies de urna, sondeos que interesan mucho… durante media hora. Después, toda la atención estará centrada en los resultados provisionales. Todavía me acuerdo de la noche del 14-M: aquello no fue apto para cardíacos.

Por supuesto, una noche electoral como Dios manda tiene dos figuras clásicas: el portavoz y el experto. El portavoz se encargará de barrer para casa, pues para eso le pagan, y como las municipales son lo más parecido a un Estudio General de Medios que hay, se centrará en aquel aspecto de la realidad que más le beneficia. Existen dos variantes clásicas a las que agarrarse: el número de capitales de provincias que se han ganado, y el número total de votos.

El experto no puede faltar en ningún especial informativo, ya sea televisivo o radiofónico. Algunos son estupendos, no lo niego. Pero me quedo con los que tienen vocación de camaleón. Así, supongamos en la ciudad X, con el 20 por ciento de los votos escrutados, va ganando el partido de la oposición. El experto hablará de ganas de cambio y de alternancia democrática.

Sin embargo, media hora después, con el 50 por ciento de los votos escrutados, las cosas han cambiado, y gana el partido que está en el poder. No hay problema: el mismo experto de antes, sin despeinarse, hablará del deseo de continuidad de los votantes, y de que el mensaje del partido opositor no ha calado entre los electores. Si ya lo sabía él, que para algo es el experto. Como al portavoz, también le pagan.

Así que mucho ánimo para esta noche y confiemos en poder brindar por la victoria. La democracia pese a todo, siempre es estupenda, pero si ganan los que tienen que ganar, es mejor todavía…

En cuanto al día de mañana… es cierto que queda menos de un año para las elecciones generales, y que los partidos empezaran a engrasar maquinarías y que no estarán dispuestos a darnos tregua alguna, pero… eso es otra historia.