Descubriendo las cartas

Jon Salaberría

El próximo jueves, día 16 de abril, se producirá la solemne apertura de la X Legislatura Autonómica Andaluza (2015-2019), con la elección de los órganos rectores de la Cámara, su Mesa. Cuando mañana, día de vísperas, lean ustedes este artículo que envío, posiblemente tengamos ya una primera aproximación al resultado material de las negociaciones entre el Partido Socialista Obrero Español de Andalucía, el vencedor de los comicios, y las otras dos fuerzas de la oposición que bien pueden, igualmente, ostentar la vitola de ganadores por sus espectaculares resultados en las urnas: Podemos y Ciudadanos. Tal vez no conozcamos de forma definitiva su posicionamiento ante la primera sesión de investidura de la candidata socialista, Susana Díaz Pacheco, pero sí atisbaremos una posible intención de cara a una segunda y definitiva votación. Y, sobre todo, será muy definitorio el resultado del acuerdo, este sí inaplazable, para conformar la Mesa de la Cámara.

Las dos reuniones del martes se realizan entre una delegación formada por Juan Cornejo y Mario Jiménez, secretario de organización del PSOE de Andalucía y portavoz parlamentario de dicha formación, respectivamente, y sendas delegaciones de Podemos y de Ciudadanos. Anoche, muy a última hora, trascendió que el pasado jueves hubo sesión negociadora entre socialistas y ciudadanistas, en la que las gentes de Albert Rivera y Juan Marín entraron con la misma y rocosa exigencia previa (la dimisión de Pepe Griñán y de Manuel Chaves), pero salieron con una aproximación muy interesante, precisamente, sobre un posible acuerdo anticorrupción. Un punto de partida de entendimiento, en palabras de Juan Cornejo.

Es la primera señal de una mayor flexibilidad en las posiciones. La segunda, también anoche, la hacía pública Podemos: frente a su propuesta, taxativa en términos de línea roja tras muchos días de idas y venidas y de contradicciones entre sus dirigentes, anoche la formación de Iglesias Turrión y Teresa Rodríguez anunciaba la recepción de un instrumento de acuerdo, un documento de propuestas concretas, por parte de los socialistas andaluces y como respuesta a su órdago a la grande.

Los socialistas andaluces proponen a Podemos: la creación de una Ley de Renta Básica y una Ley de Protección y Asistencia a colectivos vulnerables. Ambas normas vendrían a concretar dos de las grandes ofertas electorales de la formación de Iglesias. La Ley de Protección y Asistencia, concretamente, materializaría las ayudas necesarias para garantizar a personas, familias y colectivos en situación o riesgo de exclusión los suministros energéticos básicos, así como la cobertura de las necesidades nutricionales. La Ley de Renta Básica pone sobre la mesa la gran bandera de Podemos en términos reales, justo en un momento en el que conocemos que desde Podemos ponen sordina a la renta básica universal y suprimen ésta del programa marco para las Elecciones Autonómicas, como ayer mismo confirmó José Manuel López, candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid, en los desayunos de Nueva Economía Forum. El cambio, a una más matizado concepto de renta mínima de inserción, ha causado en las últimas horas cierto malestar dentro de las mismas filas de Podemos, y se podría verse superado por la oferta de los socialistas andaluces.

A estas dos propuestas estrella, los socialistas unen un nuevo Plan de Excelencia para la Formación Profesional para el Empleo, un programa para implementar la inversión pública hasta en un 20% más en I+D+i y un ambicioso plan para la captación de inversiones externas, todo ello en materia de fomento del empleo y estímulo de la economía. Recuperan en la propuesta a Podemos algunas de las cuestiones pendientes en el ya finiquitado Acuerdo por Andalucía de 2012 (PSOE-IU), tales como la legislación para la protección del consumidor de productos hipotecarios y la creación de una Entidad Pública de Crédito de Andalucía, la famosa banca pública cuya paternidad se disputaron los socios en la anterior legislatura.

Finalmente, los socialistas abordan dos de las líneas rojas podemitas, la exclusión de las entidades bancarias que ejecutan desahucios y las medidas radicales contra la corrupción con dos ofertas desarrolladas, respectivamente: la legislación referida en materia de productos hipotecarios y un sistema público de mediación en casos de desahucio y cláusulas suelo, y en el caso de las políticas contra la corrupción, la implantación y dotación de las Oficinas de Prevención del Fraude, de la Ciudadanía (con sede en el mismo Parlamento) y una legislación que excluya la posibilidad de puertas giratorias. Completa la oferta de diálogo (que no es excluyente ni innegociable, sino abierta a las propuestas de Podemos) una Carta de Derechos y Deberes de los Usuarios de Servicios Sociales necesaria para agilizar y dar virtualidad a las políticas de apoyo en esa materia.

Cuando anoche Podemos hizo pública la detallada oferta socialista, lo hizo junto a su propuesta inicial, la de las líneas infranqueables (según momento o dirigente). Y las redes sociales no hicieron esperar su respuesta. Basta entrar en Twitter para comprobar como existe un amplio rechazo entre los seguidores de Podemos Andalucía a cualquier tipo de acuerdo de investidura con los socialistas. Las bases dicen no, mientras que la delegación negociadora, integrada por Luis Alegre y Manuel Garí, acudirá dividida entre el mayor posibilismo del secretario de organización de Iglesias y la mayor inflexibilidad del veterano economista, hombre de la máxima confianza de Teresa Rodríguez. Las posturas son claras y han abierto una división difícil de disimular en la tercera fuerza política andaluza. Los herederos de la lógica anguitista recuperan la defensa a ultranza de la doctrina de las dos orillas y se posicionan en la imposibilidad de acuerdo con ninguna de las fuerzas del malhadado bipartidismo, esto es, la famosa casta. El mensaje de este sector es bien claro: una cosa es ser responsable, otra dejarse engullir por el sistema, y afean a la dirección nacional y a la dividida dirección autonómica la no celebración de una consulta a las bases, muy desmotivadas (*).

Por otro lado, existe un sector, identificado con el núcleo duro (el Clan de Somosaguas) que se mueve en una dirección opuesta. Que una vez situado el partido-movimiento en la representación institucional quiere abandonar el discurso asambleario por otro acorde a las nuevas circunstancias: creen que permitir la gobernabilidad en Andalucía les daría una pátina de moderación muy favorable a sus intereses. Conscientes de que el descontento con la política no implica un ánimo de ruptura y con el aliento en el cogote de Ciudadanos, el pragmatismo se abre paso. No en vano, Iglesias y su sanedrín son conscientes de que su posición determinará también otros acuerdos tras la maratoniana jornada de las Autonómicas. Queda también el precedente de la legislatura 1994-1996: el electorado castigaría una eventual pinza fraguada ya en el mismo momento de la investidura. Una repetición de elecciones autonómicas no es vista con buenos ojos por ninguno de los actores políticos. El Partido Popular saldría mortalmente herido de esa posibilidad, Podemos podría ver apagada su estrella (**), Izquierda Unida colocarse en la senda de UPyD, y y hasta Ciudadanos podría ver ralentizado su meteórico ascenso. Escenario hipotético que tendría como resultado un mejor resultado electoral para el PSOE y, por desgracia, un mayor desafecto de la ciudadanía.

El PSOE ha jugado en estas horas muy bien sus bazas, especialmente contestando al actor político decisivo, Podemos, en su propio lenguaje. La pelota está hora en su tejado y las próximas horas serán decisivas. Estamos en un nuevo escenario definido por el concepto de consenso. Pero hace no muchas jornadas, el maestro Iñaki Gabilondo alertaba sobre lo que él define como tacticismo viejuno; esto es, la tendencia, en época en la que el acuerdo va a ser necesario en cada momento del proceso político, en moverse fundamentalmente en términos de electoralismo cortoplacista, afeando especialmente la postura en las fuerzas de la nueva política, las que han venido a dar una giro de 180º a la situación, este tipo de estrategia antigua y estéril en términos prácticos. Como afirma Ángel Valencia, “está claro que mientras sigamos contemplando el juego de pactos resbaladizo gracias al tacticismo electoral poco podremos saber de exigencias de responsabilidad política, controles políticos y transparencia y, sobre todo, no sólo de regeneración… Me temo que vamos a tener que esperar un poco más, al menos en Andalucía, para poder ver qué dirección toma el cambio. Probablemente, todo el año electoral para que salgamos de esta dinámica de pactos y tácticas. Entonces, quizá comience la ‘nueva política’. Veremos”.

 (*) La desmotivación de las bases de Podemos en Andalucía (y probablemente en el resto del Estado), probablemente motivado por un resultado electoral que, siendo muy bueno, no alcanzó ni de lejos las propias expectativas, ha tenido un reflejo rotundo en proceso de elección de su dirección autonómica. La participación se cifró, finalmente, en un raquítico 11,6% de los inscritos.

 (**) En la imagen de Podemos como souflé que se desinfla abunda hoy nuestro Ignacio Urquizu en un artículo en El Diario que durante toda la mañana triunfa en Twitter como TT: ¿Ha perdido Podemos su oportunidad? Me quedo con una conclusión que comparto: “Los dirigentes de Podemos supieron diagnosticar el desencanto de la ciudadanía, pero no han sido capaces de ofrecer una alternativa realista de modernización del país”.  

http://www.eldiario.es/zonacritica/Perdio-Podemos-oportunidad_6_376972305.html