Descolocados

Barañain

Como si el desafío soberanista catalán hubiera descolocado un poco a los  políticos vascos, la campaña electoral transcurre sin despertar un especial interés en la ciudadanía. Si no fuera por las portadas de los periódicos y los minutos que los noticiarios de tele y radios dedican al asunto, nadie diría que estamos en campaña.  La crisis catalana ha desplazado el foco de interés robándonos protagonismo a los vascos justamente ahora que nos llegaba el momento de gloria de tener al resto del país pendiente de nuestras volteretas. Y encima, dada la complejidad del mapa político vasco, todos asumen que no será aquí sino en el escenario gallego donde, en todo caso, se valorará la respuesta ciudadana a la política del gobierno de Rajoy.

El PP de Basagoiti empezó defendiendo las políticas del gobierno central como única forma de salir adelante tras la herencia de Zapatero para, a las primeras de cambio, centrar su campaña en la amenaza del soberanismo vasco: la agenda oculta de Urkullu es un nuevo plan Ibarretxe que trataría de sacar adelante con el apoyo de Bildu. “Si tu no vas (a votar) ellos ganan”, fue uno de sus primeros eslóganes de campaña (por cierto, un claro plagio de un lema usado hace unos años por el PSC). En algún sitio han difundido carteles con el mensaje de que “PP+Zu (tú) somos mayoría”, y ese “Zu” aparecía en un recuadro rojo que evocaba inmediatamente el logotipo socialista. Para que no quedaran dudas, el propio Basagoiti no tenía reparo en reconocer que debería rehacerse el pacto constitucionalista para frenar la ofensiva del soberanismo y que no le importaría reeditar el apoyo al PSE. ¡Eso lo ha declarado quien con su denuncia del pacto con los socialistas propició la convocatoria electoral anticipada! A la vista de semejante estrategia, podrían haber hecho uso de  otro mensaje electoral: “Si tu no vas (a votar)…lo entenderemos perfectamente”.

El PSE, en coherencia con el discurso mantenido a  lo largo del último año, empezó enarbolando la defensa del “modelo Euskadi” frente a la crisis,  que demostraría que es posible afrontarla sin desguazar la cohesión social y el estado de bienestar. El lema de campaña “estamos a lo que hay que estar” (frente al paro, defendiendo la sanidad y la educación públicas, garantizando la convivencia, etc.) enfatizaba la intención socialista de no entrar en debates ajenos a las necesidades y preocupaciones reales de los vascos y centrarse en las políticas frente a la crisis. Es más, resulta que tras todo un año de áspera polémica entre el gobierno vasco y las instituciones forales (sobre todo la nacionalista Diputación de Vizcaya) a cuenta de la necesidad de redefinir una política fiscal nueva (los impuestos son competencia de las diputaciones aunque la mayor parte del gasto público corresponde ejecutarlo al gobierno), algo a lo que el PNV se resistía, en vísperas de la campaña Urkullu hizo suyas propuestas concretas que hasta entonces solo habían formado parte del vocabulario socialista. Eso hacía suponer que la contienda electoral podría situarse en ese terreno; una ilusión fallida.

Aunque la propaganda electoral socialista sigue invocando ese “estar a lo que hay que estar”  Patxi López, un día sí y otro también, no para de interpelar a Urkullu para que se atreva a desvelar su plan soberanista. Tal y como sostiene José Luis Zubizarreta -en un artículo publicado en El Correo -,  “los socialistas han sucumbido a la tentación de buscar la confrontación en el terreno más querido del nacionalismo“. Pero, además, lo hacen por un camino que “evita definir su propia postura en el debate real“, limitándose a alertar – a la defensiva-, de los riesgos que comporta para los vascos volver a debates que les dividen. Ni los nacionalistas vascos ni el PP parecen especialmente preocupados por esta deriva de la contienda electoral. ¿Qué ganan con ello los socialistas?

Urkullu no se da por aludido y a la vez que rechaza mantener cualquier debate con sus contrincantes evita aclarar sus prioridades. Empujado a mostrarse solidario con la apuesta soberanista de CiU no arriesga más de lo imprescindible en esa tarea. Al PNV le hubiera gustado poder desacreditar la gestión del gobierno de Patxi  López pero -a falta de datos objetivos -, es complicado hacerlo sin mostrar a las claras su identificación con las recetas de Rajoy y De Guindos. Al indefinido PNV le viene bien en cualquier caso, este ruido ambiental. Que si los catalanes por aquí, que si el referéndum escocés por allá, que si las provocaciones de Wert, bla, bla, bla… Por otra parte, entrar al cuerpo a cuerpo que buscaba  Patxi López  – sobre cómo afrontar la crisis -, les hubiera obligado a mojarse más de lo que su ambigüedad calculada podía tolerar.  Su insistencia en denunciar el agujero en las finanzas públicas que se estaría abriendo en Euskadi  parece presagiar su voluntad en poner en marcha un ajuste duro cuando gobiernen. En realidad, nadie sería hoy capaz de saber si el PNV comparte el diagnóstico y la terapia de Rajoy y Guindos frente a la crisis. No hay un compromiso claro sobre el mantenimiento de las políticas sociales que ha venido abanderando el gobierno vasco de López. Lo único en lo que insisten es en su convicción de que gestionándose desde aquí y por los de aquí esta crisis, todo saldrá mejor. Por arte de magia.

“Compromiso” y “aurrera” (adelante) son los lemas peneuvistas. No puede decirse que se hayan esforzado mucho. Algún entusiasta señaló el paralelismo entre ese “aurerra” y el “forward” de Obama. Pero si puede ser lógico que un gobernante que aspira a la reelección defienda seguir adelante, con más de lo mismo (“four years more”) no lo parece que invoque una continuidad quien quiere desbancarle. Dirán los nacionalistas que ese “adelante” es otra cosa, una invitación al Pueblo Vasco a seguir la senda marcada por su destino histórico (como cuando el lema “un país en marcha” se colocó junto a los logotipos y membretes en todos los documentos oficiales del Gobierno Vasco en la aciaga época de Ibarretxe). ¡En fin,  yo que sé…! ¡Es complicado adentrarse demasiado en los vericuetos mentales de los nacionalistas cuando se ponen el uniforme de campaña electoral! A ellos mismos les debe parecer desangelado esa publicidad, así que en un alarde de modernidad y cosmopolitismo han incorporado sobre la marcha una campaña con el lema “I am basque” que es, según Urkullu, como nos presentamos los vascos cuando salimos al extranjero y es lo que identifica a “un pueblo comprometido, pueblo plural y abierto”. Cuando sepa que quiere decir eso de que los vascos somos un pueblo comprometido (¿que tenemos novio/a?), se lo cuento, palabra.

¿Y Bildu? Bien, gracias. Poco más se puede decir. Comprenderán que  da mucha pereza ponerse a analizar discursos majaderos como el de su candidata Laura Mintegui para quien la actual democracia es igual que el franquismo porque solo ha sufrido cierto barniz, lifting y trabajo de chapa”. (Y dicen de ella que es doctora en historia, además de psicóloga; no digo más). Obligados a reclutar rostros nuevos – por la necesidad  de evitar listas “contaminadas” -, cuando se trata de concretar propuestas sectoriales  que vayan más allá de las recurrentes proclamas soberanistas destilan un estilo naif que en otro contexto podría sonar casi encantador. Pero allá donde gobiernan lo naif se reviste, a las primeras de cambio, del fanatismo autoritario en el que están educados. Las primeras encuestas ya han puesto de relieve (algo de esto comenté en mi artículo previo) lo ilusorio del supuesto sorpasso respecto al PNV que podrían protagonizar (en El País se informaba de los pronósticos electorales con el titular de que  “sólo el PNV frena a Bildu” alimentando esa  tontería del voto útil peneuvista para evitar un lehendakari abertzale).  Pero aunque no sea tan fiero el león como lo pintan, ni mucho menos, son sin duda los abertzales los más beneficiados por el desenfoque de la campaña electoral. Entre delirios soberanistas y excursiones a Escocia casi nadie habla ya de la extravagante gestión que llevan a cabo en Guipúzcoa. El PNV  hubiera podido centrarse en desacreditar la labor institucional de Bildu pero entonando ambos la misma melodía soberanista  sus críticas a Bildu suenan a pellizcos de monja. Las expectativas electorales de la izquierda abertzale siguen siendo buenas  (aunque vivieron tiempos  mejores) y se beneficiarán del abstencionismo del electorado socialista para encaramarse al segundo puesto en el ranking de diputados.

(Un último apunte obligado: la versión “oficial” de Izquierda Unida – “Ezker Anitza” -,  está encantada con ese pronóstico del CIS de que pueden sacar hasta  tres diputados. Es muy dudoso que los encuestados  hayan sido capaces de diferenciar esa fantasmal “Ezker Anitza” de la  “Ezker Batua” de Madrazo (los que disfrutaron con el tripartito de Ibarretxe) e identificarla con la Izquierda Unida de Cayo Lara, sin ayuda de los encuestadores.  Vamos, que no me lo creo).