DePRISA

Padre de familia

 

Deprisa se desliza hacia el abismo el mayor grupo de comunicación de nuestro país, lo cual no debe ser motivo de alegría por mucha que sea la antipatía que algunos de nosotros podamos tenerle a Juan Luís Cebrián, responsable de la debacle financiera en la que se encuentra sumida PRISA a fuerza de despropósitos.

 

Seguro que muchos de ustedes escuchan la SER, como la generalidad de los españoles: prácticamente todos los programas de esta emisora doblan en audiencia a la siguiente en el ranking. Por no hablar del sinfín de emisoras de gran audiencia en Latinoamérica y EEUU controladas a través de Unión Radio. Qué decir de El País, buque insignia de la prensa de la democracia y primer diario internacional en español en términos de credibilidad e influencia. Como también muchos de ustedes habrán estudiado con libros de texto Santillana – como servidora – o se los comprarán a sus hijos cada septiembre. De la misma manera que muchos serán abonados de Canal Satélite y el que más y el que menos habrá algún día consumido Cuatro, bien versión ursulina con Sor Iñaki, bien opción despelote con Pablo Motos.

 

 

 

Lo cierto es que PRISA, para mayor gloria del fallecido y vilipendiado Jesús Polanco, es un emporio empresarial basado en productos de información y comunicación muy sólidos. Y sin embargo…

 

Legión somos los que en los últimos años nos hemos ido decepcionando con la pérdida de objetividad de El País, antaño capaz de separar información y opinión en la estela de la mejor tradición del periodismo anglosajón. Qué lejos aquel inicio brillante y valeroso en el que la redacción hacía frente al golpe del 23F y tenía un papel predominante en la fijación de la línea editorial. La querella contra Polanco y Cebrián a cuenta del descodificador de Canal + marcó el inicio del fin. El País no pudo mantenerse al margen de la ofensiva del aznarato contra la empresa y empezó a tomar partido también desde las páginas de información. Los mismos periodistas te lo reconocían, admitiendo que las distancias con El Mundo se habían recortado sustancialmente, si bien aducían en su defensa que les habían puesto contra las cuerdas. Finalmente ganaron la batalla contra el juez prevaricador e incluso la empresa salió bien parada cuando Alierta llegó a Telefónica y les vendió Vía Digital a precio de saldo. Pero El País nunca recuperó el nivel de objetividad anterior.

 

La SER siempre fue otra cosa. Siempre combinó el mejor entretenimiento radiofónico con la agilidad informativa, que no con la objetividad, porque siempre fue muy parcial sin llegar nunca a ser la emisora del PSOE, o de un sector del mismo, como sí lo es la COPPE, por ejemplo.

 

Canal + también se distinguió de las demás cadenas privadas desde el principio, y no sólo por ser de pago. Rompió moldes, tanto introduciendo el porno como llenando los estadios de cámaras para retransmitir los partidos de futbol desde ángulos insospechados hasta ese momento, aderezados con los comentarios de un inglés que sabía tanto de futbol como poco de castellano.

 

Nada que ver con la muy posterior llegada de Cuatro. Hombre, no es la peor televisión de España, ni mucho menos, pero francamente, no se distingue demasiado de las otras. Sí, de vez en cuando programan series de “calidad”, como House, pero lo hacen mal (sin posibilidad de escucharla en versión original) y tarde (en Fox van varios capítulos por delante). Lo mejor, sin duda, el informativo de la noche que, sin embargo, adolece de todos los defectos de previsibilidad y parcialidad congénitos de la SER de la que salió el hermano del Ministro en una nueva manifestación del Principio de Peter: era el mejor de las mañanas pero no daba para la tele de noche, al menos no a estas edades.

 

Pero la cuestión no es la mayor o menor calidad de los vehículos de PRISA, que en todo caso siguen liderando las audiencias. No, la cuestión es cómo una empresa basada en grandes vehículos ha podido ser tan mal gestionada como para estar al borde de la quiebra.

 

Algunos dirán que no han sabido sobreponerse a la muerte del fundador, pero yo sostengo que los males comenzaron bastante antes, cuando fue incapaz de contener la ambición de Cebrián de  trocar la dirección del diario por el lucrativo cargo de Consejero Delegado del emporio. Entre novela y novela y discurso de entrada en Reales Academias, Cebrián ha ido dando tumbos empresariales que han hundido a PRISA en “los mercados” pese a la fidelidad de la audiencia.

 

El tsunami financiero no ha hecho sino poner de relieve una pésima gestión empresarial. Algún accionista de Sogecable recordará cómo después del estallido de la burbuja punto com, las acciones bajaron por debajo de 10 euros. Y sin embargo, cuando la bolsa se recuperó, PRISA lanzó una OPA parcial a 37 euros. El valor volvió a bajar, pero Cebrián se empecinó y quiso completar el control total de la empresa lanzando una OPA de exclusión a 28 euros. Se quedó con toda la empresa con la idea de desgajar la televisión en abierto – Cuatro – del negocio del cable, vendiéndoselo a un operador que estuviera dispuesto a pagar una alta suma por los contenidos contratados en exclusividad. Pero claro, no contó con que el mismo Gobierno que autorizó a PRISA a emitir en abierto, autorizó también La Sexta, que a continuación empezó a competir en la contratación de los contenidos más atractivos en este país: los deportivos.

 

De nuevo la guerra del futbol, como cuando Álvarez-Cascos y Villalonga trataron de montar un imperio rival prohibiendo decodificadores y secuestrando pasaportes. Pero en este caso no había prevaricación sino mera competencia empresarial, a la que PRISA parece que no estaba acostumbrada. Al menos no Cebrián, habituado a la complicidad de la “vieja guardia” del PSOE, que ahora ya no tenía mando en plaza.

 

Para comprar Sogecable, Cebrián endeudó a PRISA de forma bestial, cuando la crisis ya empezaba a acechar. Sacyr, Ferrovial, Acciona, Gas Natural y otras, incurrieron en riesgos excesivos similares, pero han sabido vender activos para mantener el chiringuito en márgenes tolerables. PRISA no: Cuatro aumenta su audiencia lentamente y los ingresos publicitarios se reducen, y nadie da dos duros por un Canal Satélite que este año apenas puede vender partidos de futbol en pago por visión y el año que viene no podrá vender ni uno, cuando Mediapro pase a tener los derechos en exclusividad.

 

Además, se suponía que PRISA no era una empresa cualquiera, una constructora más. Parece que no, al menos con Juan Luís al mando. Pero él como si nada, erre que erre, pregonando su vanidad allá donde quieran escucharle y sentando cátedra como si fuera un modelo de liderazgo empresarial, ayer mismo desde las páginas de El País, que no pudo sino reproducir una entrevista al “líder” en la versión española de Esquire. En ella, Cebrián demostraba vivir anclado en el pasado, atreviéndose a afirmar que “El Mundo no responde a una concepción de la convivencia ni de la vida. Responde a toda clase de oportunismos constantes y ése es uno de los problemas que tiene. EL PAÍS responde a una concepción de la profesión muy definida. Tiene unos principios editoriales e internacionales que te pueden gustar o no, pero que son muy estrictos. Eso es lo que nos ha dado coherencia todo este tiempo”.

 

Falso. Yo aún diría más, es mentira. Al menos desde que Zapatero dejó claro que no se casaba con ningún grupo de comunicación, PRISA a través de El País – y también de la SER – ha actuado en innumerables ocasiones de forma sesgada. El mejor ejemplo lo constituyen sus críticas permanentes a Carme Chacón, no por ser mala Ministra, por ser catalana o por ser mujer, no, sino por ser pareja del ex Secretario de Comunicación Miguel Barroso, amigo personal de Zapatero y responsable de autorizar la licencia a La Sexta (en el mismo acto en el que la recibió Cuatro, todo sea dicho). En realidad, no hay apenas diferencia con la campaña que viene sosteniendo El Mundo contra César Alierta por un asunto de información privilegiada de bolsa que no es sino una venganza por la decisión de aquél de dejar caer el sueño de crear un imperio rival que, ¿adivinan quién iba a dirigir? Acertaron, el ínclito Director de El Mundo.

 

Pero la mejor perla de la entrevista de ayer fue ésta: “Tanto Ignacio Polanco [presidente de PRISA] como yo debemos cambiar la cultura de esta empresa, manteniendo como referencia a la familia, pero incrementando la idea de multinacional cotizada, que es lo que verdaderamente somos.” Al meter al hijo del fundador en el bote, Cebrián nos está diciendo que todos los males de PRISA se deben a que la familia propietaria no ha sabido acometer la transformación en una multinacional cotizada. Es decir, la culpa de que estén al borde de la quiebra es de ellos, si le dejaran las manos libres los inversores se pegarían por las acciones de PRISA, especialmente ahora que están a sólo 2 euros, bien lejos de los casi 20 a los que cotizaba hace pocos años.

 

Pues no. Es posible que Cebrián tenga que engañarse a sí mismo para poder dormir tranquilo pensando que es un gran ejecutivo internacional al que, lamentablemente, no le han dejado explotar todo su potencial. Pero la realidad es bien distinta. El chico era un buen periodista y lo hizo bastante bien como Director de El País, pero no daba para mucho más y desde luego no para comandar una empresa del tamaño de PRISA. No hace falta que me crean a mí, basta con que escuchen a cualquiera de los bancos implicados forzados a renovar la deuda de la empresa para evitar su quiebra. O a los inversores internacionales que muestran interés en comprarla – a precio de saldo, eso sí, dado su negro presente – pero sólo si Cebrián deja de tener mando en plaza.

 

Es una pena porque PRISA era en verdad una empresa diferente, con fin de lucro, por supuesto, pero acompañado de una cierta vocación político-social que le ha venido muy bien a este país. Ahora, en cambio, las opciones son la quiebra o ser absorbida por empresas rivales que a buen seguro no tendrán tanta “conciencia social” como tuvo PRISA en el pasado.