Depresión, desánimo, hastí­o

LBNL

Ayer me desayuné con el Decreto Ley sobre RTVE y conocí­ con algo más de detalle los recortes en sanidad y farmacia. Para quienes no lo sepan, un Real Decreto Ley es una figura juí­dica reservada para los casos de extrema urgencia en los que la situación no permite esperar a que el Congreso refrende la iniciativa legislativa del Gobierno. ¿Dónde está la urgencia para nombrar al nuevo jefe del ente público? Y si la hay,  ¿cómo es que el PP no pactó desde la oposición un nombramiento antes de las elecciones del 20-N? Es un fraude de ley como previsiblemente confirmará el Tribunal Constitucional al que recurrirá el PSOE. Ahora bien, no pasará nada porque para cuando falle el TC, el Congreso habrá validado constitucionalmente el Decreto Ley (en el plazo constitucional de un mes) y por tanto el nuevo jefe de la “tele” y las radios públicas nombrado al amparo exclusivo de la mayoría absoluta del PP seguirá tranquilamente en su cargo.

Corresponde sin duda al Gobierno, y más si dispone de una mayoría absoluta otorgada por la ciudadanía, proponer al nuevo “jefe”. Eso no se discute. El pesar viene de que la reforma gubernamental elimina la necesidad de que sea refrendado por dos terceras partes del Congreso, es decir, permite al PP nombrarlo unilateralmente. Es un claro retroceso en materia de calidad democrática en un ámbito fundamental como es la profesionalidad e independencia de los medios de comunicación públicos, un área en la que Zapatero, pese a todos sus errores, aplicó una mejora sustancial respecto a todos los gobiernos anteriores, de un signo y de otro.

Cabe argumentar que la reforma sanitaria y farmacéutica, como otros recortes, son indispensables para sanear las finanzas públicas, para garantizar la universalidad de los servicios y para evitar un rescate por culpa de la dominación de los mercados. Todo eso es debatible y aunque discrepo, los argumentos son lógicos y racionales.

Nada de eso sirve para justificar el cambio en la mayoría para nombrar a los consejeros y presidente de RTVE. Es un cambio al estilo “porque puedo” y “porque quiero”, revelador del verdadero significado del lema de “derecha sin complejos” frente a la versión que nos dieron de que se trataba de un liberalismo moderno que no debía esconderse ante un sentimiento progresista caduco.

Es un cambio zafio, ilustrativo de otra falsedad: tampoco es cierto que nuestros nuevos dirigentes sean más capaces y estén más preparados que los zapateros, blancos, vibianas y pajines. No hablan idiomas, se desmienten unos a otros constantemente y cometen errores de bulto como la copia literal del decreto de priorización de los biocombustibles europeos frente a los argentinos, citando la extinta figura del Vicepresidente tercero del Gobierno. Su gestión frente a Bruselas de la rebaja del objetivo de déficit fue muy torpe y contraproducente; fue indigna del momento dramático que vivimos su retraso de los presupuestos con un fin electoralista, y encima les salió mal, y todavía siguen aludiendo a la posibilidad de que afloren déficits ocultos sin darse cuenta de que tiran piedras contra su propia credibilidad.

Todo es culpa de Zapatero y sus mediocres, faltaría más,  pero lo de RTVE no puede serlo. Muy a su estilo, una de las primeras cosas que hizo Zapatero fue nombrar una comisión de notables, entre los que estaba Savater, para estudiar cómo mejorar la independencia del ente público, y aunque no llegó nunca a la perfección, siempre inalcanzable, las mejoras fueron notables. Como ahora el deterioro democrático amparado fraudulentamente en una falsa urgencia y un presunto bloqueo del PSOE que Rubalcaba, que ha denunciado cómo le ha engañado Rajoy dando publicidad a un contacto privado, ha demostrado igualmente falso.

Entretanto, nuestra clase empresarial aprovecha la severa reducción del coste del despido propiciado por la durísima reforma laboral realizada por el Gobierno y largamente ansiada por la CEOE, para aligerar plantillas despidiendo a diestro y siniestro, y no sólo para preservar empresas que de otra forma quebrarían, objetivo original de la reforma laboral de Zapatero, cuyas salvedades y garantías Rajoy ha eliminado completamente.

No hay ética ni estética y, ni siquiera eficacia.

Escribo estas líneas en la tarde del martes 24, pocas horas antes de que el Barça juegue la vuelta de su semifinal de Champions League contra el Chelsea con la necesidad de sacar lo mejor de sí mismo para levantar la derrota en Londres. Soy consciente de que mi sentimiento barcelonista quizás empañe mi juicio y también la recepción de mi mensaje en los madridistas o en aquéllos a los que el futbol no les motiva, o incluso les repele. Aún así y aunque parezca absurdo, para mí es muy importante que el Barça consiga pasar la eliminatoria y por motivos que se me antojan más trascendentales que poder celebrar con mis afines esta noche y recordar en el futuro.

El Barça es un modelo, de cantera, de educación parsimoniosa, a largo plazo, de jóvenes jugadores en una estética colectiva, basada en el domino técnico, en el virtuosismo, y también en la eficacia: si mantenemos la posesión de la pelota y nos la pasamos rápidamente, el contrario se desgasta corriendo tras ella y no puede meternos gol porque nunca la alcanza. La teoría es fácil pero el Barça lleva años poniéndola en práctica con éxito, con jugadores criados en casa, casi en familia, lo que, además, le permite ahorrarse las millonadas indecentes que pagan otros por fichajes ajenos. Y lleva años exhibiendo su excelencia por el mundo entero, con resultados sin precedentes.

No estoy hablando de futbol. Para mí es una metáfora, un símbolo, de que en España las cosas se pueden hacer correctamente, con estilo, con calidad y con buenos resultados, de hecho con resultados prácticamente inmejorables.

Tras la derrota del pasado sábado contra el Madrid de Mourinho, que insulta, incluso agrede y juega al victimismo permanentemente, si el Barça pierde contra el Chelsea, el modelo corre un gran riesgo de irse al garete. Incluso ganando tendríamos que poder ganar luego al Madrid en la final, si como es previsible, esta misma tarde consigue eliminar al Bayern.

Lamentablemente soy muy pesimista. El Barça da señales crecientes de agotamiento, físico y sentimental. Quizás no sea así, quizás sea más bien yo el que esté claudicando ante la mediocridad y zafiedad imperantes. España no se va a hundir, pero me deprime profundamente que las cosas se hagan tan mal y con tanta desvergüenza, antes y ahora. Y no tiene pinta de que vayan a hacerse mucho mejor en el futuro.