Democracia y tecnocracia

Ricardo Parellada 

En las últimas semanas parece haber salido un mensaje muy curioso de los aledaños del gobierno: como damos por perdidas las próximas elecciones generales, podemos llevar a cabo con toda determinación las políticas que consideramos más convenientes para España, con independencia de que la opinión pública lo comprenda bien o no. Al estar hundidos en las encuestas y dar por perdida la posibilidad de seguir gobernando tras las próximas elecciones, el gobierno, paradójicamente, experimenta una cierta liberación del día a día, las encuestas y la opinión y puede dedicarse plenamente a gobernar.

 Se trata de un fenómeno parecido a lo que cuentan que ocurre en EEUU y otros países con limitación de mandatos presidenciales: los dos primeros años se gobierna, los dos siguientes se prepara la reelección y, si hay un segundo mandato, entonces el presidente puede impulsar las políticas en las que realmente cree, sin tener que preocuparse por la reelección.

 Naturalmente, esto es una caricatura, pero quizá contenga un gramito de verdad, que yo creo que se asoma en algunos pronunciamientos públicos del gobierno y el partido en el poder. El coste electoral de las políticas impopulares deja de pesar en las decisiones de gobierno, debido a sus bajas expectativas electorales. Liberado del demos, el gobierno tiene más libertad para escuchar a los mercados, la UE, los organismos internacionales, las estrellas de la economía internacional (grandísimos especialistas en predecir el pasado) y, aquí dentro, a los expertos y las instancias contramayoritarias. El gobierno puede compensar con un poco de tecnocracia las servidumbres de la democracia.  

 Los ciudadanos elegimos periódica y democráticamente a quienes nos han de gobernar y a otros jefes diversos. Yo creo que esta elección debe conllevar un voto de confianza. No creo que el gobierno, el presidente de mi club de fútbol, el de la empresa de la que soy accionista ni el de mi comunidad de vecinos tenga que contar con mi aprobación para todo lo que hace. Está muy bien que informen y consulten, pero una cosa es la transparencia y la comunicación y otra que el gobierno tenga que conseguir el beneplácito popular para todas y cada una de sus decisiones. Resulta extraño que la proximidad de las elecciones y las expectativas electorales supongan un corsé para la acción de gobierno y que las bajas expectativas electorales y la imposibilidad de ser reelegido liberen en alguna medida a gobiernos y presidentes.

 Mi propuesta para el caso español es simple: hacer de la necesidad virtud. Es cierto que se viene haciendo, pero a regañadientes y no con decisión. Aprovechemos la tutela europea, cosa que no puede hacer el presidente de EEUU, que se tiene que tragar solito las medidas impopulares. Que el gobierno tome las medidas que considere necesarias. Que se apunte la medalla de las populares y eche la culpa siempre a Europa de las impopulares. Que gobierne en paz y nos vemos en las urnas. Por poner un ejemplo, quizá así habría aprobado la ley antitabaco de una vez y no en dos tiempos, que si sí, que si no, ay, y qué va a decir la gente.

 Un poco de tecnocracia… por el bien de la democracia.