Democracia, República y Monarquía

Drodrialbert

El pasado jueves 12 de junio, el Parlamento español acordó aceptar la abdicación de Juan Carlos I, y se manifestó en contra de realizar un referéndum sobre la forma de Estado, aceptando de esta manera la continuidad de la monarquía en Felipe VI, hijo del anterior Jefe de Estado. Esta sesión del Congreso ha puesto de manifiesto que el PP y el PSOE tienen un concepto muy estrecho de la democracia, por diversas razones. Expongo a continuación algunas de las más importantes.


1) En democracia, el Jefe del Estado ha de ser elegido por el pueblo, no por cuestiones de genética que se remontan al Medievo. Es kafkiano que algo tan obvio no sea asumido por los grandes partidos, y muy lamentable que ya entrado el siglo XXI esto todavía sea objeto de debate en algunos países como España. No sirve hablar de otras monarquías, pues por la misma regla de tres también existen dictaduras en el mundo. Se trata simplemente de determinar si la jefatura del Estado ha de depender del árbol genealógico o del voto, y la respuesta a este dilema me parece evidente.

 2) La negativa a realizar un referéndum no se sostiene desde un punto de vista democrático, por más que se alegue que PP y PSOE ostentan una amplia mayoría. De hecho, una mayoría parlamentaria dura un máximo de cuatro años, mientras que la forma de Estado tiene un carácter permanente. No hay que ser un genio de las matemáticas para darse cuenta de que el Congreso en 2014 no puede decidir sobre algo que se remontará hasta más o menos el 2050 (otorgando a Felipe VI una esperanza de vida de 80 años, pues no es cuestión de desearle ni más ni menos que al resto de sus compatriotas). Asunto aparte es cuánto durará semejante mayoría bipartidista, que ya en las elecciones europeas ha caído por debajo del 50%. Este hundimiento de los dos grandes partidos es el que precisamente ha acelerado la abdicación de Juan Carlos I, hecho que vuelve a demostrar la volubilidad de esas mayorías.

3) Más del 60% de la población española mayor de edad no pudimos votar la actual Constitución. Además, es importante recordar que el debate no se centró en la forma de Estado, sino sobre la continuidad o no del franquismo. La disyuntiva no fue monarquía o república, sino monarquía parlamentaria o dictadura. Por último, es curioso observar cómo PSOE y PP apelan a los elementos más retrógrados de la Carta Magna, mientras que incumplen sistemáticamente gran parte de su contenido social. Y niegan con vehemencia su reforma, cuando en pleno mes agosto de 2011, y por procedimiento de urgencia, el bipartidismo retocó el artículo 135 para servir a los intereses de la troika (tema que podría ser objeto de otro artículo completo).

4) Llegar al extremo de declararse republicano, apoyar la monarquía e impedir que el pueblo vote es una patada ya no a la democracia, sino al sentido común más elemental. La posición del PSOE es incoherente e insostenible. Rubalcaba, un líder que tiene los días contados, ha apelado al pacto de la Transición que acordaron hace ahora 36 años, como si la historia se hubiera detenido en ese punto. Comentario aparte merece el hecho de que PP y PSOE hayan sido informados de la abdicación y además se vanaglorien de ello, mientras que el resto de grupos parlamentarios se encontró con la misma por sorpresa. Otra reflexión adicional, pero que ya sería nuevamente objeto de otro artículo, es el hundimiento progresivo de un PSOE que sigue a marchas forzadas los pasos del PASOK griego, y que en el tema que tratamos se ha vuelto a alinear con la derecha monárquica más carpetovetónica.

5) Finalmente, es importante destacar que la democracia supone necesariamente el respeto a los derechos humanos y libertades básicas, y entre ellos se encuentra el de elegir la forma de Estado. Si existe conflicto entre estos principios universales y una mayoría parlamentaria puntual, deben prevalecer los primeros, y la historia proporciona múltiples ejemplos al respecto. Tal como he comentado al principio, el bipartidismo reinante (si se me permite la monárquica expresión) simplifica la democracia al juego de mayorías y minorías, pero cada vez más partes más importantes de la población reclaman un debate mucho más profundo. Este aumento de la crítica social es el que hace que precisamente se tambalee cada vez más el bipartidismo que sustenta el actual régimen, y sitúan las propuestas de ruptura en el centro de la discusión (otro tema que ya está siendo objeto de artículos que se están publicando en Debate Callejero y en otros medios).