Democracia de King-Kong

Senyor_G

Al Amigo Gagarin.

Como otros viejos pueblos llenos de superstición, nuestro país se dispone a la entrega de sangre y carne humana  al monstruo informe de más allá de nuestras fronteras para tratar de aplacarlo. Si la tradición siempre nos ha hablado de jóvenes y bellas vírgenes, nosotros nos proponemos ofrendar como chivo expiatorio a toda una generación, la de los 70’s, aunque no sólo.

Suenan los mantras de los sacerdotes sacrificiales y sus monaguillos: cultura del esfuerzo, se acabó la fiesta, hemos vivido por encima de vuestras posibilidades y otros cánticos. ¡Sacrificio! ¡Sacrificio! Nos toca ser engullidos por la voracidad insaciable del monstruo. Allá van nuestros votos en forma de recortes: sociales, políticos, económicos y sindicales. Todo a la pira purificadora.

Una generación con la deuda como sambenito que, aunque los profetas del nuevo reino hablen de cochazos y otros lujos, es mayoritariamente deuda hipotecaria. Nuestra generación tuvo que embarcarse en la compra de la vivienda mientras doblaba su precio en pocos años y los alquileres nos producían arrebatos místicos de hilaridad. Se nos ocurrió buscar cierta estabilidad y asegurarnos un derecho básico como el de la vivienda mientras los demiurgos gubernamentales  confiaban su acceso al deificado mercado puro y duro. Adiós al viejo pacto con los dioses del inicio de la nueva era a la muerte del demonio, nos hablaban de mercado para no reconocernos derechos.

Después de largos lustros anunciándonos con 7 trompetas mediáticas el advenimiento del paraíso neoliberal y de excomulgarnos de la razón, del sentido común y hasta de la izquierda a los que no apoyamos Maastricht, Ámsterdam o la constitución europea, no nos llega el cielo, sino el purgatorio y se prevé alguna forma de infierno para unos y para otros.  Entonces se fijaron una gran independencia política y unos objetivos para el Banco Central Europeo, entre los que no estuvo la lucha contra el paro; de hecho se fijó en unas tablas de diamante su antítesis: el control de la inflación. Pero en el año 0 de la pertinaz crisis no les llegó a importar hablar con los infieles de Mao que sí que tenían un banco con control político; algo de herejía siempre le va bien al dogma, sobre todo si va en beneficio de la curia.

Ahora el obispado local de turno continúa la labor iniciada en los albores de la nueva fe, quieren que creamos que remedan una devaluación del “euro español”, nos bajarán los sueldos y los derechos pero no la cruz de nuestras  hipotecas.

Profetizan esfuerzos y sacrificios, de derechos con deber y mil tonterías más, siempre fijando el ojo de dios donde no toca. No hablarán de los esfuerzos de mis amigos doctores en matemáticas o físicas, que acabaron sus carreras en menos de 5 años. Que fueron al extranjero, pero a los que ningún oráculo les va a decir qué les pasará el año que viene. Por tanto les es difícil o suicida pensar en algo de estabilidad para tener hijos  y  un mínimo de proyecto vital normalizado.  Y mientras unos están sufriendo para tener un primer hijo acercándose a los 40, el delegado mariano atenderá atentamente las peticiones de unos padres que o son unos insensatos  o unos fanatizados religiosos que quieren toda la ayuda del reino para las familias numerosas sean cuales sean sus ingresos. La gracia terrenal no debe ser para todos.

Aun esperamos que la justicia divina caiga sobre Millet y CDC por el caso Palau, o sobre un Narcís Serra que ayudó a alzar al cielo la burbuja inmobiliaria y luego dictó el responso para Caixa Catalunya. O en los aeropuertos sólo para ángeles.  Ver para creer en el esfuerzo y los deberes.

Para otro día que alguien rece por los que no tienen formación para ser mileuristas, pero sí derecho a vivir y, de paso, por el pasado de la democracia cristiana. Que yo ahora me preocupo de que los dioses nos pillen confesados antes de ver si los que nos envían al monstruo hecho a imagen y semejanza de sus intereses son del nuevo o del viejo testamento.