Déficit y estímulos

Lobisón

El pasado viernes por la noche se nos apareció a los espectadores en TVE un economista, muy limpio y articulado, de la fundación Fedea. Era la noche del shock por los cinco millones de parados, y los tertulianos le preguntaron por la posibilidad y necesidad de estímulos para relanzar la economía. El economista, con un toque muy británico, respondió que los economistas —no dijo ‘algunos economistas’, para evitar fisuras— tienen reservas respecto a los estímulos, y recomendó reformas estructurales, en especial de la contratación colectiva.

Esta respuesta es muy inadecuada para personas con tendencia a la hipertensión, pero cuando ya estaba recuperándome el moderador me dio la puntilla, preguntando si no sería mejor alargar en el tiempo la reducción del déficit, en vista de que bajar del 8% del PIB al 4,4 en un año podía significar un recorte demasiado brutal para ser viable, y que agravaría en todo caso la recesión y la destrucción del empleo. Esa era la pregunta de moda entre los periodistas el pasado viernes.

Creo que fue Felipe González al primero que le leí haciéndosela, pero fue hace ya una eternidad, cuando la UE, es decir, la señora Merkel, fijó las reglas y los objetivos de la estrategia europea de consolidación fiscal. Ya entonces era demasiado tarde para darle vueltas a estas cuestiones: cualquier revisión de los objetivos y los plazos habría provocado un ataque de pánico entre los inversores, y en todo caso no habría sido aceptada por los entornos económicos de Berlín y Fráncfort.

La cuestión ahora sigue siendo válida, y sigue siendo imposible plantearla en público para los gobernantes. No sabemos de qué hablaron Rajoy y Merkel, pero podemos estar seguros de que Merkel le dejó claro al presidente español que en público sólo debía hablar del irrenunciable propósito de cumplir el objetivo del 4,4% de déficit a fines de este infeliz año nuevo. Sin embargo, no es seguro que eso signifique que las cosas no pueden cambiar.

Lo podemos ver (o no ver) en la cumbre de hoy. La amenaza de una inminente recesión en toda la eurozona podría llevar a una decisión conjunta de alargar el calendario de regreso al déficit máximo del 3%. Lo ha explicado muy bien (como de costumbre) Xavier Vidal-Folch, el día 26, a la vez que recordaba los graves inconvenientes de que el nuevo gobierno español dé muestras de contradicciones y cacofonía en sus mensajes al respecto:

http://www.elpais.com/articulo/economia/funestas/rinas/gallos/elpepieco/20120126elpepieco_2/Tes

Este alargamiento respondería a la creciente convicción de los mercados de que el actual calendario no es realista, y que, en la medida en que agrava la recesión, hace más incierta la capacidad de pago de los países endeudados. No es seguro que los mercados consideren a estas alturas creíbles ni deseables los plazos y objetivos del Plan de Estabilidad.

Pero hay otra posibilidad, que es dejar por ahora el calendario como está e introducir medidas de estímulo para evitar la recesión. De esto hablaba también Xavier Vidal-Folch el día 18:

http://politica.elpais.com/politica/2012/01/18/actualidad/1326911566_759594.html

La idea entonces sería: los países mantienen las políticas de austeridad y los objetivos de déficit, pero la UE hace una política expansiva, y existen los instrumentos para ello. La pregunta es qué saldrá de la cumbre. Mi hijo (economista sin empleo) lo tiene claro: ‘demasiado poco, probablemente, y en todo caso demasiado tarde’. Cabe temer que tenga razón.