Decisiones idénticas con significados opuestos

Millán Gómez

Dos decisiones prácticamente idénticas. Dos opciones con un mismo final. Dos elecciones con un significado muy diferente. Dos determinaciones realizadas por el mismo protagonista. Dos contextos bien diferentes. Dos receptores equivalentes nominalmente. Dos significados extremadamente opuestos.

Este pasado jueves los tres diputados de Izquierda Unida (IU) en el Parlamento de Extremadura se ha abstenido. Este voto ha favorecido la investidura de José Antonio Morago (PP) como nuevo presidente autonómico tras años y años de gobierno socialista. Morago gobernará con mayoría simple de 32 diputados.  En otra zona de España, concretamente en Araba, Ezker Batua (la marca vasca confederada con IU) se votaba a sí mismo y otorgaba, de este modo, que el PP, con Javier de Andrés a la cabeza, se aupase al frente de las Juntas Generales de Araba. El PP contaba con los votos favorables de su propia formación y del PSE. Por su parte, el PNV basaba su intento de investidura en el voto favorable de los diputados jetzales y de Bildu. EB decidió, por referéndum interno, tomar la decisión anteriormente comentada.

En Extremadura, como ya analicé hace unos días en esta misma web, IU ha traicionado a la Dirección Federal y, lo que es más preocupante, a su palabra con argumentos peregrinos en base a rencillas personales y vendettas. Morago sí les ha hecho guiños y ha resultado creíble, IU no. Un gobierno PP-IU en un determinado contexto favorable es una fantástica noticia para la democracia, no así cuando se realiza sin ton ni son. En Euskadi, en cambio esta “aldaketa” (cambio de aires, como la plataforma del mismo nombre liderada por Joseba Arregi) representa un golpe de coherencia y un borrón al pasado. Antes, EB gobernaba con el PNV; ahora, frente a la animadversión predecesora con el PP, han apoyado un gobierno de este partido. Y lo que es más importante, no lo han decidido tres dirigentes con ansia de protagonismo sino las mismas bases de su formación. En un contexto donde uno de cada cuatro españoles desconfían de los políticos, resulta una noticia ilusionante. En otro momento, cuando haya más argumentos encima de la mesa valoraremos la denuncia del PNV según la cual EB pidió trabajo a 43 de sus militantes en la institución pública a cambio de apoyarles. Igualmente, las bases han decidido. Y los dirigentes han escuchado.

Me extraña que los medios no le hayan dado tanta cobertura como merece este tema. Evidentemente, Extremadura es una autonomía y Araba, una provincia, pero el significado que tiene el segundo caso, sin despreciar al primero, tiene un significado que va más allá de lo político y social. Se puede encuadrar en la lucha contra el terrorismo y como la consecución del deseo de algunos por unir frentes en beneficio de todos. EB ha entrado en razón (en la mía, quizás equivocada) pero, desde el punto de vista objetivo, es innegable que supone un cambio de rumbo. Un sector de EB, con Oskar Matute al frente ahora forman parte a través de Alternatiba, de Bildu (no en vano, Matute es su máximo dirigente); otro facción (la que se mantiene en EB en Araba), transmitiendo una decisión de sus militantes, prefieren acercarse al PP.

El PP ya no es un partido apestado en Euskadi. The times are changing, que canta Bob Dylan (el mismo que tocó por la paz junto al fallecido Mikel Laboa hace apenas unos años en Donosti). El convencimiento paulatino de sus ciudadanos de que el unilateralismo y el extremismo no conducen a ningún lado, una nueva generación de dirigentes claros en sus ideas pero sin otitis y una clase política obligada a pactar en una sociedad tan dividida (pero cada vez menos) ha provocado la decisión. No es fruto de la casualidad. Ahora todo se emborronará con acusaciones espurias y sombrías. El tiempo dirá, como también dice otra canción. Hasta entonces, valoremos el meollo del asunto y su profundidad. E indudablemente lo ocurrido en Araba es positivo para quienes, desde que tenemos uso de razón, peleamos con la palabra por cambiar Euskadi y alcanzar la libertad.