Debate y tres momentos de inflexión

Jon Salaberría 

Dos días después del Debate entre los candidatos a la Secretaría General del Partido Socialista (el monotema de Debate Callejero durante varias jornadas, como bien dijo en su último artículo nuestro LBNL), es inevitable seguir haciendo valoraciones del mismo en tanto en cuanto, en un proceso tan peculiar en los usos políticos españoles como embrionario en las formas que presenta, este acontecimiento público puede terminar siendo la cita que decante la decisión de un buen número de militantes indecisos hacia una de los dos candidaturas que tienen realmente posibilidades de prosperar, salvo sorpresa mayúscula: la del madrileño Pedro Sánchez Pérez-Castejón o la del socialista vasco Eduardo Madina Muñoz, toda vez que la candidatura de Pérez Tapias prevé la obtención de un muy buen resultado para la consolidación de la corriente Izquierda Socialista y su alejamiento de la marginalidad interna, un resultado que ya aventura la recogida del umbral de avales necesario para competir, pero es realmente consciente de estar lejos de las posibilidades de victoria. En estos momentos, la ventaja inicial en avales y en apoyos orgánicos de Sánchez Castejón se estima por todos los expertos en asuntos de Ferraz (los auténticos vaticanistas) que no tendría necesariamente correlato en el voto en urna, mucho menos tras el debate, y la victoria se decantará probablemente y en palabras de tango, por una cabeza… Es una primera vía de inflexión. Existe la percepción, muy generalizada en la opinión publicada, de que Madina ganó el debate, de que Pérez Tapias jugó un muy digno papel, muy profesoral y sin corsés, en la exposición de sus argumentos, y que Pedro Sánchez se desinfló en el abuso de la gestualidad y la sonrisa. Pero esta percepción, que comparto, no es todavía definitiva de cara al resultado del domingo. 

Dicho sea esto, pues, con todas las reservas: la fecha de la cita electoral interna de los/as socialistas, un domingo en pleno mes de julio (en el que se juega la Final del Campeonato del Mundo de Fútbol), y las circunstancias que rodean la vida orgánica de un Partido que está en planta hospitalaria, determinan muchas dudas previas en torno a que la participación sea la óptima para considerar la experiencia como un éxito. Existen, de hecho, riesgos si la citada participación no se acerca a guarismos aceptables. Temores fundados de que los sectores del Partido instalados en las más privilegiadas instancias orgánicas y la vieja guardia que nunca vio con agrado este proceso de elección directa del líder del Partido, intenten dar una vuelta a la tortilla en el momento oportuno. De hecho, ya ayer Esther Palomera, recientemente represaliada en La Razón y experta en asuntos de alcoba del PSOE, especulaba con la tentación de que un aparato que ha visto frustrada su planificación inicial (que no era otra que un Congreso a la búlgara con aclamación palmariana de Susana Díaz) intente crear una comisión gestora si la participación es baja o muy baja, considerando no representativo el resultado que arrojen las urnas. Especulación previa al debate de ayer en las páginas digitales de El Huffington Post que ha levantado ampollas en buena parte de la militancia que sigue el proceso y en el equipo de alguno de los candidatos.

Sin duda, estamos planteando aquí una segunda vía de inflexión, y no sólo en la consulta interna que culminará el domingo como primera fase del propio proceso congresual. Estamos en un momento decisivo también en cuanto a la propia supervivencia del Partido Socialista como referente de un proyecto socialdemócrata y central en la vida política española. Recientemente en Málaga, Bernardino León Gross, uno de los hombres más importantes en el impulso del proyecto de Eduardo Madina, alertó de lo que se juega el Partido Socialista en esta cita congresual. Y no es otra cosa que mantener esa posición de centralidad en el juego político que le ha mantenido no sólo como el más importante referente de la izquierda política en España desde la restauración democrática, sino como el principal actor político (de entre todos los posicionamientos posibles) en la profunda transformación social operada en España desde 1977. Mantener esta posición y renovar una opción política progresista con perfil propio y diferenciado frente a las políticas del Partido Popular y a las emergentes opciones de izquierda alternativa sin caer en el discurso (fácil) del populismo es la ardua tarea que espera a los hombres y las mujeres socialistas en este trance. Elaborar lo que Urquizu y Lizoain denominaban en El País como coalición ciudadana contra el inmovilismo. Como bien afirman, evitando que los logros de la Transición bloqueen el nuevo impulso reformista.

Mi impresión en el debate interno, y posicionado como estoy en torno a una de las candidaturas presentadas, es que existen motivos desde la misma para el optimismo. El debate entre los tres candidatos y, antes del mismo, la comparecencia de Eduardo Madina el pasado domingo día 6, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, han sido citas que acreditan la existencia de una opción socialdemócrata sobre el tablero capaz de situar al Partido en la senda de la recuperación de la confianza ciudadana. Es el tercer momento de inflexión, sí o no, en este proceso: la apertura definitiva de las puertas y ventanas a la sociedad y la nueva imbricación entre esa sociedad y un Partido que debe volver a su función original de instrumento eficaz para su transformación. Eso o el fracaso. Una opción socialista clásica en principios y en valores, la de Eduardo Madina, lejos de la telegenia y la corrección política impostada (la convencionalidad orgánica) de una de las opciones y de la falta de adaptación a las circunstancias actuales del programa de la única corriente organizada del Partido. 

Eduardo Madina demostró sobre el atril que uno de sus activos está en la tradición militante más comprometida de las últimas décadas: la de los socialistas vascos. El Partido Socialista ha pasado por situaciones dificilísimas a lo largo de su historia, y el ejercicio de resistencia, de tenaz esfuerzo y de superación de los compañeros y compañeras vascos/as, de los que formó y forma parte, es una garantía frente a los retos que deberá asumir la persona que asuma las riendas del Partido tras este mes de julio.  Demostró que se pueden afrontar perfectamente los retos y las necesidades de reforma del edificio constitucional sin demolerlo y fortaleciendo definitivamente los pilares básicos del Estado de Bienestar, con una constitucionalización rígida de los derechos sociales básicos: educación y sanidad; afrontando el problema territorial con una decisión conjunta de la ciudadanía. Eduardo Madina habló de ciudadanos y ciudadanas, verdaderos titulares de derechos, y acreedores de la acción pública en cuanto a sus necesidades, no de territorios ni de pueblos. Alejado de la tentación centralista y de la no menos perniciosa tentación de dar soluciones insolidarias a los problemas. Solidaridad como imperativo ideológico de la identidad socialista, federalismo como instrumento. Yo no voy a discutir el perímetro de las naciones y las fronteras ningún día a la semana. No voy a decir que España es una nación el lunes y dos naciones el miércoles. Palabras de firmeza en un asunto en un que sobra la ambigüedad y al siguiente posicionamientos de callejón cerrado. El reconocimiento de la diversidad y la pluralidad debe tener su cauce en la atribución de competencias a las autonomías en grado suficiente y garantizando su financiación, siempre bajo los principios de igualdad, solidaridad y cohesión territorial.

Eduardo Madina demostró que se puede hacer política atractiva huyendo de la demagogia y de las categorías generales de moda. Su respuesta sobre los aforamientos (mantenerlos para asuntos relativos a la actividad parlamentaria) desde una argumentación impecable, una total condena de la corrupción y su matiz sobre las puertas giratorias (no a los excesos por todos/as conocidos, pero no a la muerte laboral de quien ha ejercido la labora política) son muestra de ello. Un punto de sensatez muy necesario frente a quienes pretenden la caza de brujas como modus operandi en la regeneración democrática (sobada locución) a la que aspira una sociedad razonablemente harta de muchas cosas.

Y finalmente, Eduardo Madina representa la cercanía necesaria. La sensación (perdida) de que la persona que gestiona las soluciones a tus problemas los siente como propios. La cercanía imprescindible para convertir la casa socialista en el lugar cómodo para una mayoría social que ha sido durante la mayor parte de nuestra historia democrática. Para ello, su énfasis en dos ejes fundamentales de la que debe ser política de los/as socialistas ya en el plazo más inmediato: la profunda democratización del Partido (su compromiso con la consulta individual y con las primarias han hecho posible esta cita) y la lucha tenaz por las políticas de igualdad. Sólo desde esta lucha es posible recuperar el terreno perdido. Sólo en ese ámbito el Partido Socialista será perfectamente identificable. Y es en ese terreno, en el que el socialismo democrático español puede alardear de ser el titular de los logros, donde algunas decisiones han difuminado el perfil identitario de la organización y se ha perdido afecto ciudadano.

Fin de campaña con una triple inflexión, pues. Con dudas y temores, sí. Pero con la esperanza de que la solución más democrática, inclusiva y posibilista que se ofrece determine un giro definitivo a la situación del Partido Socialista. Con la satisfacción, además, de ofrecer un ejemplo de participación que es único y que sólo por sí mismo merece la pena.