De pistoleros sin causa

Frans van den Broek

Entre la novela de caballerías y la novela de vaqueros media, como diría Foucault, una episteme o más de una, para ser exactos. Ya el Quijote atestigua el cambio desde una visión ideal y platónica a una visión llena de polvo, absurdo e ironía, que es lo que pasa cuando la mirada se vuelca del cielo al humus existencial del ser humano. Varias revoluciones más tarde, cuando Los Estados Unidos de América tienen que hacerse de una identidad y de una justificación -que son a menudo lo mismo- la novela de vaqueros aparece como uno de los medios expresivos más aptos para reflejar el tenor íntimo e ilusorio de la colonización y la independencia -de los blancos con relación a otros blancos, pues los indios jamás la conocieron-, la contraparte narrativa de los padres fundadores y el Mayflower. Si éstos se amparan en la gracia divina y el puritanismo, los vaqueros apelan a la sustancia más cruda del individualismo, allende el imperio de las leyes y los resquemores de la conciencia, aunque aureolados en trazas de heroísmo secular. A lo largo de su historia, no obstante, el género se ha nutrido, sabiéndolo o no, de sus orígenes y ha vuelto la mirada a los arquetipos y las ideas, bien en forma o en contenido, como exploración ética o fábula metafísica, y la novela que comentaré a continuación pertenece en cierta medida a este tipo, si bien de una manera peculiar.

Suele decirse que lo más oculto a nuestra conciencia es aquello que es obvio, pues deja de interesarnos. Tal vez por ello, Patrick deWitt, el autor de “The Brothers Sisters”, decidió hacer del lenguaje mismo el principal protagonista de esta breve novela de pistoleros, en contravención de las convenciones del sub-género que exigen del lenguaje sobre todo funcionalidad narrativa al servicio de la anécdota o argumento, no particularidad estética. La novela cuenta la historia de los hermanos Sisters -primera ironía de esta obra llena de humor y sarcasmo-, pistoleros al servicio de un tal Commodore, una especie de mafioso o potentado al que todos temen y cuyos tentáculos se extienden por toda la región. Su trabajo consiste en amedrentar o, de ser necesario, eliminar a quienes tienen cuentas pendientes con el jefe, y son por ello famosos en el Oeste americano, un Oeste desastrado y confuso en el que rigen las leyes de la supervivencia animal. La novela empieza cuando los hermanos se embarcan en el que sería su último trabajo, buscar a un tal Hermann Kermit Warm para asesinarlo, pues está en deuda con el jefe, por razones no del todo claras y que no les compete saber. La novela se convierte entonces en un trayecto aventurero en el que se encuentran con personajes de toda calaña, desde una bruja a una bella tuberculosa, y durante la cual se va desvelando la vida de los hermanos y desplegando un panorama a la vez vulgar y onírico, el Oeste de la fiebre del oro y la expansión urbana. Los hermanos han escogido esta ocupación llevados por las circunstancias, ya que el hermano mayor había matado al padre para salvar a la madre de un padre abusivo siendo ambos todavía adolescentes y viéndose obligados por tanto a huir. El hermano mayor es inclemente y excesivo, sin temor a nada ni a nadie, y dado a las borracheras. El menor, empero, es meditabundo y atormentado, con regulares visitas de la depresión y la duda, y desea cambiar de vida. Es también enamoradizo y romántico, aunque irremisiblemente ingenuo en este ámbito de vida, mientras que el otro es práctico y perentorio, de fácil trato con prostitutas. Lo que los une, aparte de un amor fraternal que no deja de conmover, es la manera de hablar que tienen, más propia de profesores que de pistoleros, que se transmite a toda la novela, pues está narrada desde el punto de vista del hermano menor, el más reflexivo y filosófico de los dos. El tono recuerda a Tristram Shandy y más aún a Don Quijote, enzarzándose en elegantes coloquios en medio de situaciones absurdas o violentas. Pero a lo que más recuerda, o al menos eso me pareció, es a los hermanos Cohen, por la combinación de retórica ampulosa y violenta comicidad. Es también una historia trágica, pues hay en ella muchos muertos y no poca derelicción existencial.Â

En sus trajines descubren que lo que ha llevado al jefe a encargarles la muerte de Hermann no es la traición o el endeudamiento, sino el hecho de que esta persona no haya querido compartir con el jefe una fórmula secreta para hacer que el oro brille en los ríos y permita una más fácil recolección, algo que acaba pareciéndoles mal a los hermanos, no desprovistos de conciencia moral o de escrúpulos. Al final deciden unirse al minero de la fórmula secreta y abandonar al jefe, con consecuencias que dejaré al deleite del lector. La novela, como dije, navega un territorio más simbólico que realista, pues está llena de anacronismos y mecanismos distanciadores, como el propio lenguaje o la naturaleza de las aventuras y de sus extraños habitantes, y retoma con ello algo del carácter de las novelas de caballería originales. Pero se mantiene muy cerca de la psique de sus personajes, a quienes escruta con precisión en sus reacciones y pensamientos, la mayoría de una sofisticación que desdice su condición de matones. Dada la naturaleza y abundancia de este tipo de libros, es difícil ser original, pero el autor lo logra por medio de estos y otros mecanismos retóricos, y consigue llevar al lector no sólo a un lejano oeste de alicaída fábula, sino a universos estéticos y psicológicos que sorprenden sin dejar de entretener. Hay pasajes memorables, como la extracción del oro del río, o la representación de un San Francisco incipiente y caótico que descuadra el ánimo de los hermanos. Algunos personajes secundarios ameritan su propia novela, como la niña que envenena al perro del vecino por haberlo visto en su sueño de modo amenazante o el propio minero genial, Hermann, de padre alemán psicópata. La tarea de traducción no será simple, sin embargo, pues buena parte del humor procede del uso irónico y elegante del lenguaje, y solo alguien que también sea escritor en español podría realizarla sin desmedro, supongo. Como fuera, de seguro que será una obra bienvenida cuando aparezca y no me extrañaría que los mismos hermanos Cohen o algún epónimo suyo ya hayan comprado los derechos de la película que parece inevitable se filmará algún día basada en ella. De una u otra forma, el mundo hispanohablante escuchará de los hermanos Sisters y sus meditaciones peregrinas.