De nuevo los impuestos: ¿qué piensa la gente?

Alberto Penadés 

Me temo que lo que piensa la gente no es lo más importante, y tampoco voy yo a ser el portavoz del público en unas líneas, pero siempre vale la pena preguntarse por la opinión de los ciudadanos. A primera vista, al menos, pasan cosas paradójicas, como que los más ricos creen que se paga poco, mientras que los menos pudientes dicen lo contrario; que todos creen que se paga injustamente; que todos creen que habría que gastar más… Vamos por partes. 

Según los barómetros de Opinión Pública y Política Fiscal del CIS,  la presión fiscal percibida es ahora la más baja en las dos décadas para las que hay datos comparables. Desde 1992, cuando el porcentaje que pensaba que en España se pagaban “muchos impuestos” llegaba al 77%, la cifra fue descendiendo de año en año hasta 1999, quedando en 56%. De pronto, durante toda la siguiente legislatura, ascendió en 10 puntos, con el primer gobierno de Zapatero bajó unos 7 puntos y, en 2009, ha vuelto a bajar un poco, hasta el 54%. Evidentemente, la percepción de la presión fiscal está mediada por muchas cosas, y su evolución refleja la influencia de esos factores más bien que las variaciones de dicha presión. Con todo, primer dato, la presión se percibe ahora como históricamente baja.

Ni a los españoles, ni a nadie, les gusta que les cobren impuestos (ni facturas, si a eso vamos). Pero, sobre todo, parece que no les gusta lo que reciben a cambio: el 54% creen que pagan menos de lo que reciben, y el 51% creen que la sociedad se beneficia poco o nada de los impuestos. De hecho, una clara mayoría de españoles demanda, como cuestión de opinión, una expansión del gasto público en todas las áreas menos defensa (donde son más los que lo limitarían) y obras públicas (donde hay división a partes iguales). En todo: sanidad, educación, desempleo, pensiones, justicia, medio ambiente, seguridad ciudadana, vivienda… Y eso que la demanda expresada de gasto público ha descendido, con respecto a los años anteriores, en todas las áreas salvo la protección para el desempleo (y defensa, por cierto), lo que también es indicio de que no se responde a ciegas. Sabemos que la demanda de gasto público es difícil de medir (ni por encuestas ni de otra forma), pero un indicio sí que es. La gente quiere que su dinero se gaste en las cosas que le preocupan; es más posible que piensen que se gasta mal a que piensen que no se debe gastar, o recaudar.

La ciudadanía tampoco parece muy convencida de que el modo de recaudación sea el ideal. De hecho, el 78% de los entrevistados no creen que los impuestos se cobren con justicia, en el sentido de “pagan más los que más tienen”. Una cifra  que siempre ha sido muy alta pero que, tristemente, ha subido cinco puntos en los últimos cinco años, y que está muy cerca de emparejarse con su máximo (al comienzo del gobierno Aznar). Y esto no refleja disgusto por los impuestos, pues incluso el 74% de quienes consideran que reciben más de lo que pagan con sus impuestos creen que son injustos en el sentido antedicho.

¿Y el famoso IVA? Pues resulta que es de las pocas cosas concretas que se preguntan siempre: si hubiera que subir algo, qué le duele menos, el IVA o el IRPF. Para el 40% lo peor sería subir el IVA, para el 37% el IRPF. Dudo mucho que los impuestos se modifiquen para satisfacer a la opinión pública, que igual no sabe de efectos distorsionantes, pero subir los indirectos no parece que vaya a mejorar su imagen. La gente lo nota.

No voy a sacarle las sumas a nadie con estos datos. Ya compartí algunas preguntas sobre los impuestos progrerregresivos en julio pasado (cuando se hizo la encuesta que comento, por cierto). Para terminar quiero apuntar otra inquietud sobre la percepción de los impuestos: son los económicamente más débiles (salvo los jubilados y los jóvenes), así como las mujeres, quienes más se resienten, en sus opiniones, de los impuestos; mientras que quienes tienen mejores dotaciones, y los hombres, los encuentran más llevaderos. Se mida como se mida (hay varias posibilidades) entre la clase media/alta y la alta son minoría (en torno al 45%) los que creen que se paga “mucho”. La probabilidad de resentirse de los impuestos es al menos 10 puntos superior para un parado, o para un obrero cualificado, y 20 puntos superior para un ama de casa, o para un obrero sin cualificación.  

Digo yo ¿no debería ir al revés? O, como mínimo, ¿no debería la clase social ser neutral, si pagaran más los que más tienen? Muchas opiniones son neutrales con respecto a la condición socioeconómica (por ejemplo, si se cree o no que los impuestos son justos). Esta no. Y el efecto no parece ser causa de otras variables, pues teniendo en cuenta la ideología (los más de izquierdas se quejan bastante menos, en promedio), la educación (los más educados, también), y hasta el recuerdo de voto (los del PSOE, lo mismo), tanto la clase social como el sexo del entrevistado siguen marcando significativamente la respuesta. Podría ser una extraña consecuencia añadida del pesimismo económico por la crisis (adivinen quién es más probable que piense que los impuestos no le sirven para nada a él/la ni tampoco a la sociedad: una persona en paro, lo que  es verlo negro…), pero ni con crisis esto debería ser así. Me consuelo pensando que nada debe ser más regresivo que una crisis, y que por tanto habrá que apechugar, pero no sé si es consuelo o ilusión.