De nuevo, el raca-raca”.

Barañain

Juro que no era mi intención reintegrarme al Debate Callejero después de largo paréntesis volviendo sobre el monotema. Sólo una maldita casualidad ha hecho que esta vuelta haya coincidido con la enésima vuelta de tuerca de Ibarretxe; su “raca-raca”, como diría el impagable Peridis.

Uno pretendía entretener a quienes se asoman a este espacio de debate con algo ligero, colorista, adecuado al tono vital con que la mayoría del personal afronta el verano y no castigarles con una nueva mirada sobre lo más plomizo de nuestra vida política.  No ha podido ser. ¿Cómo resistirse a comentar la última sobreactuación del más tramposo de nuestros profesionales de la política?

A falta de otra sustancia, el señor Ibarretxe ha decidido hacerse un hueco en las portadas de los medios informativos a base de sobreactuar. Es lo que mejor sabe hacer. A estas alturas ya no le bastaba con poner su mejor cara de Mr Spock reiterando su  retórico “¿que hay de malo en esto?”  (y haciendo oídos sordos a quienes se han empeñado en contestárselo hasta la saciedad). No, ahora, para alimentar la espiral de emoción que exige el guión, ha decidido jugar a tope la carta de la sobreactuación y la palabra gruesa.

Como es lógico, y está establecido en la norma legal que lo ampara, el recurso del Gobierno de Zapatero al Tribunal Constitucional va acompañado de la explícita solicitud de suspensión de la Ley aprobada por los nacionalistas –más el aditamento folklórico de la izquierda necia que en Euskadi actúa como comparsa de Ibarretxe-, con el concurso necesario del abertzalismo violento. A juicio de Ibarretxe, esa suspensión mientras el TC se pronuncia sobre el recurso, “constituye un ataque directo a nuestra autonomía y la suspensión de hecho de nuestro autogobierno”. ¿Suspendido de hecho el autogobienro vasco? Pues nadie ha notado tal cosa. Es más, nos consta que incluso el señor Ibarretxe sigue no-trabajando en su despacho de Ajuria Enea, exactamente igual que la víspera de su anuncio.

Por si fuera poco, Ibarretxe ha decidido añadir  a ese tremendismo  unas gotas de inconsistencia lógica al declarar que instará al Tribunal Constitucional a que decida antes del 15 de septiembre, fecha prevista para convocar la consulta soberanista o, de no ser así, a que  levante la suspensión. No es de recibo que después de retrasar cuanto ha podido la publicación del proyecto de Ley de Consulta en el Boletín Oficial del País Vasco se permita ahora meter prisa a los demás, planteando un ultimátum, nada menos que al Tribunal Constitucional, para que se pronuncie sobre la consulta antes del 15 de septiembre. Porque por algún extraño motivo –que por supuesto Ibarretxe no ha considerado preciso aclarar a la afición-, si el TC no se decidiera a tiempo se estaría ante “un fraude democrático inmenso”, pues la consulta perdería su vigencia haciéndola imposible.  Estaríamos, según él, “ante un despropósito democrático”. Así, con un  par… Ahora bien, ¿por qué la vigencia de tan extraordinaria iniciativa de participación ciudadana –que de eso se trata, según el  lehendakari-, depende de que se lleve a cabo en esa precisa fecha? ¿Qué hay de malo –por utilizar su mantra favorito-, en posponerlo hasta el pronunciamiento del alto tribunal?  No se molesten en esperar repuesta alguna al respecto. Tremendismo e incoherencia: Ibarretxe en estado puro.

Está por ver cual será la respuesta que preparan Ibarretxe y los suyos pero todos parecen creer que incluirá un nuevo intento de confrontar la  legitimidad del Parlamento Vasco con la del Gobierno Central lo que, para que fuera viable,  precisaría nuevamente el apoyo de la minoría abertzale que, presumiblemente, se apuntaría con entusiasmo a denunciar el  “déficit democrático” español.

Claro que es un movimiento arriesgado de cara a las perspectivas electorales del PNV que no todos en este partido, ni mucho menos, compartirán.  Que ese es un asunto incómodo lo prueba la destemplada reacción del ejecutivo autónomo ante la información facilitada días atrás en El País sobre la minitregua con la que ETA habría facilitado el desarrollo del pleno del Parlamento Vasco  en el que se aprobó la ley de la consulta de marras, de lo que además habría tenido cumplido  conocimiento el gobierno  de Ibarretxe. Y es que hay compañías que queman. Y más que quemarán si, además, tal y como algunos ya insinúan, se busca escenificar en la calle la respuesta social del nacionalismo vasco. Los elementos parásitos del gobierno vasco, EA e Izquierda unida (EB por estos lares), presionarán en ese sentido considerando que ellos nada tienen que perder. En el PNV no pueden estar tan seguros de ello. El muy comentado desmarque del alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, es representativo del estado de opinión de una parte significativa de la base social peneuvista. La misma que se revolvió inquieta días atrás, cuando el dinosaurio Arzallus se despachaba a gusto contra el nombramiento de Imaz en la empresa Petronor calificándolo nada menos que de “mal ejemplo para la juventud vasca”.

El líder del PNV Urkullu ha tratado de mostrarse confiado al conocerse el resultado del  respetado “euskobarómetro” –la encuesta periódica de un Departamento de Ciencia Política de la Universidad Vasca-, según el cual sería muy difícil que el tripartito (el PNV y los dos parásitos citados) pudiera reeditarse tras las próximas elecciones autonómicas.  Pero por más que se intentara aparentar tranquilidad, es muy palpable el aire de cambio y fin de ciclo que se respira en Euskadi, sobre todo en el entorno de la propia administración vasca. Un clima poco propicio para jugárselo todo a una carta arriesgada. Aunque esa sea, a estas alturas, la única opción de Ibarretxe, que no del PNV.

La oposición socialista vasca ha denunciado, sin estridencia pero con claridad,  este exceso victimista en la respuesta de Ibarretxe a “algo que ya sabía que se iba a producir y que él mismo ha estado retrasando a conveniencia”, pretendiendo jugar con el calendario a su conveniencia. Y se le ha notado mucho. Recurrir a los Tribunales ante lo que se considera una ilegalidad, máxime en un conflicto o “desafío” de alcance institucional  como el que ha propiciado Ibarretxe, tal y como ha hecho el gobierno de la nación, es lo propio de un sistema democrático. Lo inaudito es que Ibarretxe califique de “despropósito democrático” y de ataque “contra la democracia vasca” una decisión que simplemente pretende que se pronuncien los Tribunales y se cumpla la ley que en democracia nos obliga a todos, también a él, que como Lehendakari es el máxime representante del Estado en la Comunidad Autónoma. Se trata de normalidad democrática. “Así de simple, así de sencillo y así de democrático”, concluía Patxi López.

Lejos del histrionismo simétrico con que se respondía a las provocaciones de Ibarretxe en la época de Aznar, la respuesta del PP vasco está siendo razonablemente templada. Es de desear que siga en ese tono, máxime una vez que se han quitado de encima la pesada losa de los San Gil y Mayor Oreja. Si Ibarretxe quiere vender, una vez más, lo del “choque de trenes” no debe encontrar eco al otro lado. Frente al victimismo y  la confrontación como estrategias electorales, más oferta de diálogo y entendimiento. Frente al desafío institucional, cumplimiento tranquilo, sin estridencias, de la legalidad. No hay otras recetas contra el “raca-raca”.