De Moa, ni Pío

Permafrost

“La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero”. Esta frase, que Antonio Machado pone en boca de Juan de Mairena, suele aducirse frente a los argumentos ad hominem, es decir, aquellos que rehúyen la discusión sobre los méritos o deméritos propios del mensaje aludiendo a las características personales del mensajero. Una idea semejante, pero con otros términos, es la que invoca Stanley G. Payne en apoyo de la producción revisionista de Pío Moa: “Quienes discrepen de Moa necesitan enfrentarse a su obra seriamente y demostrar su desacuerdo en términos de una investigación histórica y un análisis serio que retome los temas cruciales en vez de dedicarse a eliminar su obra por medio de censura de silencio o de diatribas denunciatorias más propias de la Italia fascista o la Unión Soviética que de la España democrática”. ¿A qué debemos enfrentarnos seriamente?

El mismo Pío Moa resume sus principales tesis en un artículo de Libertad Digital de 25.1.2007, sospechando que muchos de sus críticos no se han tomado la molestia de leer sus libros. Extracto lo siguiente: “[L]as demagogias y violencias vividas inclinaron progresivamente a la derecha, que había aceptado la república en principio, a soluciones autoritarias. […] El alzamiento de julio del 36 no se hizo contra una democracia ya inexistente, sino contra un proceso revolucionario y los abusos de poder del gobierno, intolerables en cualquier régimen de libertades. […] [N]o fue la guerra la que destruyó a la democracia, sino que la destrucción de la democracia por las izquierdas y los separatistas causó la guerra civil. […] [E]l franquismo derrotó a la revolución, libró a España de la guerra mundial, derrotó el intento posterior de resucitar la guerra civil (el maquis), fue apaciguando los viejos odios y dejó un país próspero. Con ello creó las bases de una democracia muchísimo más estable y real que la república”. Supuestamente, yo, que no viví la Guerra Civil y me considero bastante inculto al respecto, no podría desdeñar estos pronunciamienos sin dedicar un recurso tan escaso como el tiempo a estudiar con atención la obra de este preclaro autor. Y, desde luego, estaría muy feo que desatendiera sus argumentos recordando de dónde vienen. Ocurre, sin embargo, que un argumento ad hominem deja de ser falaz cuando se exponen fundadamente las razones por las que cabe dudar de la autoridad epistemológica del sujeto, esto es, de su capacidad para servir como fuente válida de conocimiento.  

De modo que, pese a desconocer gran parte del pasado, aún observo el presente por mí mismo sin necesidad de eruditos intermediarios y puedo extraer mis propias conclusiones. Así, me permito proponer un ejercicio algo tétrico de política-ficción. Imaginemos que (Dios no lo quiera) alguno de estos hijos de la luz que escuchan a los radiopredicadores de moda decidiera que zETAp debe ser eliminado físicamente por sus diversas traiciones a la patria. Imaginemos que ello desembocara en un baño de sangre fratricida tras el cual surgiese el régimen autoritario de uno de esos militares que saben poner las cosas en su sitio: ni estatutos, ni rendiciones, ni gaitas… ¿Qué pensaríamos si, dentro de setenta años, algún sedicente historiador afirmase que la culpa de todo la tuvo el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero; que él, perdida toda legitimidad democrática, provocó un justificado alzamiento militar? Pues bien, estoy convencido de que, si en ese momento futuro alguien descubriese la forma de descongelar a un criogenizado Pío Moa, la pluma en deshielo de éste ofrecería precisamente ese tipo de explicaciones. ¿Cómo puedo estar tan seguro? Muy sencillo: porque eso es exactamente lo que Pío Moy escribe HOY.  Es fácil comprobarlo. Libertad Digital, siempre tan hospitalaria con lo más granado de la mesnada ultramontana, aloja en su seno el blog de Pío Moa, cuyas entradas constituyen la crónica fiel de la desintegración neuronal cavernaria. De su enojosa lectura cabe extraer las siguientes conclusiones:

1) El gobierno de Rodríguez Zapatero es un gobierno anticonstitucional, antidemocrático, antinacional, ilegal, ilegítimo, golpista y guerracivilista: “Zapo, como su PSOE, no es demócrata; y no se siente español” (25.5.06). “Al aprobar un estatuto […] flagrantemente anticonstitucional, el gobierno y los diputados que lo han hecho […] se han puesto fuera de la ley. […] Tenemos, pues, un gobierno ilegal. […] Se trata de […] un golpe de estado […] harto más grave que el 23-F” (31.3.06). “Es preciso establecer claramente el principio de que el gobierno actual es ilegítimo, anticonstitucional; que, con las diferencias de rigor, está haciendo lo mismo que Hitler: utilizar fraudulentamente un poder en principio legal, para abolir la ley mediante hechos consumados” (29.4.06). “Su concepto de la democracia es el de Hitler o el Frente Popular” (17.6.06). “Estamos ante un gobierno golpista” (5.10.06), “golpista e ilegal” (9.10.06), “ilegal y golpista a fuer de anticonstitucional” (27.11.06), que “propicia la guerra civil o la violencia en otras formas” (5.10.06). “El PSOE […] nunca se retractó de su planeamiento y organización de la guerra civil en 1934″ (7.8.06).

2) Es un gobierno que colabora con los terroristas, sobre la base de unos principios, valores y fines compartidos: “A menudo se habla de ‘rendición’ del gobierno ante la ETA, pero no hay rendición, sino colaboración” (25.5.06). Se trata de un gobierno “compinchado con los terroristas y los separatistas” (7.8.06). “Zapo ha sido el mayor benefactor que la ETA haya tenido en su historia” (31.12.06). “[Es una evidencia] la COLABORACIÓN del gobierno con los terroristas” (22.2.07). “Esto ocurre así porque ETA y el gobierno comparten ‘valores’ y fines esenciales. […] Los dos creen, abierta o implícitamente, en el valor del asesinato como forma de hacer política” (27.11.06). “El gobierno y la ETA comparten un fondo ideológico común. Ambas son socialistas […]. Y tienen intereses básicos comunes […]. En fin, comparten ideas, sentimientos e intereses fundamentales” (31.12.06). “[Algunos] olvidan el carácter de Zapo el Rojo. Rojo no es nada mejor que nazi. Este individuo piensa básicamente igual que los terroristas” (25.5.06).

3) De hecho, cabría considerar que tanto el actual gobierno como su presidente son en sí mismos terroristas: “¿Y Zapo? Ayer se produjo en el blog una polémica sobre si se podía considerar terrorista a Zapo. Desde luego, el actual presidente pertenece a un partido que ha aplicado ampliamente el terrorismo […]. Otro argumento de peso: desde que llegó al poder, […] este personaje no ha dejado de favorecer, estimular y premiar ya sea al terrorismo islámico o al etarra. […] Frente a estas evidencias argüían otros que se trataba de un presidente elegido por mayoría […]. No parecen argumentos sólidos” (25.11.06). “El asunto De Juana [es] uno más entre tantos premios del gobierno a los terroristas […]. Es la solidaridad entre terroristas” (2.3.07).

4) La situación es de tal gravedad que se trata de la propia supervivencia democrática: o ellos o nosotros: “El proceso actual emprendido por socialistas, terroristas y separatistas […] por su propia naturaleza tiende a la guerra civil. […] La apuesta, hoy, consiste en frenar ese proceso demente, que recibe en todos los países del mundo el nombre de traición: a la patria y a la democracia. Todo ciudadano que realmente lo sea debe reaccionar” (16.6.06) “Con la irrisoria oposición actual, sólo una firme respuesta ciudadana o las peleas entre los socios del proceso gangsteril pueden echar abajo el siniestro apaño. […] Otros ingenuos piden elecciones anticipadas. ¡Grave riesgo!” (3.1.07). “Amigos del asesinato como instrumento político. Enemigos de los ciudadanos. Enemigos de la democracia. O la democracia los pone fuera de la ley o ellos pondrán fuera de la ley a la democracia” (13.2.07). “El problema no está en que el asesino [De Juana Chaos] haya sido liberado por su amigo Zapo. El problema está en que Zapo siga en libertad y en el poder. Un problema muy grave, muy serio, para la democracia” (2.3.07).

5) Así pues, ejercer la violencia contra este gobierno, aunque no necesariamente oportuno, sería en principio perfectamente legítimo. Si tal cosa ocurriera, la culpa sería del gobierno: “Al estado –al gobierno, en la práctica– se le reconoce el monopolio de la violencia legítima, esto es, en defensa de la ley, de la libertad y la seguridad de los ciudadanos. […] Pero, ¿qué sucede cuando el gobierno se convierte en auxiliar de los delincuentes […]? Pues sucede que el gobierno pierde su legitimidad para el empleo de la violencia, la cual pasa a ser despótica; y queda legitimada, en cambio la resistencia y la desobediencia de los ciudadanos. Que los ciudadanos usen o no métodos violentos en legítima defensa contra el despotismo deja de ser una cuestión de principio y pasa a ser sólo una cuestión de conveniencia. Hoy, los esfuerzos deben concentrarse en ganar a [la] opinión pública […]. Sólo así evitaremos que la desesperación o el cálculo deriven a una violencia generalizada, causada por un gobierno que ha perdido toda legitimidad” (7.7.06).

He aquí nuestro catedrático del pasado e insigne guía del presente. ¿Hará realmente falta leer sus libros para descubrir a un vendedor de crecepelo? La historia es algo más que un ejercicio de erudición sectaria. La historia requiere sensibilidad y capacidad de análisis, saber colocar cada elemento en su contexto adecuado y ponderar muchos factores. Pero, sobre todo, exige ser capaz de VER. Este hombre aprehendió tan bien el espíritu de los tiempos durante la transición que se hizo militante de los GRAPO. Y hoy, su fina apreciación de la realidad le lleva a predicar el evangelio de Caín con singular vesania. En suma, el Sr. Moa no ha sabido leer la historia ni cuando le ha tocado vivirla. ¿Y va a ser él quien nos ilumine sobre la de hace siete décadas? No, definitivamente, este porquero no es el de Agamenón.