De los brotes y su verdor

Sicilia

Al olmo viejo, hendido por el rayo

y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol de mayo,

algunas hojas verdes le han salido.

Antonio Machado, Campos de Castilla (1912).

 

Cuando el Secretario de Estado del Tesoro norteamericano, Timothy Geithner, se descolgó el pasado 20 de mayo en el Senado estadounidense con la famosa metáfora de los “brotes verdes”, es bastante probable que no tuviese en mente que Machado, a la manera de Nostradamus, se le había adelantado unas décadas con la imagen de marras, pero es seguro que ha conseguido un éxito de público y crítica, al menos tan grande como el del poeta sevillano.

 

Desde entonces, el debate económico mundial ha empezado a parecerse más bien a un debate botánico, o cromático. Ahora, en todas las partes del globo, unos y otros se afanan en descubrir una brizna de verdor en el solar lleno de cascotes en el que se han convertido los indicadores de coyuntura desde hace casi un año ya. Lógico, el dar malas noticias constantemente harta a todo el mundo.

 

A Mr. Geithner le bastó con percibir una cierta normalización en los mercados financieros y la detección de una leve mejora en los flujos de capital privados. Una hermenéutica a vuelapluma de sus palabras parece arrojar como conclusión que, cuando se trata de brotes verdes, la cuestión es encontrar algo que haya empezado a dejar de ir fatal, aunque sea ahí al fondo y tras varias capas.

 

Confirmando esta impresión de que han acabado los tiempos horribles y empiezan solo los malísimos, ayer jueves el FMI cambio de tendencia en su revisión de previsiones y las mejoró levemente al alza, previendo un crecimiento mundial del 2,4 para el año 2010. Eso sí, la mejora prevista es superior para Estados Unidos que para Europa. Entre los múltiples corolarios que de este hecho se pueden extraer cabe destacar lo siguiente:  

 

  1. Primero, sí, había que tirar de gasto público y esto ha servido para mitigar el impacto de la crisis. Viva la intervención pública, -o el despilfarro, que diría Montoro-.
  2. Segundo, al BCE siempre amarrete en cuanto a pisar el acelerador de la bajada de los tipos de interés, quizás debiera decirle algo el hecho de que en América los tipos estén casi a cero y se prevea una evolución menos mala, mientras que aquí con una actuación en este sentido mucho más lenta y menos decidida, se nos augura que las cosas nos irán mal un poco más tiempo que a otros.
  3. Tercero, y siendo perversos, ¿vuelve el FMI a las andadas aquellas de que sus previsiones y recomendaciones sean siempre mejores para su patrón que para los demás? Maldades aparte, son buenas noticias, que el mundo se empiece a mover al fin y a la postre facilita la salida a todos los países, enormemente conectados como estamos, por los flujos comerciales e inversores.

 

En cualquier caso, para que nadie se llame a engaño, hay que recalcar que nadie, en ningún lugar, anuncia el fin de la crisis, lo que se anuncia son los indicios de que empieza a notarse una ralentización en el empeoramiento y que, en consecuencia, algunos indicadores dejarán de apuntar hacia abajo sistemáticamente, para empezar a dibujar trayectorias hacia arriba, pero todavía durante algunos trimestres, en números negativos. Por eso se utiliza la metáfora “brotes verdes” y no “selva lujuriante”.

 

En cuanto a la economía española, puede decirse que también se percibe algún brote verde pequeñito. Por ejemplo, en abril, el crédito a los hogares volvió a números positivos, tras meses de presentar negativos; en cuanto al crédito a las empresas, en cambio, los indicadores no son tan claros, desafortunadamente. Desde fuera vino otra buena noticia: en marzo se ha registrado un aumento de la inversión en cartera, lo que significa que, también tras meses de descensos escalofriantes, el capital internacional ha vuelto a fluir hacia la economía española, aunque sea por goteo, en lugar de retirarse como llevaba haciendo un tiempo. Son muy importantes las buenas noticias desde la abstrusa rama financiera, ya que esta crisis empezó desde lo financiero, y desde lo financiero debe empezar a revertir la situación. Son brotecillos verdes lo que se ve, tiernos, pero mejor que el panorama que se contemplaba.

 

Otra variable que da la impresión de que ha cambiado de signo es la evolución de las expectativas. Han dejado de deteriorarse sistemáticamente y ahora, aun siendo negativas, son menos negativas que antes. Esto significa que los agentes económicos dejan de verlo nigérrimo para verlo solo negro, lo cual implica que alguna decisión de consumo o de inversión empieza a plantearse. De nuevo, es un enlentecimiento del empeoramiento, por lo menos.

 

En cuanto a las variables que miden la economía “de verdad”, aún no hay signos de mejora. Es pronto, demasiado pronto, para esto. Solo disponemos de las del primer trimestre del año, que ha sido el peor, y las del segundo no serán mucho mejores; se detectará de nuevo esta señal de que la sangría reduce el caudal, pero no habrá números positivos en casi ningún lugar.

 

¿Y que pasa con el dato de paro de Mayo, brote verde nacional por antonomasia? Lo que debe hacerse es analizarlo con cuidado, porque concurren varias circunstancias de signo contrario.

 

 

Es estupendo que por fin haya un mes donde se reduzca el paro registrado, aunque solo sea por el efecto psicológico que esto implica. Ahora bien, este descenso intermensual de abril a mayo hay que ponerlo en su justo lugar.

 

El paro es una variable estacional, esto es, si la dibujásemos, veríamos que tiene la misma forma, una V, todos los años. El paro siempre tiende a ascender en otoño y en invierno y tiende a decrecer en primavera y en verano. Así sucede que, por normal general: en febrero hay menos paro que en enero, en marzo menos que en febrero, en mayo menos que en abril, etc, siendo julio el mes de mínimo paro registrado y enero el de máximo. Por eso lo relevante para observar su evolución es compararlo con el mismo mes del año anterior, y para que comparaciones así empiecen a ser positivas (mayo con mayo, junio con junio etc) aún quedan trimestres. De hecho el mercado laboral es una de las variables que con mayor retraso reaccionan al crecimiento económico y es bastante posible que incluso en 2010, cuando, de no torcerse las cosas, demos por liquidada la crisis, observemos que el paro no va “tan bien como nos gustaría”.

 

 

La estructura en forma de V que presenta el paro registrado se ha visto alterada en 2008 y 2009, donde dicho comportamiento se ha roto por completo, debido al impacto de la crisis, y hemos presenciado aumentos sistemáticos de mes a mes. Por eso, aun teniendo el descenso de mayo un importante componente estacional, el hecho de que éste vuelva a aparecer indica el inicio del retorno a la normalización, y eso es bueno. Ahora bien, aceptando que el paro vuelve a adoptar esa forma de V, hay que asumir que al acabar el verano, sí o sí, habrá de nuevo incrementos del paro, lo cual no significa forzosamente que la recuperación se haya interrumpido, sino que, digamos, son inevitables y se habrían producido igual en un año “bueno”.

 

Hay otro factor clave para explicar el descenso del paro de mayo, además del peso de la estacionalidad, y este no es otro que el célebre Plan E, lanzado por el Gobierno a caballo del cambio de año. Entre otras medidas, dicho plan incorporaba la inyección de 8.000 millones de euros a los ayuntamientos para la financiación de obras públicas. Esta medida que, como todas, tiene sus pros y sus contras, recibió fuertes críticas e incluso alguna chanza a su costa, pero debe reconocerse que funciona exactamente para lo que fue concebida, para atajar el desbocado aumento del desempleo de manera rápida, y en economía cinco o seis meses, sobre todo en mercado laboral, es rápido.

 

No obstante, tiene un inconveniente: las obras se acabarán y para entonces o la economía está creando empleo de nuevo o volverá a reproducirse el problema. Con todo, es justo reconocer que en tiempos de crisis son precisamente medidas de esta índole, las de demanda, las que tiran de la economía y tienen efecto real. Las medidas estructurales, que cambian las reglas de juego de la economía, siendo como son muchas de ellas necesarias y positivas, no tienen potencia para enderezar el rumbo por sí solas, aunque sí favorecen que, cuando se crezca, se crezca mejor. Hay una analogía bastante ilustrativa a este respecto: imaginando la situación de crisis como un coche que se queda sin gasolina, en ese caso lo primero que se necesita es poner más combustible y pisar el acelerador; pensar en si falta lubricante o las piezas pueden ajustarse ligeramente es bueno y dará un mejor rendimiento, pero no nos echará a andar.

 

Por tanto, en el aún largo camino hasta la recuperación, hay algún brote verde, solitario, escaso y pendiente de consolidar, pero verde al fin y al cabo.

 

Políticamente hablando, de seguir todo como hasta ahora, dentro de un año el discurso de los grandes partidos en torno a la economía presentará un panorama diferente, previsiblemente el Gobierno se encuentre con la ventaja de poder presentar una coyuntura mejor, y la oposición, conociendo su preferencia por la estrategia dura, se aferre a que no, que ni hay brotes ni hay verdes y que seguimos fatal, encontrándose con la desventaja de aparecer siempre enfadados e incluso empeñados en pintar la situación nefasta. Paciencia.