De la “derecha civilizada” y cómo conseguirla

Econcon

En España somos creadores de varios términos sin traducción en otros idiomas. Imposible encontrar en otra lengua, indoeuropea, camitosemítica o sino-tibetana, términos como “chotis”, “jota” o “monosabio”, por ejemplo. Razonablemente puede señalarse que este fenómeno de palabras huérfanas de espejo se da en muchas otras lenguas de la tierra, y que obedece a particularidades culturales –Suele mencionarse un ejemplo, no sé si verídico, sobre las seis palabras diferentes que usan los esquimales para referirse a la nieve-. Privativos también de nuestra gran nación son dos términos de corte más actual: el nivel “medio-alto” de inglés, concepto que causa no poca perplejidad a los súbditos extranjeros acostumbrados a distinguir sólo entre si tal lengua se habla bien, mal o no se habla y, referido al campo de las ciencias políticas, la expresión “derecha civilizada”. De este último pretendo tratar en las siguientes líneas.

A grandes rasgos, en la parte del universo que no tiene la suerte de estar dentro de nuestras fronteras hay “izquierda”, hay “derecha” y, en algunos sitios, hay “centro”- aquello que está en medio de las otras dos, con los rasgos propios de cada lugar-.Civilizadas, lo que es civilizadas, se les supone a cualquiera de las tres tendencias. ¿Por qué aquí entonces ha surgido este término que además solemos utilizar como entelequia, es decir, algo que no existe y que sería deseable que existiera?. La respuesta, en mi opinión, es porque hace mucho que no tenemos noticia de ella, se perciben a veces lejanos ecos, o trazas de que algo por ahí debe haber que se le parezca, pero no es lo que tenemos todos los días delante de nuestros ojos.

No estoy en condiciones de decir la fecha y lugar exactos en los cuales cual nació el concepto “derecha civilizada”. No obstante, dichas coordenadas se corresponden con aquellas en la que la derecha presente decidió perder las formas.

Se empezaron a percibir indicios de esta fuga tiempo ha. Como los ufólogos, los “civilizólogos” empezaron a detectar casos inquietantes, aunque sin valor probatorio.

Un líder de la oposición espetando en sede parlamentaria a un presidente electo “váyase”, la utilización sistemática del término “corrupto” para calificar a todo cargo socialista en cualquier lugar (lo que tuvo que oír gente buena..), el aireamiento desproporcionado de más de un supuesto “escándalo”, alguna uniformidad de criterio algo sospechosa entre determinados medios de información formalmente independientes, las formas de cierto candidato en la campaña del 96 (no celebración de debates, la más llamativa), etc.

No obstante, en esos momentos las evidencias no eran concluyentes en absoluto. El calificativo de “inquietante” podría atribuirse a la falta de objetividad del ser humano, a ver las cosas de otra manera, a lo mejor a ser un poco paranoico o a ser muy crítico. Al fin y al cabo, para que haya democracia es necesario que a veces tenga uno que oír cosas que no le gusten.

Y pasó el tiempo, el líder de la oposición pasó a ser gobernante y durante un plazo largo (unos 4 o 5 años) súbitamente se respiraba tranquilidad. España iba bien, se hablaba catalán en la intimidad, “había química” entre el entonces líder de la derecha española y el líder de la derecha vasca, ETA era el MLNV, el Estado de las Autonomías era una maravilla, se transferían IRPF, Sanidad, Educación, etc. Los antaño incisivos sabuesos periodísticos no hallaban ni una corruptela, ni un mal escandalillo, sólo rivalizaban entre los que decían que la cosa iba bien, en agria polémica con los que decían que iba “muy bien”.

Por haber, había alguna cosilla rara. Un cierto portavoz llamaba a un periodista por teléfono para decirle no sé qué de “detener al hijo de puta para el que trabajas”, o toda empresa pública al privatizarse quedaba siempre comandada por una persona de un muy determinado perfil político… Pero bueno, si buscas, siempre encuentras algo.

Lo cierto es que parecía que algunas las trazas de “pérdida de civilización” se habían evaporado. Gobernaba la derecha porque la habían elegido los votantes y “yastá”…tranquilas, fieras… y así, entre angelotes mofletudos y tañido celestial de arpas, discurría la vida.

Primera estación: “Mandamos nosotros”.

Sucedieron unas elecciones con mayoría absoluta… y, poquito a poquito, alguna nota discordante empezó a salir de las arpas y a algún angelote mofletudo se le empezó a volver el gesto más torvo y afilado.En el terreno “químico-políglota en la intimidad”, las tornas cambiaban y en Catalunya CIU glosaba a Josep Pla. Resulta que eso de tanta autonomía empezaba a tocar las narices, se multiplicaban los recursos y se hacían leyes impertinentes que invadían competencias. Los cojones volvían a ser razones suficientes para algo y por los mencionados, se iba a aprobar un trasvase del Ebro a la cuenca mediterránea –Arias Cañete pillado in fraganti en Valencia -. Aquello, fino, lo que se dice fino, no quedó.

Segunda estación: “Mandamos nosotros” + ”No se nos opone nadie que merezca consideración”.

Salen la LOCE, la LOU y el decretazo, con consenso cero (o casi). Aznar, entonces sin melena, pero completamente desmelenado a la vez, inauguraba la abolición de la realidad como tendencia política. Afirmaba de las manifestaciones contra la LOU: “vi un lío muy grande, estaba IU que no se pierde una, lo que queda del PSOE.. ”, desde TVE1, Urdaci nos pintaba un 20 J donde sólo faltó superponer las caras de Méndez y Fidalgo en la secuencia donde los enanitos de Blancanieves salían cantando aquello de “Aiboh Aiboh, cantando a trabajar”.

Chamusquina, definitivamente olía a chamusquina. ¿Por qué puede uno echarse al monte desde una mayoría absoluta a la que ha llegado por ser, o parecer al menos, moderado? Motivaciones estratégicas, o psicológicas, o errores de calculo. No voy a entrar, yo sigo con la génesis de la pérdida de civilización, o sea al “Cómo”.

Tercera estación: “Mandamos nosotros” + ”No se nos opone nadie que merezca consideración” + “Con nosotros no pasan cosas malas ”
Llegó el Prestige, caso por el que el Gobierno pasó por las siguientes fases: “Esto no está pasando” ;“Intentemos que pase lejos” ;“Hagamos como que no pasa nada”; ”No ha pasado nada”; “Démosles dinero”. Mientras las playas estaban llenas de voluntarios chapapoteros, Trillo decía aquello de “playas esplendorosas”. Error de cálculo tras error de cálculo, aquello dejó, en palabras de Vázquez-Montalbán, “muchos petroleados culos al sol”. Más que un gobierno preocupado por solucionar un problema, se asemejaron a Lady Macbeth borrando la maldita evidencia de que podían equivocarse . Anecdotario: la única dimisión que se produjo en relación con el caso fue –si la memoria no falla- la de ¡¡¡¡¡Un concejal del PSOE en un pueblo de Madrid!!!! .-

Cuarta estación: “Mandamos nosotros” + ”No se nos opone nadie que merezca consideración” + “Con nosotros no pasan cosas malas” + ”Sabemos lo que os conviene mejor que vosotros mismos”.

Y no sólo no podían pasar cosas malas, sino que estábamos llamados a ser potencia mundial, Jose Maria Aznar “El Magno” mediante. Vino la bromita de la guerra de Irak esa, en teoría, paseo militar para democratizar al incómodo Oriente Medio. Como no hay manera de que pasemos de cuartos en un mundial, hay que ganarse los galones de otras maneras. Poco importaba que tuviesen que palmar unos cientos de miles de iraquíes por el camino, o que las guerras estén prohibidas por el derecho internacional (¡qué cosas hay que decir a veces!), o que hubiera que mentir como bellacos… o que el presidente del Gobierno de España pasase a ser motivo de chiste de por vida…“estamousss trabajandou en ellouu”.

Para entonces el sonido de las arpas se había vuelto redoblar de tambores, y a los amorcillos les había salido un señor bigote a lo gran hermano orwelliano. Más de uno canturrearía “la guerra es la paz”, “la esclavitud es la libertad”, “la ignorancia es la fuerza”.

Y así llego la última escena de todas, la que marcó la definitiva enajenación mental (es de desear que transitoria). No hay que escribir más que 4 caracteres: “11-M”.

Después de aquello, lo que se ha oído deja en pañales a la anterior ristra de lemas. Como José María Calleja ha escrito un libro entero de eso, y como lo hemos contado aquí, ni hago mención. Desde entonces y hasta ahora, cada vez suspiramos más hondo al decir “derecha civilizada” como el que añora un pasado melancólico que no fue, o un futuro más halagüeño por venir.

El domingo nos convocan a votar. Otra vez, y qué bien. Seguimos esperando con mayor o menor anhelo que en España perdamos ese neologismo endémico de “derecha civilizada”, porque el día en que lo hagamos será debido a que ya no es una entelequia sino una realidad.
Tengo una pesadilla recurrente, un resultado corto, que hace que aquí se repita la tragicomedia de Bush-Gore en Florida. Sólo que aquí adivinad quien impugna no sé cuantas mesas, y en qué comunidad autónoma, porque un interventor estornudó, o porque la presidenta de mesa iba con una blusa roja, o porque fulano iba leyendo El País o Público a menos de 600 metros del colegio.Para mandar a la reflexión a la derecha nacional y porque me lo pide el cuerpo, pido el voto para la formación política que a mí me gusta. Creo que ZP no se preocupa irracionalmente de cómo le contemplará la historia, ni tiene complejo de ser bajito, ni está especialmente obsesionado con demostrar que es “dura y no tonta”. Creo que con unos añitos más de socialismo no es que vayamos a atar los perros con longaniza, pero a lo mejor resulta que, poco a poco y hablando entre todos, damos forma a una sociedad donde todos trabajemos en unas condiciones un poco mejores, colaboremos más con los países que menos tienen, atajemos el deterioro medioambiental, seamos más políglotas todos, no tengamos miedo de los que son distintos, ni los consideremos inferiores, o ladrones o lo que sea…y en fin….que creo que viviremos en una sociedad más justa y solidaria (que a mi, me vale).