De histéricos y de mentirosos

Barañain

 El diario estadounidense “The New York Times” actuando como portavoz informal o “prensa amiga” de Obama se ha puesto de los nervios acusando en un bilioso editorial al primer ministro israelí Netanyahu -contra el que, en realidad, está siempre en campaña (ya sabemos como las gastan ciertos medios poderosos cuando se empeñan en denigrar a quien no actúa como a ellos les gusta)-,   de ejercer una “oposición histérica” al acuerdo nuclear que tan ansiosamente está tratando de sellar el presidente norteamericano con Irán. Suele ocurrir,  es una proyección: el que demuestra su histerismo es el NYT y no porque piensen sus Cebrianes que peligran los planes de Obama sino porque con el numerito “negociador” montado el pasado fin de semana -y fallido en su primer intento-, ha quedado en evidencia, una vez más, el carácter tramposo del ¿líder? estadounidense. Definitivamente, no es un tipo de fiar.

El asunto es que había un acuerdo nuclear provisional negociado directamente entre Washington y Teherán,  secretamente acordado dos días antes de que las conversaciones entre Irán y las seis potencias mundiales tuvieron lugar en Ginebra, este jueves y viernes pasados. El ministro de exteriores iraní (ese que para preparar a la opinión pública se nos presenta  como “carismático” o “exquisito”) confirmaba “las líneas generales de un acuerdo” y el plan debía culminar con una repentina ceremonia de firma que tendría lugar el viernes 8 de noviembre, con presencia en Ginebra de Kerry y de media docena  de ministros de Asuntos Exteriores de todo el mundo, deseosos de añadir su firma a tan grandioso evento. Pero la firma no tuvo lugar y el evento se ha demorado. No pasa nada, ya lo conseguirán.

La conversación telefónica del presidente de los EEUU con el primer ministro israelí  (“Este es un muy, muy mal acuerdo” le dijo Netanyahu) la madrugada del sábado debió de ser muy caliente. Se llevó a cabo después de una visita de tres días de John Kerry, y una vez que Netanyahu se enteró del contenido del acuerdo preparado para la firma en Ginebra, que era muy distinto de la versión que le había querido vender Kerry, en especial en lo referente a la cláusula clave del alivio de las sanciones. Eso sí, en el plan previsto eran los europeos los que empujaban para aliviar esas sanciones, para así permitir a Obama “enseñar sus manos limpias de dicho trato”, especialmente ante el Congreso de EEUU, como si no hubiera sido cosa suya.

Para Netanyahu era evidente -y airadamente se lo echó en cara a Kerry-, que la administración Obama había engañado a Israel en cada paso del camino, dejando que Irán continuara desarrollando clandestinamente los elementos militares  prohibidos de su programa nuclear, … mientras declaraba “urbi et orbi” que todas las opciones para frenar a los ayatolás estaban encima de la mesa, para calmar así la ansiedad de Israel; ahora, el colmo, se aprestaban a celebrar el levantamiento de las sanciones con la mera contrapartida de una breve moratoria iraní. Después de tanto mentir sobre su supuesta determinación para impedir que el fascismo teocrático iraní se haga con bombas nucleares -como con sus tristemente famosas “líneas rojas” esas que nunca permitiría traspasar  al régimen sirio-,  ahora llega el momento de llegar a un acuerdo con el régimen de Teherán; acuerdo ventajoso, sobre todo, para ese régimen y con el que Obama tendría al fin una medallita que ponerse cerrando un contencioso de décadas entre EEUU e Irán. Eso bien vale sacrificar a unos aliados.

Pero la cosa se complicó porque el intento de engaño de Kerry a sus aliados demostró a los iraníes -si no lo sabían ya-, que el gobierno de Obama estaba tan ansioso en conseguir la firma del primer acuerdo internacional de su programa nuclear que bien podrían permitirse subir sin mucho riesgo el precio de la firma y extorsionar a última hora, aún más, para obtener más concesiones. Hasta se han permitido mostrarse como perdonavidas advirtiendo a los  del 5+1 (Francia, Reino Unido, Rusia, Estados Unidos, China y Alemania) de que podían perder su última oportunidad de conseguir un acuerdo con ellos.

El editorial de The New York Times  se pregunta que “si todos aquellos que están vituperando contra cualquier acuerdo –es decir, los miembros del Congreso, Israel y Arabia Saudita – ven los resultados del fin de semana como una nueva oportunidad para sabotearlo, entonces ¿cuál es la alternativa?”. Se refiere el NYT en su diatriba histérica nada menos que a los representantes de los ciudadanos estadounidenses y a los  aliados de EEUU en la zona, rara avis en esa parte del mundo, dada la pavorosa facilidad que muestra Obama para dejar a la estacada a los gobiernos aliados de su país (al ritmo que lleva y ante la decidida vocación de Obama de bascular sus políticas exterior y económica hacia Asia, los gobiernos de Corea del Sur, Japón y algún otro igual deberían ya ponerse, preventivamente,  a temblar).

El diario censura amargamente también, cómo no, al ministro de Exteriores de Francia, Laurent Fabius, por haber criticado el acuerdo que Kerry les quería colar  “justo cuando las negociaciones estaban en un punto crítico” aguando la fiesta que tenían preparada en Ginebra. Laurent Fabius había comentado que “hay un proyecto inicial que no aceptamos… no tengo ninguna certeza de que podemos concluirlo”. Asimismo, se refirió a las preocupaciones de los vecinos de Irán en el Oriente Medio. En realidad, lo que de verdad le preocupa al NYT es que “los israelíes y los legisladores norteamericanos…han abrazado la irrupción de Fabius para empujar a Estados Unidos y a sus aliados a tomar una postura más dura contra Irán”. ¡Intolerable! Para el editorialista “sería alarmante si sus comentarios (los del ministro francés) perjudican seriamente las posibilidades de un acuerdo”.

Porque ahora, de repente, el objetivo ya no es (¿lo fue alguna vez?) parar el programa nuclear iraní sino conseguir un acuerdo con ese régimen que salve algo la trayectoria desastrosa de Obama. Y, claro, hay algunos afectados que no acaban de aceptar lo de comulgar con ruedas de molino.

Cínicamente, el NYT dice que sin duda sería “agradable” que se cumplan las demandas de que Irán desmantele completamente su programa nuclear, pero el periódico advierte que eso “probablemente nunca sucederá”. Pero ellos, en realidad, nunca han albergado duda alguna sobre eso.

En el último round del enfrentamiento público entre Netanyahu y el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, el primer ministro israelí  instó a las potencias mundiales a  pujar por un acuerdo “mejor” con Irán. Netanyahu reiteró a la cadena de noticias NBC que está a favor de “una solución diplomática, pero una que desmantele el programa nuclear iraní….que desmantele verdaderamente la capacidad de Irán de desarrollar armas nucleares”. Y eso significa detener todo el enriquecimiento de uranio, retirar todo el material fisionable, cerrar la instalación subterránea de Fordo y detener  el desarrollo de la vía del plutonio (en la planta de agua pesada de Arak). Esa debería ser la precondición para aliviar las sanciones internacionales. Son palabras sensatas, aunque ahora chirríen en los oídos de quienes siempre fingieron estar por la labor (si no que se le pregunten al ínclito Javier Solana que exponía hace poco en El País, con la desvergüenza que en él es habitual, lo que piensa del contencioso, de la sensatez de amigar con Irán  y del “obstáculo” israelí).

Si el estilo “amable” del nuevo presidente iraní y su aparente voluntad negociadora demuestran la utilidad de las sanciones, ¿por qué levantarlas antes de que consigan su efecto perseguido? ¿acaso para que Obama no se vea obligado a reconocer que tampoco está dispuesto a usar “todas las opciones” -si los clérigos iraníes siguen en sus trece pese a todo-, como cacareaba hasta anteayer? Menudo personaje: es capaz de hacer bueno no ya a George W. Bush sino hasta al mismísimo merluzo de Carter.