De Ex-Paña a Equidistán

Aitor Riveiro

Poco después de que ganara las elecciones el PSOE, y como muy bien ha expuesto en este blog Permafrost, la derecha mediática y política comenzó a clamar porque España se rompía, porque estábamos viendo el nacimiento de la Confederación de Repúblicas Socialistas Ibéricas (o algo así). El locutor mañanero de la radio de los obispos, tan dado a hacer chanzas y risotadas de temas tan dados a ello como el terrorismo, la violencia contra las mujeres, los accidentes de trabajo y demás, se inventó el nombre perfecto para definir al naciente país: Ex-Paña.

Sin embargo, tras tres años de gobierno nacionalsocialista, por lo menos, no hemos visto la creación de un nuevo país llamado Ex-Paña, sino a otro llamado Equidistán. Visto lo visto, preferíamos el anterior. Equidistán es una nueva nación, integrada en el Estado español, con el que comparte idiomas (la estulticia no conoce de problemas lingüísticos), moneda, instituciones y gobierno. La capital administrativa de Equidistán es Madríz (o Madrí, según otras fuentes), pero su capital moral siempre será Burgos. Los habitantes de la nueva nación son los equidistanís; su palabra favorita: oxímoron.

El equidistaní ha tomado al asalto, en apenas tres años, las páginas de opinión de algunos de los medios de comunicación más importantes de la otrora denominada Ex-Paña. Internet en general, y la blogosfera en particular, se ha convertido en el púlpito preferido por los próceres de Equidistán. El ejército intelectual (toma oxímoron) que puebla Equidistán está conformado mayoritariamente por lo que, cuando España era una sola nación, se conocía como ‘progre’. En aquellos lejanos días de cerveza y bravas (el vino y las rosas se lo dejaban a esos pijos franceses) lo que molaba era la chupa de pana, la barba, y llevar El País bajo el brazo. Hoy, mucho más acorde a su posición dominante de líderes de opinión, llevan americana, camisa, pantalón de pinza y mocasines o similar. Todo muy italiano o, en caso de no vender un mínimo de libros al año, de la muy ex-pañola Elche. El periódico que ahora portan orgullosos es El Mundo, “porque es el único que cuenta la ‘berdaz”.

El equidistaní es un tipo (e incluso una tipa) muy hábil. Su función en la vida es pasar desapercibido en el ‘centro’, ese espacio político que inventó un postsocrático con un máster en marketing con el fin de vender banderitas a tutiplén. Para el equidistaní, todos los políticos son iguales, unos ladrones, unos fulleros, unos mentirosos, unos corruptos, unos comeniños, unos violamonjas y más cosas que ahora no me acuerdo. La población mayoritaria de Equidistán proviene de las migraciones que, en el siglo pasado, trajo el ‘Viaje al Centro’, algo así como la Égira o el Éxodo de lo equidistanís, promulgado por Aznar I,el Centrista, un político “igual que los demás, pero menos”. Esta sesuda afirmación es la base de la filosofía y el derecho equidistaní, que podríamos resumir en:

Principio #1 o Principio General del Centrismo: “Todos los políticos son iguales… pero algunos son más iguales que otros”. El verdadero equidistaní es de centro de toda la vida y jamás ha votado o, si lo hizo, está sumamente arrepentido porque “todos son iguales”. Sin embargo, pedirá insistentemente el voto para don Mariano Rajoy (es conocido el gusto de los habitantes de Equidistán por recuperar tan magno tratamiento) y el cese inmediato de zETAp (es también conocido que ese ansia por recuperar el tratamiento de ‘señor’ hacia los políticos desaparece cuando los políticos nombrados no son tan iguales como los otros).

Corolario de Eduardo Zaplana al Principio #1: “Una cosa no quita la otra”.

Principio #2 o Principio del Todologismo: “Lo sé porque lo sé”. El nivel de alfabetización en Equidistán es muy elevado, pese a la LOGSE, los tebeos de Mortadelo y libros como ‘El guardián entre el centeno’. La universidad equidistaní únicamente imparte una carrera: Todología. El suertudo que consiga plaza en este centro de educación superior recibirá conocimientos de filosofía, derecho, economía, química orgánica e inorgánica, arquitectura e ingenierías en general. Así, el equidistaní está preparado para los distintos avatares que le depara la vida entre los simples y memos españoles: es capaz de diferenciar nitroglicerina y nitroglicol, aunque estén mezcladas con dinitrotolueno, explicar porqué los saharaui tienen derecho a un estado propio pero los palestinos no y de razonar sobre lo conveniente de trasvasar agua desde el Ebro hasta Almería en vez de construir desaladoras.

Corolario de Luis del Pino al Principio #2: “Yo no digo ni que sí ni que no, sino todo lo contrario”.

Descubrir a un equidistaní es muy sencillo; basta con someterle al ‘test CEF’. Dicho test consta de una única prueba, y ésta de una sola pregunta: “¿Condena usted el franquismo?”. Todo aquél que no conteste con un simple ‘sí’ es, sin duda, ciudadano de la nación de Equidistán. Prueben, prueben, verán las sorpresas que se llevan.

Por cierto, queridos blogueros, ¿condenan ustedes el franquismo?

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