De Borrell

Laertes

Este artículo viene motivado por el que ayer se publicaba, titulado “Ringo y Josep” en el que Senyor_J glosaba, en contraposición, a Ringo Starr y a Josep Borrell. Como el retrato de Borrell me parecía sesgado e incompleto, hicer un comentario en respuesta cuyas ideas principales, mejor ordenadas y redactadas -espero- constituyen el cuerpo de este texto.El vórtice del “procés” que ha devorado la política española en el último año también extiende su voracidad a las trayectorias profesionales y políticas, siendo el de Josep Borrell uno de los mejores ejemplos de esto. Igual que los agujeros negros deforman espacio y tiempo en sus borde , la proximidad al “procés” hace que la percepción de las figuras se altere y se deforme.

En la facultad, a la que yo asistí durante la segunda mitad de los 90, varias generaciones de economistas aprendimos los rudimentos de álgebra y optimización con los libros de Borrell; yo recuerdo especialmente uno de problemas cuyos enunciados se desarrollaban en La República de Taxonia -cuyo nombre deriva del inglés “taxes” o impuestos -. Borrell ya era conocido por participar en los primero debates políticos que la generación aquella vimos por la tele, durante las últimas legislaturas de Felipe González. Borrell, en aquel momento ministro de Obras Públicas, era un temible contendiente de argumentación sólida que fundía a los políticos o periodistas adversarios como un soplete a la mantequilla.

Por supuesto que su posición era jacobina -también se puede ser jacobino, igual que soberanista o independentista, siempre que se respete a los demás y se respeten los cauces legales- pero, sobre todo, Borrell siempre ha tenido un argumentario nítidamente socialdemócrata, o de izquierdas, como se quiera decir. Borrell, por encima de sus posiciones sobre “lo catalán”, ha sido y es, de manera consistente un defensor acérrimo de los impuestos, las transferencias, las inversiones, la sanidad y el sistema educativo público. Todo el menú clásico de la socialdemocracia europea. Personalmente me encantó en su momento verlo defender con convicción, durante su etapa en la Secretaría de Estado de Hacienda, en los últimos ochenta y noventa, que “subimos la presión fiscal diez puntos de PIB, casi un punto por año” sin esconderse, ni decirlo en voz baja, sino siendo consciente de lo importante que esos recursos públicos fueron -son- para tener un país que merezca la pena.

En este contexto en el que los partidos socialistas o laboristas europeos se han visto empantanados en “terceras vías”, “social-liberalismo” o toda esta incómoda parafernalia que ha atrapado a gran parte de la socialdemocracia europea desde los ochenta hasta la actualidad, Borrell ha sido siempre una voz reconocible y clara. Hablando de la superabundancia de los argumentos liberales, por ejemplo, dijo “Lo malo de –creo que hablaba de FMI u OCDE- es que está poblada de economistas mancos” haciendo referencia a una cita de Keynes, que defendía la existencia de, al menos dos opciones “..on the other hand”, para afrontar un problema económico.

Posiblemente este lenguaje reconocible, junto con su habilidad en la esgrima verbal, le permitió ganar las primeras elecciones primarias a Joaquín Almunia, secretario general que dejó Felipe Gonzalez y cuya actuación junto con la Comisión Barroso al principio de la crisis de 2008 pasará a la historia, no por buena. Borrell en la oposición, recién ganadas las primarias, fue de los primeros en reivindicar que determinadas políticas “de mejora” o de “colaboración público privada” eran en realidad voladuras controladas de los servicios públicos -donde tanto en Cataluña como en Madrid, por cierto, lo hemos podido comprobar pero bien-.

Borrell también ha sido una de las pocas figuras de importancia que han criticado abiertamente el enfoque económico de la actuación de las autoridades Europeas durante la crisis, y desde luego fue de los pocos “popes” socialistas que salvó la cara durante los días del famoso comité federal de marzo de 2017. Parece mezquino –aparte de con gran probabilidad falso- el atribuir su conducta durante ese periodo a esperar por entonces un Ministerio de Pedro Sánchez, como insinuaba el artículo de ayer. Seria atribuirle taumaturgia. Probablemente se deba más bien a tener una lectura lúcida y conectada con su tiempo, a acertar igual que han acertado otros políticos durante la crisis y la post crisis. Desafortunadamente han sido muchos otros los que han hecho lo contrario.

Borrell, efectivamente no tiene una actitud acomodaticia con el independentismo catalán, de hecho tampoco la tiene con la faceta meramente identitaria. Eso sí, Borrell ha defendido su posición de manera limpia, desde el uso de datos contrastables. No es el problema de Borrell que mucha argumentación económica esgrimida por el independentismo catalán fuera directamente falsa –y esto no es un punto de vista, es que lo era- . Lo cual le ha granjeado mucha antipatía desde esas filas. El motivo por el que un convencido socialdemócrata, o representante de la parte “izquierda” del PSOE, con un compromiso acreditado una, otra, otra y otra vez es percibido y tratado como un enemigo por la izquierda catalana, no me corresponde a mí explicarlo. Quizás debiera ponerse alguien a la tarea.

A la vez llaman la atención los amores sobrevenidos por Borrell desde la derecha nacionalista española. Valga la anécdota: estuve hace unos meses en un acto, justo en otoño, donde intervenía Borrell, la cosa iba de economía. Se me puso al lado una señora de pinta excelente, quizás no muy en sus cabales, que me decía al oído que Borrell tenía que dar caña en el partido (para mandar él y no P Sanchez). Cuando Borrell empezó a hablar de las políticas económicas durante la crisis y tal, a la pobre señora casi le dio un mal y empezó a protestar airada en voz medio alta, y acabó yéndose. Si existe el mítico “votante medio”, esta señora lo era en cuanto a la sección PP-C´s, y su reacción, para mi representa el futuro que esperaría a los arrebatos otoñales en pos de Borrell que algunos parecen sentir.

 

3 pensamientos en “De Borrell

  1. Agradezco la enhorabuena recibida ayer de A.Mulligan y los comentarios de Amistad., y por supuesto el articulo de Senyor J.

  2. Yo que reconozco haber sido y será de IU y de Anguita, reconozco que me ilusionó cuando fue elegido secretario general del PSOE o candidato. Pero no entendí que una vez le hicieron la puñeta para que dimitiera no se fuese del PSOE y acabará yendo en las listas a las europeas.

    En tema nacional y económico más cerca de Borrell que de Sala i Martín, pero este último dice que es Borrell quién no quiere un cara a cara.

  3. Bueno, lo primero a destacar es que Ringo Starr ya ha realizado su primera actuación en Barcelona:

    http://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20180626/45427916415/ringo-starr-desata-la-beatlemania-en-el-palau.html

    Y lo segundo, relacionado con el artículo de hoy y de ayer, previo agradecimiento al sr Laertes por su aportacion de hoy y sus comentarios de ayer… Creo que no quedó suficietemente claro que el retrato que yo realizaba de Borrell en buena medida no recogía mis percepciones sobre el personaje -solo en parte- sino sobre como habia sido percibido a lo largo del tiempo por amplios sectores del catalanismo que hoy podríamos considerar agrupados en sus tendencias soberanistas. Expresiones como ” En Cataluña fue considerado un buen representante del jacobinismo socialista” reflejaban justamente eso.

    Luego había una caracterización del personaje más de cosecha propia y si se quiere más facilona, que es donde venía lo de la escalera y alguna cosilla más. A la luz de lo apuntado por el sr Laertes quisiera matizar que el tener una gran trayectoria política e incluso académica es compatible con ser un político ambicioso con ganas de volver a exponerse públicamente. Lo que pasa es que entiendo que para el sr Laertes el sr Borrell no habría modificado demasiado su actitud a lo largo del tiempo y para mí si que habría una cierta voluntad de resurgir en los últimos años, una vez que su experiencia europea ya hacia tiempo que había quedado atrás. En definitiva que la voluntad de ser un noble defensor de la socialdemocracia y la imagen de España no está reñida con la voluntad de poder y de ejercer ese poder hasta una avanzada edad y en etapas vitales muy distintas. Que no digo que no sea legítmo, sin ir más lejos eso ha sido también muy frecuente en la política francesa. Digo que parece que es así y que ha asumido en los últimos tiempos roles y riesgos importantes para conseguirlo.

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