Cuestión(es) de confianza

José D. Roselló 

La palabra “confianza” aplicada a la economía española no deja de aparecer en boca de responsables económicos, analistas, tertulianos, periodistas e incluso en otros gremios conspicuamente opinadores como taxistas y camareros.

Una de las cuestiones principales , pensamos, que nos tienen sometidos a tensión diaria es que no hay confianza en la economía española, y por eso la prima de riesgo es muy alta; o que no hay confianza en la economía española, y por eso las previsiones de los organismos internacionales son malas (y la prima de riesgo encuentra de nuevo motivos para ser alta); o que no hay confianza en la economía española y por eso no se hacen negocios, no se consume y estamos encerrados en casa atemorizados (con lo que las perspectivas de crecimiento se deterioran y, sí, lo han adivinado, la prima de riesgo tiene otra razón para incrementarse).

Aunque el argumento de “la confianza” o “recuperar la confianza” parece que a veces se use un poco abusivamente, cuando no se poseen argumentos objetivos mejores, es cierto que la confianza de los agentes es una variable económica relevante. Si es elevada, o se incrementa, consumidores y empresarios están más dispuestos a gastar y a invertir que si esta es baja o se está deteriorando.

Consumo e inversión privada son dos de los componentes de la Demanda Interna (al que habría de añadirse gasto e inversión pública), y la Demanda Interna equivale a alrededor del 75% del PIB -dependiendo de el país del que se hable-. Por tanto, sí, la confianza importa.

A fin de detectar el estado de la cuestión, se elaboran diferentes indicadores para medirla. En al ámbito empresarial son famosos el IFO alemán, el Tankan japonés, los PMI en varios países de Europa y Estados Unidos. En el ámbito del consumo, el más clásico es el elaborado por el Conference Board, también en los Estados Unidos.

Dentro de que cada indicador tiene su propia metodología, en general comparten una aproximación común. La manera en que se mide la confianza es simple. Se escoge una muestra representativa de empresarios o consumidores y se les pregunta sobre cómo ven el presente y el futuro. Luego se agregan las respuestas y, según haya mayor abundancia de respuestas positivas o negativas, así sale el resultado. No es que sirvan para predecir a la décima cual va a ser el dato del PIB del trimestre siguiente, pero se observa que anticipan bastante bien cambios o permanencias en la tendencia.

En este sentido, la Comisión Europea elabora mensualmente, para todos los países miembros de la Unión, unos indicadores de esta índole que tratan de medir la confianza en varios sectores económicos relevantes, y que luego sintetizan en un Indicador de Sentimiento Económico al que se denomina ESI.

Echando un vistazo a la información que proporcionan, disponemos de una fuente, al menos objetiva y de metodología consistente y transparente, que detecta como está la confianza en nuestro país y en otros de la Unión.

El siguiente gráfico muestra la evolución de los datos desde hace once meses. No son los datos originales, sino una comparación del dato de cada mes con el origen, para que se observe mejor la escala de la evolución en cada caso.

En los últimos once meses, en general, la confianza se ha deteriorado. Los más afectados son Consumidores, Industriales y el Sector Servicios (exceptuando el comercio minorista). El balance de la situación que hacen estos sectores se ha deteriorado casi un 50%. El comercio Minorista no ha empeorado tanto en su valoración, “sólo” un 20%, mientras que el indicador de Construcción no se ha deteriorado en este periodo. (Ya era, como se puede imaginar bastante bajo). Sobre el papel, esto anticipa que no pueden esperarse impulsos positivos al crecimiento provenientes de un incremento del consumo o la inversión, o al menos los agentes implicados no los prevén en este momento. Los agentes de la economía española no andan muy esperanzados.

Si comparamos el ESI (indicador agregado) de España con el Alemán nos encontramos con dos impresiones contradictorias.

La primera no se refleja en el gráfico, pero se halla en el nivel. El indicador alemán oscila por encima del 100, el español entre el 95 y el 80. Esto significa que, globalmente, los alemanes son optimistas (aunque no demasiado) mientras que los españoles son pesimistas respecto a la situación. La segunda impresión en cambio, nos habla de la tendencia: en ambos casos es descendente, por tanto, en el último año los agentes de ambas economías lo ven ligeramente peor. Esto se alinea con las previsiones económicas efectuadas este año para la Eurozona, donde los analistas auguran un año más bien malo.

¿Qué puede hacerse para aumentar la confianza? Malévolamente si se escuchaba a los dirigentes del partido popular cuando estaban en la oposición, bastaba con sustituir al gobierno de Zapatero. Da la impresión de que esto no era acertado.

Bromas aparte, parece bastante claro que hay una relación entre el estado de la situación en sí y las expectativas, es decir, hay una cierta componente endógena entre confianza y crecimiento. Es decir, cuanto peor o mejor va la cosa, peor o mejor son nuestras expectativas. Esto, por tanto no se puede afectar desde fuera.

Sí puede intentarse aportar información sobre el futuro que el general de la población desconozca, para ver si esa información generase un cambio de tendencia. Por ejemplo, anunciar medidas con antelación, esperando que la gente piense que van a tener efectos positivos. O, de manera similar, la acción de la semana pasada por parte de las grandes empresas españolas anunciando unas perspectivas de crecimiento mejores que las de los organismos internaciones. Esto podría interpretarse como un intento de mejorar la confianza y las expectativas.

Otras noticias no estrictamente sobre datos económicos, pero si en relación con ellos, pueden tener el efecto contrario. La intervención en Bankia, por ejemplo, genera un cierto efecto de desánimo e incertidumbre acerca de la entidad, y, por ende, del sistema bancario. Por tanto no es solo el efecto sobre las variables fiscales el que cuenta, sino ese efecto psicológico en un tejido económico ya sometido a mucho stress de malas noticias. En el mismo sentido, los rumores de un abandono de la Zona Euro por parte de Grecia, no ayudan nada.

Puede que, en el caso de Bankia, una comisión de investigación que aclarase dudas al respecto pudiera mitigar este efecto negativo, al fin y al cabo se trata de tomar la mejor decisión posible dentro de una situación ya, per se difícil. En el caso de Grecia, cualquier noticia buena sería bienvenida.

En cualquier caso, creo que todos podemos coincidir, estamos deseando oír pronósticos mejores que podamos creernos. Por ejemplo, algo sobre que el BCE o la UE fueran a impulsar el crecimiento continental. Nos vendría de maravilla. Por favor M. Hollande, échenos una mano.