Cubama

LBNL

Venía creciendo la desilusión internacional con Obama: no ha cumplido su promesa de cerrar Guantánamo y ya van años, sacó las tropas norteamericanas de Irak pero sin haber consolidado la situación de forma que ahora están volviendo, no ha conseguido acabar con bien la guerra de Afganistán y lo de liderar desde detrás en Libia no acabó de funcionar visto el caos post Gadafi. Como tampoco funcionó su apoyo a la democracia en Egipto, dejando caer a Mubarak para acabar aceptando a el golpe de estado de Sisi, que es incluso peor. Si en el ámbito nacional su logro de extender la cobertura sanitaria – Obamacare – parece insuficiente, en el plano internacional se ha puesto últimamente de moda considerar a Obama como un Presidente titubeante e ineficaz.

Y sin embargo… Como quien no quiere la cosa, culminando un proceso de negociaciones secretas durante el último año y medio, Obama ha conseguido superar el persistente bloqueo de las relaciones con Cuba. El “bloqueo” en sí, es decir, las sanciones norteamericanas a la inversión en Cuba, tardará más tiempo en ser desmantelado pero el restablecimiento de las relaciones diplomáticas será inmediato y Obama utilizará sus poderes ejecutivos para ampliar sustancialmente las relaciones comerciales y sociales entre ambos países.

La jugada pudo haberle salido mal pero le ha salido bien y, desde luego, no habría podido ser así de no haberse atrevido a intentarlo. Y quizás en los próximos meses la administración Obama pueda apuntarse un par de éxitos complementarios, desbloqueando situaciones de bloqueo igualmente complejas y absurdas.

Para empezar, las negociaciones con Irán sobre su programa nuclear, están a punto de caramelo. De nuevo, las sanciones contra la teocracia iraní no han surtido el efecto esperado. Más bien al contrario, dado que Irán está cada vez más cerca de convertirse –o tener la capacidad de convertirse – en una potencia nuclear. Todas las condiciones están reunidas y lo más racional es que ambas partes alcancen el acuerdo que a ambas beneficia. Irán podría argumentar que ha resistido las presiones y mantiene su programa nuclear civil mientras que EE.UU. y la comunidad internacional tendrían la garantía de que Irán necesitaría al menos un año para poder construir una bomba atómica desde que se pusiera a ello, de lo que tendrían cumplida cuenta en el mismo momento en el que ello sucediera a partir de un régimen de supervisión mucho más incisivo.

La otra sopresa que nos podrían deparar Obama y Kerry en los próximos meses sería un avance sustancial en el sempiterno conflicto israelo-palestino. En verdad, la cosa pinta fatal. Los palestinos han quemado las naves y acuden al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a pedir el fin de la ocupación israelí en un par de años. Israel denuncia la jugada unilateral y, en paralelo, se sume en un proceso electoral anticipado que le permite, en principio, dilatar cualquier iniciativa diplomática que pudiera dilatar de nuevo la impaciencia palestina. En principio, a los palestinos les resultará difícil contar con los nueve votos necesarios en el Consejo de Seguridad, como demuestra que vayan a esperar al relevo de primeros de año (se supone que no los lograrían con la configuración actual del Consejo pero sí con la futura). Más difícil todavía será que EE.UU. no vete una resolución considerada como anti-israelí por Israel. Los palestinos dicen que, a estas alturas, les da igual. Si EE.UU. se atreve a vetar una resolución que simplemente establece un límite temporal a la ocupación para que Israel no pueda retrasar más el proceso, acudirán al Tribunal Penal Internacional y a partir de ahí denunciarán cualquier agresión israelí como crimen de guerra. Es una jugada arriesgada pero a Israel le da pavor que sus dirigentes y militares puedan acabar en el banquillo penal internacional junto a líderes de milicias africanas, hasta ahora los únicos procesados por el TPI.

La novedad es que EE.UU. le ha hecho saber al ínclito Primer Ministro israelí que no debe contar con la garantía de su veto: estudiarán la resolución y votarán en función de su contenido. Es muy posible que la resolución palestina desborde lo que EE.UU. pueda aceptar no vetar, pero quizás no tanto la resolución paralela que Reino Unido y Francia, con la complicidad activa de Alemania, están preparando. Dicha resolución será sin duda más ambigua que la original palestina, pero mucho más difícil de vetar para EE.UU. Y quizás ofrezca un marco claro – tanto de contenido como de duración – para la reactivación de las negociaciones con el nuevo gobierno israelí salido de las urnas.

Ya veremos que pasa con Irán y con Israel-Palestina. De momento, lo de Cuba está en marcha y a marchas forzadas. Por supuesto, los halcones acusarán a Obama y su equipo de debilidad, de ceder ante los hermanos Castro cuando los límites a su longevidad y la debilidad de Venezuela menos lo aconsejarían. Lo mismo cabrá decir de Irán o de Israel, la única democracia de Oriente Medio que no debería ser dejada en la estacada bajo ningún concepto. Pero somos muchos los que pensamos que enrocarse en posiciones que se han demostrado como estériles, sólo sirve para llenarse la boca y no para conseguir el resultado perseguido: resolver los problemas y las amenazas.

Cuba está a punto de ser invadida masivamente. No por las tropas gringas (NB: supongo que saben lo de green go home) sino por legiones de inversores y turistas norteamericanos que van a transformar la isla en menos que canta un gallo, por más que Raúl Castro reafirme su defensa de la revolución y el socialismo, como hacía el pobre Gorbachov poco antes de que el sistema soviético se colapsara sin remisión.

La sociedad iraní desea fervientemente el deshielo para mejorar su situación económica y contar con aliados reales para poner coto a los abusos y corrupción de los guardianes de la revolución y la tiranía moral de los mullahs más extremistas.

Y lo mejor que le podría pasar a Israel es que la comunidad internacional le “obligue” a dar los pasos que sabe perfectamente que son indispensables para poder alcanzar una paz con los palestinos mínimamente justa y, por tanto, con visos de perdurabilidad.

Obama está en ello. Pocas semanas después de ver como los republicanos recuperaban el control del Congreso, ha derrumbado sorpresivamente el muro con Cuba. Y desde luego lo está intentando con Irán e Israel.

Por cierto, todo ello mientras lidera la eficaz ofensiva internacional contra Putin y sus desmanes en Ucrania, lo cual debería ser tenido en cuenta por los halcones antes de considerarle un blandito.

En fin, lo de Cubama es una gran noticia para acabar el año y un excelente augurio para el que viene.