Cuando los sueños se hacen realidad

Guridi 

Los sueños propios muchas veces resultan ser las pesadillas de otros al trasladarse a la realidad. Cuando el que impone sus fantasías, además, tiene poder, el resultado puede convertir la realidad de muchas personas en un infierno que dura décadas.

Tomemos como ejemplo a Kim-Jong-Un, cuya familia ha convertido a Corea del Norte en una pesadilla-sueño donde todas las personas van uniformadas, tienen controlados hasta el tipo de corte de pelo que se pueden hacer y donde todo el mundo está obligado a tener un retrato de la familia gobernante visible.

O el sueño de George W. Bush de acabar el trabajo de su padre en Irak, que ha desestabilizado todo el mundo, agravado la situación en Oriente Medio por décadas, puede que por siglos y estimulado la aparición de nuevos tipos de terrorismo y de grupos de fanáticos como el Daesh.

El Daesh es la traslación a la realidad del sueño de Al Bagdadí de convertirse en el Califa del Apocalipsis del que habla el Corán. El mesías musulmán que hará la última gran batalla contra “los romanos” en Dabiq y traerá el reinado universal del Islam, tal cual él lo interpreta directamente de sus escrituras.

Gabriel Rufián soñaba con no dar un palo al agua y vivir de su carisma y de su ingenio, copiando los chistes de otros en Twitter y dando réplicas chulescas sin más contenido político que ser el líder de la barra del bar.

Joan Tardà sueña con una Cataluña independiente, que surgiría de la sangre de pacíficos mártires, masacrados por tanques españoles comandados por imaginarios militares con bigote de lápiz y gafas de sol de aviador.

Puigdemont sueña con ser ese alcalde, de ego galopante y formas rotundas, que comande a una sociedad sin diversidad, sin opiniones diferentes, a un estado propio donde se vea que los catalanes son gente de bien, una sociedad homogénea de hijos de buenas familias que será recibida con los brazos abiertos por Europa, que les juzgaría más a su altura que los sucios, malencarados, vagos y desorganizados españoles.  

Nuestro compañero y amigo del blog, José Rodríguez, sueña con ayudarle a ello, creyéndose el líder de un escuadrón de “Red Tails”, el grupo de pilotos negros que combatía a los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Cuando en realidad, Jose, sólo eres parte de la maquinaria de desinformación y de guerrillas de los indpendentistas en las redes.

Mariano Rajoy sueña con levantarse un día de la siesta y que todo el mundo le de la razón, aunque sea por cansancio. Rajoy fantasea con ser un rompeolas, que permanece inalterable mientras los demás se rompen en espuma al golpearse contra él.

Pedro Sánchez sueña con ser una súperestrella de la tele,gobernando a golpe de capricho desde su móvil, con la gente aclamándole por la calle sólo por ser él mismo y con ser un expresidente que sea invitado a actos donde sólo tenga que asentir con gravedad y poner el cazo.  

Pablo Iglesias Turrión sueña con ser un líder guerrillero, una figura pintoresca y carismática que llegue al poder tras una insurrección popular, alterando en el proceso todas las instituciones de un país en no menos pintorescos grupos de gente, que celebren su diversidad con coros y danzas indígenas y le sigan proveyendo de bellas revolucionarias que le adoren. 

La democracia, sin embargo, es un sistema que busca poner en común los sueños de la gente, donde todos jugamos con las misma reglas y donde se asegure que los deseos de unos no aplasten la capacidad de otros de poder conseguir lo que sueñan. No es sólo votar: es no hacer trampas, es dar a todos y a todas la capacidad de decir qué es lo que quieren y obligarnos a todos a sentarnos para alcanzar acuerdos. Puede que sea un sueño muy aburrido pero es el que menos pesadillas produce.