Cuando la ficción te alcanza

Guridi

Esta semana hemos tenido revuelo “tuitero”. La malvada Esperanza Aguirre ha puesto a su gente a seguir los rastros dejados por la lista de Carmena en las redes sociales. Y ha descubierto que el concejal Zapata tiene una preocupante afición a hacer bromas con la incineración de judíos y que al concejal Soto le encantan las fantasías de violencia y torturas con gente que no le cae bien.

Para ser honestos, habría que aclarar que esos tweets y entradas de blog son bastante antiguos y que tenían un contexto determinado. Pero el contexto no termina de ser una excusa válida.

En el caso de Zapata, porque aunque sólo un par de esos tweets fueran ejemplos de humor de mal gusto sobre el Holocausto, son dos ejemplos cutres, cochambrosos y groseros. Además, la broma de judíos o israelíes convertidos en montoncitos de cenizas era repetida cada vez que Israel atacaba a los palestinos, o cada vez que algún judío presente en twitter le recriminaba esas bromas sin ninguna gracia. Sólo le salva uno de los tres contextos en los que se daban esos tweets. Y estoy seguro de que Zapata no se alegra de la Shoah, ni se la desea a nadie. Pero, como tantos de los que forman Podemos, disfruta con alegría del matonismo en las redes porque, total, ¿a quién hace daño de verdad eso? Bueno, ya tiene una pista. A él mismo, por empezar a enumerar. Y estoy seguro de que el señor Zapata era mayor de edad hace cuatro, tres y dos años.

Pablo Soto es un caso más grave. Pablo se hizo famoso hace como seis años por crear programas para compartir y descargarse archivos. Al poco tiempo fue denunciado por piratería. Mientras sus procesos judiciales avanzaban, Soto empezó a hacer declaraciones en las que se sentía víctima de una persecución política, oprimido, a punto de ser encarcelado por lo que él consideraba el ejercicio de su libertad de expresión. Lo que suele decir una Pantoja o un Jesús Gil en cuanto les trincan, aunque sean pre-15M. En su blog comenzó a fantasear acerca de las maneras en las que liberarse de los tiránicos poderes que le oprimían. Y en sus fantasías violentas, tan de adolescente, ya pedía levantamientos en armas contra la “Ley Sinde”. Lo de fantasear con torturar a Gallardón ya es posterior.

Tanto Soto como Zapata siguieron diciendo estas burradas porque la gente que les seguía en las redes les reía las gracias, jaleaba, animaba y daba la razón.

Cuando llegó el 15M, personas como Zapata y Soto, que venían de movilizaciones diferentes, se pusieron en contacto y descubrieron cosas que tenían en común. Una de ellas es el discurso fantasioso adolescente de vivir en una tiranía. Toda la retórica de “resistencia” y “rebelión” que muchas de estas personas (y los líderes fundadores de Podemos) usaban en sus pequeños círculos se empezó a ampliar y a generalizar dentro de las acampadas y de los movimientos que orbitaban alrededor de las tiendas de campaña de la Puerta del Sol. La alucinación colectiva de vivir en una dictadura se contagió con rapidez. Nada dialogado, nada anterior a ellos era válido, sino que era un disfraz de la tiranía. La Transición, una broma. La lucha contra el franquismo, sólo la que hacían ellos en 2011, porque los anteriores dejaron que el tirano muriese en la cama y chafardearon con sus herederos para –según estos fantasiosos “rebeldes”- prolongar la dictadura.

Las vidas arrebatadas por el franquismo, la lucha por más democracia, el esfuerzo de todos los activistas y militantes de partidos anteriores al 15M eran arrastrados por el fango. Lo mismo daba PSOE que PP. ¿IU? Inservibles. Había que ir más allá. Había que ir al hombre nuevo.

La debacle sufrida por el PSOE y la posterior caída del gobierno de Zapatero les hizo creer que habían ganado su primera batalla contra esa opresión amorfa y sin nombre de la que se creían víctimas. Así que su ascenso en las cotas de delirio seguía a velocidad de crucero.

La llegada del gobierno de Rajoy, con su mayoría absoluta y su desacomplejado afán por recortar derechos, libertades y servicios públicos les reafirmó más en su fantasía. Con satisfacción anotaron que las condecoraciones a estatuas de Fernández Díaz, las trampas electorales de Cospedal o los porrazos de parte de Cifuentes se parecían más a la dictadura franquista que aquel PSOE que les miraba inmóvil y con perplejidad en mayo de 2011.

Con la inestimable ayuda del despótico ejercicio de la mayoría absoluta ejercida por el PP, los casos de corrupción que seguían surgiendo a borbotones, una crisis que se ha gestionado ejecutando indiferentemente las penitencias enviadas desde Alemania a sus pecadores unterschmen del Sur. Estas fantasías de ser un reducido de grupo de resistentes seguían creciendo y creciendo; como los chicos de las cazadoras de cuero de “V”, los tipos con boina y “Gitanes” en la boca de las pelis de Segunda Mundial o los adolescentes armados de la muy fascista “Amanecer Rojo”.

El momento en el que la fantasía tiene que enfrentarse a la realidad es cuando alcanzas lo objetivos que pensabas inalcanzables por imaginar tan todopoderoso a tu enemigo. Has ganado las elecciones. Unas elecciones limpias. Has sido nombrado concejal y no han acudido los del “Feldgendarmerie” a tu casa para secuestrarte. Los malvados socialistas parecen colaboradores, pese a tus penetrantes miradas de odio. No se produce el tamayazo con el que soñabas que te arrebatan la victoria en el último momento. ¿Y ahora?

Ahora eres un respetable concejal del Ayuntamiento de Madrid y te toca enfrentarte a unas circunstancias de normalidad democrática para las que tu retórica guerrillera no te había preparado. Y resulta que de verdad hay judíos. ¡Existen! Y se ofenden. Y resulta que hay gente que ha votado a tu cabeza de lista, pero no soporta que fantasees con despellejar a Gallardón. Para colmo te vas a tener que ocupar de cosas como limpieza de colegios, recogida de basuras, rutas de autobuses de la EMT, visitar concursos de belenes o revisar ordenanzas que apenas entiendes. Porque estabas con tus amigos, en las redes, de risotadas, plantando cara a los malos.

Pues ya erais mayorcitos. Antes y ahora. Habéis sido tan entusiastas gestionando una guerra imaginaria que ahora no valéis para la paz.