Cuando juzga la parte

Aitor Riveiro

Siempre que me cojo unos dí­as fuera del paí­s de vacaciones me pasa lo mismo: trato de desconectar de lo que sucede en España pero me resulta imposible. Al final, lo que consigo es enterarme sólo a medias de lo que sucede en mi paí­s: leo por encima la portada de los periódicos que veo en los kioskos, hago visitas rápidas a las ediciones digitales de los diarios… en resumen, me informo a golpe de titular.

Informarse a golpe de titular es peligrosí­simo. Por su propia definición, esas pocas palabras que encabezan una noticia o reportaje tienen como misión primordial llamar la atención de los lectores, engancharles para que sigan adelante. Tiene su puntito de información, por supuesto, pero, seamos sinceros, cuando un periodista titula lo hace para que éste sirva de cebo: es lo que tiene la profesión, un puntito (o puntazo) de egocentrismo.

Así­ que estando de viaje por tierras bálticas me enteré a medias de un par de noticias de gran calado. Una de ellas tremendamente importante; la otra, terriblemente impactante.

En pleno Dí­a de la Independencia de Letonia me enteré de que Sacyr Vallehermoso poní­a en venta su 20% de Repsol porque no tiene un chelí­n. Del Rivero ha decidido que la petrolera no le renta y quiere recuperar los euros que pagó en su dí­a por sus participaciones, que hoy por hoy valen algo así­ como la mitad.

¿Y quién está interesado en Repsol? En un principio parecí­a que Gazprom, pero luego apareció una empresa en escena que yo, personalmente, ni conocí­a: Lukoil.

Un dí­a o dos después (no tiene porqué coincidir con la realidad, hablo de cuándo me enteré yo) supimos que unos porteros de discoteca habí­an matado a un joven en Madrid tras darle una paliza. La muerte del joven salpicaba con truculentos detalles la portada de todos los medios digitales compitiendo con el ‘affaire Repsol’ en igualdad de condiciones.

Unos dí­as después, ya en el caluroso Madrid, entré más a fondo en ambas noticias. He de confesar que por mucho que lo haya intentado no entiendo casi nada del contencioso Repsol, Sacyr, Lukoil, La Caixa, Gas Natural, EoN, Enel, Endesa, Santander y no sé cuántas grandes empresas más. Pero sí­ tengo una cosa clara: el libre mercado vale cuando vale, que es cuando los que dicen lo que vale dicen que vale.

Lo que sí­ me ha quedado claro como el agua es todo lo referente al asesinato del joven Álvaro Ussí­a a manos de unos energúmenos en la noche madrileña. Quizá porque nadie se ha molestado en explicar claramente qué significa que Lukoil entre en el accionariado de Repsol; quizá porque estoy harto de ver el comportamiento de los porteros y demás macarras por la noche; quizá porque el ordenamiento energético mundial es algo demasiado difícil de explicar sin ser claros y sinceros; quizá porque lo que ocurre en la puerta de casa nos interesa mucho más que lo que ocurre a 100 kilómetros, no digamos en un consejo de administración.

En el primer caso, la reacción de Gobierno, oposición, agentes sociales, periodistas y demás apesta a confusión, intereses creados y medias mentiras, que no verdades. En el segundo, sin embargo, la reacción ha sido unánime y todos se han lanzado a prometer reformas legislativas mil y, por arte de birlobirloque, han aparecido del fondo del cajón otras tantas órdenes de cierre de lugares de ocio tan míticos como La Riviera, la sala Macumba o But.

Pareciera que el primer caso es intrascendente y el segundo vital para el futuro de la nación. Y alguien que se informe “a golpe de titular” podría pensar lo mismo. Y, sin embargo, no puedo dejar de pensar que la inseguridad de los jóvenes que salimos de fiesta por la noche es tremendamente importante, pero casi lo es más (y espero que se entienda lo que quiero decir) que la mayor petrolera de España pase a ser controlada por una empresa rusa con contactos con la mafia.

Y, mira por donde, el pasado día 21 me encuentro en El País uno de esos reportajes que llevaba siglos esperando leer. Manuel Altozano firma una información titulada “Cuando la ley se hace a golpe de escándalo” en la que se analiza de forma clara y concisa cómo en España se legisla, se opina y se piensa como si ‘El Caso’ fuera el BOE.

Y los ejemplos de Lukoil, Álvaro Ussía, De Juana, Mari Luz son algunos de los más recientes, pero también debemos recordar, por ejemplo, el de Sandra Palo, del que ya hablé aquí en su día por lo nauseabundo del tratamiento informativo que se le dio.

Me parece indignante, como ciudadano pero también como periodista, que la ciudadanía se mueva a golpe de víscera y de titular amarillo. Pero me resulta preocupante y de una calidad democrática mediocre que nuestros políticos, como Aguirre y Gallardón han hecho en Madrid en la última semana o como el Gobierno de ZP ha hecho a lo largo de estos cuatro años en algunos temas, legislen a golpe de titular, como si la víctima tuviera derecho a juzgar. Y eso, creo, es cargarse el espíritu de la Justicia.