Cronología de la Cumbre de Salvación del Euro del viernes 22 de julio de 2011

Magallanes

 Después de varios meses de discrepancias entre los países miembros de la eurozona y  del Presidente del BCE sobre la aprobación del 2º Plan de Rescate de Grecia, finalmente se llegó a un acuerdo por el  que todos cedieron una parte importante de su anterior intransigencia.  La discrepancia fundamental era entre la Canciller alemana Ángela Merkel y el Presidente del BCE Trichet.  Merkel consideraba que los bancos privados europeos acreedores de Grecia tenían que arrimar el hombro y participar en el rescate. Es decir, tenían que condonar parte de dicha deuda, bien en forma de alargar el periodo de devolución, bien reduciendo el tipo de interés que estaban aplicando, o ambas cosas a la vez. Trichet se oponía radicalmente, en parte porque el BCE ha  tenido que comprar mucha deuda griega en años anteriores y, por tanto, al BCE le tocaba también alargar el periodo de refinanciación y, en parte, porque las agencias de ratings  han dejado muy claro que aumentarían la prima de riesgo de Grecia al máximo.

 Trichet, junto con Sarkozy y otros, quería que al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera  se le permitiera comprar deuda pública griega, irlandesa o portuguesa en el mercado secundario, lo que daría  solvencia a las deudas de estos países y detendría la espiral de subida de sus primas de riesgo. Pero para ello tendría, a su vez, que recabar financiación de los países miembros. Es decir, de sus presupuestos y, por tanto, de sus bases impositivas. A ello se oponía principalmente Alemania, ya que equivalía a financiar a países que no habían mantenido una austeridad de gastos sociales parecida a la alemana y encima le tocaba pagárselos a los contribuyentes alemanes.

 Así se llegó a la cumbre de Ministros de Hacienda de los países de la eurozona del viernes 15 de julio en medio de la tensión que provocaban las subidas de primas de riesgo de las agencias de ratings. Pero en esta reunión no se consiguió solventar el desacuerdo básico que he enunciado anteriormente. Sin embargo, la vuelta de los negociadores a sus capitales no fue nada sosegada. En Berlín, miembros del gobierno  y  los principales líderes del partido cristianodemócrata de Merkel y su aliado el partido liberal, empezaron a inquietarse por este fracaso.

 Ya antes, se habían ido convenciendo de que no era posible que Grecia saliera de la insolvencia por sus propios medios y que las medidas de austeridad que se le habían impuesto lo harían todavía más difícil. Por otra parte, las agencias de ratings estaban subiendo las primas de riesgo nada menos que a España e Italia, la tercera y cuarta potencias de la eurozona. En fin, se convencieron de que nada menos que el euro estaba entrando en crisis, lo que podría desembocar en la ruina de la UE y en una nueva crisis financiera mundial. Así pues, Merkel se encontró con que sus principales colaboradores le exigían acabar con la falta de acuerdo.

 En Bruselas, el Presidente del Consejo Europeo, Van Rompuy, muy preocupado por la situación, quiso convocar una  Cumbre de Jefes de Gobierno el lunes 18, pero a Merkel le pareció prematuro. Sin embargo, el martes 19 recibió nada menos que la llamada del Presidente Obama urgiéndole a que terminasen de cerrar  un acuerdo para evitar el contagio al resto del mundo. Con tanta presión, Merkel decidió llamar a Van Rompuy para que convocase la cumbre de Jefes de Gobierno el jueves 21.

 En Frankfurt, Trichet, también preocupado, reunió al Consejo del BCE el miércoles 20, y en esa reunión decidió retirar su intransigencia respecto a la participación de los bancos privados en el rescate, pero tratando de exigir otras medidas que, en cambio, Alemania vetaba. Había que lograr que el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera garantizara las emisiones de bonos griegos, con lo que el BCE podría conceder créditos a bancos privados utilizando esos bonos como colateral. También había que insistir en que los países de la eurozona tenían la obligación de financiar y crear un plan de desarrollo de Grecia.  

 En Paris, Sarkozy, después de varias conversaciones telefónicas con Merkel que no aclaraban nada, decidió coger un avión el miércoles 20 por la tarde y reunirse con ella en Berlín.  Una vez reunidos, decidieron que también acudiera Trichet, que llegó a las 10 de la noche, después de la cena de los dos primeros. La sobremesa de trabajo se prolongó hasta las 12 de la noche. Finalmente se llegó a la mutua cesión de propuestas.

 Los bancos privados europeos renegociarían la deuda que Grecia tenía con ellos. Se reforzaría y ampliaría el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, facultándole, así como al BCE,  para comprar deuda griega en el mercado secundario. También ayudaría a capitalizar a bancos privados en dificultades. En una palabra, el Fondo se convierte en garante de la deuda de países miembros de la eurozona, recayendo, por tanto, la garantía en último término sobre los contribuyentes de los países miembros.

 Mientras tanto, el banquero Ackermann, presidente del Deutsche Bank y estrecho colaborador independiente de Merkel, se reunió en Bruselas con Venizelos, ministro de Hacienda griego, para tratar de los términos de la refinanciación de la deuda griega con los bancos privados europeos. Al parecer, el parlamento alemán estaría conforme si Ackermann convencía al resto de los banqueros de la conveniencia de aceptar la refinanciación.

 Finalmente se produce la cumbre de jefes de Estado el jueves 21 por la tarde. La sorpresa inicial fue la exigencia de Holanda y Finlandia que, desconocedores de que ya todo estaba pergeñado, quisieron exigir a Grecia que garantizara el préstamo que iba a recibir con edificios, tierras y las compañías marcadas para su privatización. Papandreu se retiró de la reunión para volver enseguida, negándose en rotundo a semejante condición que consideró insultante. Holanda y Finlandia se vieron obligadas a retirar su pretensión al ver que Merkel y Sarkozy no secundaban su intempestiva propuesta.

 Sarkozy se dirigió a los medios el jueves por la noche diciendo: “Nuestro  objetivo es aprovechar la crisis griega para dar un gran salto en la gobernabilidad de la eurozona” y “hemos iniciado la creación del Fondo Monetario Europeo”.

 Merkel dio su conferencia el viernes 22 afirmando que se había actuado con solidaridad y responsabilidad y que “no puede concebirse Europa sin el euro”.