Crisis y cansancio

Barañain

 

Hace una semana se comentaba en este Debate Callejero el prometedor mes de mes de abril que entonces se iniciaba, cargado de citas importantes. La crucial semana no ha defraudado las expectativas. Sin embargo, aquí estamos, abocados a comentar no los hechos acaecidos en esas citas internacionales (del G20, con Obama, en Estambul,..) sino esta crisis gubernamental que, como la primavera, ha venido y nadie (aún) sabe cómo ha sido. Y es que, por seguir en plan poético, se confirma que “abril es el mes más cruel”.

 

Se preguntaba ayer Enric Sopena: “¿Era necesario, o al menos conveniente, que al anochecer del domingo se difundiera -a través de una filtración en exclusiva para la SER y El País on line– la noticia con nombres y apellidos de cambios relevantes en el Gobierno? ¿Fue una mano negra, que pretendía aguar la fiesta a Zapatero, la que meció la cuna de la filtración? ¿O fue otro error de coordinación gubernamental, que no midió correctamente los tiempos e hizo las cosas con cierta frivolidad, de modo que dejó a Zapatero a media luz primero con Obama y luego con el segundo foro de la Alianza de Civilizaciones?”

 

Es obvio que necesario no lo era. Conveniente, menos aún. ¿Hecho a propósito o producto de la descoordinación?  Puesto a especular, con no menos  fundamento que el que gastan los comentaristas y tertulianos que viven de ello, yo me inclino por la primera de las hipótesis. No se ha tratado en esta ocasión de un “fallo técnico”. Más bien parece que  lo ocurrido se ha debido a la irresponsabilidad de  alguno de los “jugadores” de esta partida. En el peor de los casos, alguien ha querido maniobrar para ganar por la mano al Presidente Zapatero, recortándole su capacidad de iniciativa (porque objetivamente eso es lo que se consigue al liar la cosa  de esa manera, ya que supone un sobrecoste político revertir las expectativas generadas…algo difícil de asumir en situaciones de debilidad).

 

Irresponsabilidad que necesita, claro está, del colaborador necesario. Resultó particularmente insultante – una especie de provocación-, que el medio informativo que filtraba la noticia de la crisis que se avecinaba, saboteando de paso el eco favorable de la presencia internacional del Gobierno, se hiciera el sorprendido porque tal crisis se desencadenara en medio de tanto trajín presidencial y estando fuera de España Zapatero. Cinismo o desvergüenza en estado puro (cualidades de las que, por cierto,  el director de El País ya había dado un espectacular recital en el publirreportaje que se brindó a sí mismo, en la edición del domingo, en ese espacio que lleva por título “El defensor del lector” o algo así).

 

El fatigoso via crucis que ha recorrido Rajoy en pos del liderazgo de la derecha entre zancadillas y atropellos de parte de sus medios afines, indica hasta qué punto es   acuciante –y lo es tanto para la izquierda como para la derecha-, la necesidad de librarse del abrazo interesado de los grupos mediáticos que pareciendo abanderados de sus respectivas postulados ideológicos actúan de hecho –tratan de hacerlo, al menos-, como condicionadores de las políticas que unos y otros llevan a cabo. Condicionadores que recurren a todas las armas de presión a su alcance cuando comprueban que o no se les reconocen sus servicios prestados a la causa – como creen que debiera ser -, o no son tenidas en cuenta sus instrucciones en tal o cual asunto sobre el que se han pronunciado. O cuando, en fin, los negocios no les cuadran y el poder no corre en su ayuda tal y como ellos creen haber merecido. De los “pellizcos de monja” al sabotaje puro y duro.

 

Pero, miserias al margen, y aún a falta de conocer todos los entresijos y claves de la remodelación gubernamental  ¿es razonable que Zapatero cambie su gobierno en mitad de la crisis? Sí, si se asume que más allá de las actuaciones técnicas, esto es,  de las medidas económicas puestas en marcha por el Gobierno, su déficit seguía siendo el de la dificultad de liderar socialmente y de transmitir confianza entre la ciudadanía sobre la senda que se ha tomado. Si se echaba de menos el necesario perfil político y la capacidad de hacer “pedagogía” social ante la incertidumbre colectiva existente, es evidente que no podía seguir pivotando el gobierno sobre quien, como el amortizado Solbes, parecía poner todo su empeño en mostrar cuán cansado estaba. El cansancio, legítimo,  parece incompatible con los requerimientos de estos tiempos difíciles, al menos en lo que se refiere al ámbito de la economía.

 

Pero si es un perfil más político lo que se busca, lo chocante es que se vaya a optar por una persona como Elena Salgado y ello al margen de los méritos que haya contraído en el desempeño de sus responsabilidades en Sanidad primero y en Administraciones Públicas después. Y no porque carezca del  pedigrí de experto economista. No es eso lo que yo echaría de menos si fuera ella, finalmente, la elegida para liderar el equipo económico del gobierno. Como tampoco espero que los responsables políticos de Educación sean profesores, los de Sanidad, médicos o los de Defensa, militares. No, no se trata de eso.  Es su carácter de gestor gris, de tecnócrata – eficiente, se supone-,   tan carente  de perfil político, o más, que el mismo Solbes lo que haría incoherente su designación con la motivación estrictamente política –que no técnica-, de la crisis de gobierno. 

 

Sí creo que aportan ese perfil político otros nombres que se han aireado como los del eterno Manuel Chaves y José Blanco. Como nunca llueve a gusto de todos, es cierto que el gallego despierta en determinados ambientes una animadversión que nunca he entendido (es lo bueno del baile de nombres; así, mientras se resuelve la crisis de verdad, podemos entretenernos con  nuestras particulares filias y fobias) pero exhibe una hoja de servicios políticos incontestable. No tanto, desde luego, como la del eterno Chaves aunque en el caso de este hombre esa misma virtud  puede ser su hándicap. Para muchos, se trata de alguien que está ya muy visto.  No parece que pueda simbolizar el empuje y brío necesarios ni,  menos aún, la imagen de innovación, de audacia y de modernidad que ha caracterizado al mejor Zapatero.

 

En cualquier caso, su buen hacer –al menos, su discreto hacer-, estaría  garantizado. Desbloquearía así la necesaria sucesión en el PSOE andaluz y compensaría  con creces el déficit de cuota territorial derivado del cese de la ministra Alvarez. En ella también es evidente la discordancia entre la habilidad política y su capacidad de gestión que –diga lo que digan sus críticos feroces- me parece que ha sido  innegable. Ignoro si ha mostrado también ella su cansancio ante el desgaste soportado, o si es Zapatero el que se ha cansado de ella.

 

El cansancio –en uno u otro sentido-, es siempre una de las claves de las crisis de gobierno. Aunque no todos se resienten por igual: ahí está el caso del ministro Rubalcaba que no parece abocado al recambio aunque no haya dejado, igualmente, de exhibir su fatiga (y si hemos de creer algunas fundadas versiones, visto el trajín de este fin de semana no sería de extrañar su agotamiento).

 

Sea cual sea “la mano que ha mecido la cuna”, Zapatero aún puede contrariar sus planes. Si así ocurriera, esa sería la mejor noticia.