Cría cuervos

Guridi

Ganó Pedro Sánchez. Se impuso el relato del príncipe destronado. Las primarias han devuelto al príncipe a su trono, le dan plenos poderes para anular las partes de los estatutos que le puedan sujetar, le quitan contrapesos y condenan al silencio a toda la historia del PSOE anterior a Pedro Sánchez. Tan es así que en las enmiendas que Pedro lleva a la ponencia está culpar de todo a Zapatero. Podrá no ser verdad, pero ahí estará, la ponencia de un Congreso del PSOE, culpando de todo al último presidente del Gobierno del PSOE a mayor gloria del tipo que nos ha llevado a los peores resultados de la historia.

Pedro Sánchez, que llegó al poder para que no ganase el radical Madina. Quién lo diría hoy, ¿eh? El hombre de paja resultó tener vida propia y ahora ha arrebatado el partido al aparato que le puso en su momento. Y no va a ser para bien de nadie.

¿Quién ha perdido? Susana Díaz. La misma Susana que prefirió tener un mal secretario general que dejar que ganase un competidor. La misma Susana que se encargó de amagar y no dar, hasta resolverlo todo de una manera bochornosa con Verónica Pérez exigiendo que le dejasen tomar los mandos de Ferraz. Susana, que quiso enterrar a Pedro en avales y terminó enterrada en votos que expresaban el rechazo que despierta.

Susana, que se seguía haciendo la interesante y negando que se fuera presentar, mientras Pedro ya estaba en campaña y multiplicando euros en su crowdfunding prodigioso. Susana, que siempre quiso jugar en primera división y salió al campo con su equipo de regional, dejando a la Selección en el banquillo.

Susana tuvo a mano todas las herramientas para ganar, pero se creyó demasiado su propia leyenda de infalibilidad y las leyendas de poderes sobrehumanos que alimenta su corte de pelotas en Andalucía. Así pasó, que exageró en campaña sus defectos y no mostró ninguna de sus virtudes, que las tiene. Pero una de ellas no ha sido la de escoger a sus colaboradores más cercanos.

Susana, cuyo equipo de campaña parecía una tertulia taurina: su encargado de las redes es un conocido tramposo, investigado por corrupción y que salía más en las noticias por sus causas penales, sus trampas en las redes sociales o sus ausencias de su puesto de trabajo. O su asesor estrella, que desapareció un mes antes de que se celebrasen las primarias y del que no se ha vuelto a saber más. Aún se debate entre si se le echó o si él se largó sin decir adiós. Por no hablar de su lamentable documento programático, que tiene más mano de señores que son tertulianos en la tele que de expertos sobre algún tema.

Susana, que quiso zancadillear a Madina, poner a Pedro, quitar a Pedro, ser candidata, seguir siendo presidenta y abstenerse frente al PP en el Congreso. Todo ello a la vez. Y todo a la vez no se puede.

El resultado de todo esto está a la vista. Dos años de mala gestión de un secretario general que no está a la altura. Constantes conspiraciones de una presidenta autonómica que antepuso su ambición al bien del PSOE. Y más talento expulsado del partido. Así como el exterminio de la mejor generación que tenía este partido y que ahora ya no tiene nada que hacer: la de los nacidos en los 70 y en los 80.

Esta generación, que se fió de sus mayores cuando dijeron que Madina era un radical, que apretó los dientes y obedeció a sus mayores cuando dijeron que Susana era infalible e invencible. La de los veinteañeros de la Era Zapatero y los cuarentones de la era del César Sánchez. Esta generación se ha quedado sin oportunidades en el partido. Y no está muy claro que vaya a existir una generación de repuesto. Y, en cualquier caso, ¿en qué PSOE se les va a acoger? ¿En el partido de 138 años de historia y que modernizó España? ¿O en el nuevo PSOE de la era Sánchez, donde no existe nada previo que haga sombra a su pleclara figura? Lo más irónico de todo es que esta generación ha sido aniquilada por dos de sus miembros: Pedro Sánchez y Susana Díaz. Tal vez los dos ejemplos menos brillantes.

Y es que los mayores del Partido han preferido siempre dejar a los perfiles más brillantes en papeles secundarios y promocionar a los tiburones de aparato. Los mismos tiburones que han terminado por devorar a sus criadores. Y no será porque no se advirtiera a esos mismos mayores de la que se estaba avecinando. Contra Pedro, Susana nunca podía ser la opción.

¿Qué nos espera ahora? Pues nada, volver a la situación anterior al 1 de octubre: Pedro tratando de llegar a la Moncloa al precio que sea, Susana no cejando en quitarle de en medio y Pablo Iglesias volviendo a tender la mano para atraer al PSOE a sus trampas de maoísta adolescente.

Con algunos cambios, como que el PSOE pasará de ser un partido controlado por asambleas electas a ser un partido plebiscitario, controlado por un secretario general sin escrúpulos. Como que ahora se prohibirá opinar a compañeros, so pena de deslealtad grave al Secretario General. Como la inmensa cantidad de purgas que nos esperan. No por haber sido desleales al PSOE, sino por no haber sido perrunamente leales a Pedro Sánchez Pérez-Castejón, el caprichoso príncipe al que no se le puede llevar la contraria.

Les toca ahora a muchos refugiarse en sus territorios y defender con delegados lo que no han podido defender con la votación para secretario general.

En cualquier caso, hemos perdido tres años, la memoria y una generación entera. ¿Ha valido la pena?