Credibilidad y democracia

Millán Gómez

El terrorismo etarra ya es pasado por una victoria de la sociedad española. Dicho triunfo se ha conquistado en parte gracias a Ley de Partidos que ilegalizó su brazo político. Así lo defendí en su momento, del mismo modo que entendí que hoy día nos encontramos en una situación antagónica a la de entonces. Lo era en mayo con motivo de las elecciones municipales y mucho más en noviembre con las generales después del anuncio del final del terrorismo. Les hemos pedido con razón infinitas veces que dejaran la violencia a un lado. Lo han hecho. Ciertos sectores de la mal llamada izquierda abertzale han colaborado activamente en conseguir la paz. Alejados de los focos y con altura de miras. Se activó un rayito de luz en un mundo tan fundamentalista, antidemocrático y sangriento. No valorarlo es negar la evidencia. Ojalá algún día sepamos con luz y taquígrafos quiénes han sido, qué rol han desempeñado y en qué medida su influencia ha sido decisiva. Uno devora información sobre el tema y, por ende, tiene cierta orientación. Recomiendo, por este mismo motivo, el libro de Jesús Eguiguren “ETA. Las claves de la paz”. Gustará más o menos, pero, como bien dijo otro dirigente fundamental para la paz como ha sido y es Antonio Basagoiti, el autor “tiene buena fe”.

He escrito abiertamente en este portal que mi deseo en Euskadi es que les vaya lo mejor posible a PSE y PP. Incluso se puede decir que he pedido el voto para ellos. A la hemeroteca me remito. Lo cual no significa que obvie que cada papeleta que recibió Bildu en mayo fue una semillita más para que el terrorismo etarra no volviese a ser protagonista. Así dejé constancia. La izquierda abertzale ha ganado apoyo social en situaciones de no violencia, que no es lo mismo que paz. Llegados a este punto, Amaiur consigue siete diputados en los pasados comicios generales convirtiéndose, así, en la formación más votada en Euskadi. De esos siete escaños, seis los consigue por Euskadi y uno por la vecina Navarra. Amaiur se presenta por estas dos autonomías pues considera que Euskal Herria deben formarla siete territorios, entre ellos los anteriormente mencionados. Nos puede parecer un delirio o no, pero, en tal caso, un delirio democrático.

El pasado jueves hemos presenciado un espectáculo dantesco. Amaiur tiene diputados suficientes como para formar grupo parlamentario propio. Un pequeño porcentaje en Navarra les priva de ello. En el pasado se han llegado a producir casos de grupos parlamentarios propios con solo tres escaños. Hemos sido testigos de numerosas triquiñuelas en ejemplos de otros partidos digamos de bien. Amaiur empleó una treta vergonzosa al tratar de ausentar temporal a su representante por Navarra. Acto ridículo, sí, pero en un contexto poco democrático también. Pero, claro, en este caso es Amaiur. Entonces ya no nos interesa. Les hemos pedido por activa, por pasiva y por perifrástica que se adaptasen a la democracia. Lo han hecho. Les falta callo, sí, pero la Justicia les ha dado viabilidad y en un Estado de Derecho eso debe ser siempre respetado. La credibilidad de quienes se han quedado afónicos y sin tinta por pedir gestos, a mi juicio necesarios e indispensables, han perdido su credibilidad. He leído y escuchado argumentos de tal profundidad como “porque sí”. Y no en el bar ni en una conversación en el ascensor. No. Entre la clase política más influyente de este país. A estos también les falta, y me duele decirlo, callo democrático. Hablo de importantes dirigentes del PP muy especialmente, pero también de CiU y del PSOE. Y lo único que han conseguido es servir en bandeja la Lehendakaritza a la izquierda abertzale. En 2013 me gustaría que Patxi López y Antonio Basagoiti fuesen nombrados Lehendakari, pero aceptaré, a diferencia de otros, el voto soberano de la sociedad vasca, quien más ha sufrido la tragedia del terrorismo y quien mejor la conoce. Algunos no han vivido su particular transición interior. A tiempo están.