Coser y cantar

Senyor_J

Hoy vamos a hacer un estado de la cuestión libre y sin compromisos de representatividad, a pesar de la inminencia de los bloques electorales. Empezamos por un dato por todos conocido: que la semana pasada fue fructífera en malas noticias para Podemos. En un momento en que numerosas encuestas anunciaban que el partido perdía fuelle y que las candidaturas de confluencia donde participan no conseguían aparecer como la primera fuerza en las grandes capitales, saltó la noticia de que Juan Carlos Monedero abandonaba sus responsabilidades en la dirección de la formación. Lo hizo realizando previamente una serie de declaraciones críticas con la situación interna y, después, mediante una aportación al género epistolar bastante curiosa. Además, en medio de ambas, Pablo Iglesias contextualizaba el hecho en la necesidad que todo intelectual tiene de ser libre y de no vivir sujeto a las férreas cadenas que impone el estar encuadrado en el esquema organizativo de una organización política. Todo ello demuestra que incluso en los peores momentos hay espacio para el arte y la creatividad.

El esquema lírico con que se expresa Podemos contrasta con el trágico escenario que se desprende de la ventaja que mantiene en las encuestas el Partido Popular respecto a sus retadores en territorios clave como Madrid o, por no hablar siempre de los mismos sitios, de la hiperfragmentación en territorios como Navarra, donde tampoco parece posible desbancar a la Unión del Pueblo Navarro de su mayoría de votos. Es por ello que cada vez son más numerosas las voces que anuncian poco menos que el fin del sueño: que la promesa de cambio era una ilusión y que solo cabe esperar que las cosas vuelvan a su cauce, lo cual sucederá con la colaboración de Ciudadanos o bien mediante el retorno a ese bipartidismo tan sano y tan beneficioso para todos. Y añado: que todo el mundo anhela y echa muchísimo de menos (¡ale, que yo también reclamo libertad literaria y derecho a la ficción!).

De ser ciertos dichos pronósticos, quizás no tenga que ser Podemos quien se haya de preocupar, o Izquierda Unida, sino más bien el ciudadano de a pie. Si después de los años de crisis que hemos vivido, si habiendo sufrido escándalos de corrupción con un latrocinio perfectamente verificable que han sacudido la geografía española, si una vez comprobada la incapacidad absoluta de los partidos tradicionales para afrontar los grandes retos de nuestro tiempo, todo lo que cabe concluir es que llega la hora de que todo se normalice, creo que hay que prepararse para lo peor, que será primero el triunfo de la impotencia y más adelante, cuando las cosas se pongan de nuevo muy difíciles, un gran estallido social que ya no podrá ser canalizado mediante el surgimiento de nuevas alternativas políticas. Eso sí, mientras tanto, que prosiga el espectáculo y ahí tenemos ya ese modelo de elecciones a dos vueltas sobre el que reflexiona el PP para ayuntamientos y autonomías: si alguien se pensaba que el PP está dispuesto a arriesgarse de nuevo a ver en peligro su hegemonía, con el surgimiento de alternativas como Podemos, se equivoca. Si se han de cambiar las normas del juego, pues se cambian.

Pero todo eso aun no ha sucedido, así que no avancemos acontecimientos. Ahora simplemente es hora de constatar que el viejo régimen ha brindado con cava durante la última semana ante sus éxitos transitorios. No cabe duda que son fruto de su fuerte, enérgico y poderoso poder de réplica o, en palabras de Milagros Pérez Oliva este domingo, en su sesudo artículo “Un minuto de televisión“, de “la contundencia de la respuesta defensiva de las fuerzas y poderes amenazados y su unanimidad en la estrategia de presentarle (a Podemos) como una especie de caballo de Troya del chavismo en la política española” (ojo que eso lo dicen en el periódico del reino, no en Rebelión). Una respuesta que sin duda está influyendo sobre la dirección del péndulo electoral, que en momentos de tanta volatilidad, ahora va para aquí y ahora va para allá.

Pero la efectividad de dicha réplica no es solamente debida a la potencia de fuego enemiga sino a la fragilidad de las propias defensas. Mientras Izquierda Unida se deshace ella sola como un azucarillo en una taza de café, en Podemos empiezan a no necesitar de demasiada ayuda externa para dispararse en el pie, en las manos y donde haga falta, como demuestran los episodios de esta semana pasada. Además le están empezando a coger el gusto a externalizar los debates internos. Si uno se toma la molestia de indagar sobre los medios internauticos que menos antipatizan con ellos (Público, Eldiario.es…), puede apreciarse que mucho más rápido que los problemas se multiplican los chamanes de la política. No pasa un día sin que salte a la palestra un articulista a realizar su diagnóstico y a proponer soluciones desde su atalaya particular, que era justamente lo que pasaba hacia finales de los años 1990 con Izquierda Unida: la organización en crisis de proyecto y desde las bandas, toda una serie de amigos y conocidos dando su parecer sobre cómo resolver los problemas, sin hacerle ascos a ir tirando alguna piedrecilla por aquí y por allá (y a la vista está que a Izquierda Unida no le sirvió de mucho tanta atención). La prensa más del establishment, en cambio, sin dejar de llenar también sus páginas con intervenciones firmadas sobre Podemos, aplica a sus diatribas otras actitudes que van desde la condescendencia hasta el desprecio. Señal, no obstante, de que las cosas no están tan mal: es cuando dejen de hablar de ti que sabrás que has muerto.

Nubarrones por todo lo alto, pues, pero que no cunda el pánico, porque esto que ahora vivimos es fruto de la dura competencia electoral pero no se trata de batallas decisivas. La guerra es más larga y resulta un tanto arriesgado predecir desenlaces con tanta antelación. No olvidemos que el péndulo siempre está en movimiento, y por fortuna y por desgracia, la huella de la corrupción es difícil de borrar, de modo que en cualquier momento te sale un “caso Rus”, con su manía de contar billetes, que nos recuerda que cualquier tiempo pasado fue peor y que lo de volver a votar a estos tipos hay que pensárselo muy bien. Además, alguna cosa se va haciendo también para que el enemigo no se crezca tanto. Sin ir más lejos el martes Podemos intentó pasar la página del caso Monedero mediante su puesta de largo programática y logró con ello ganarse mucha atención mediática, en un momento en que todo lo que sea hablar de política alienta la recuperación de expectativas. Es en ese terreno, el estrictamente político, donde mejor rinde y tienes sus mejores bazas de ganarse la confianza de la ciudadanía..

Asimismo, voces muy apreciadas en este medio advierten de que a ciertos sectores igual se les está yendo la mano con esto de hacerle la pelota a Ciudadanos. El gurú Jaime Miquel señalaba ayer que “tratar de partir al PP jaleando a Ciudadanos es un error estratégico“, puesto que el margen de crecimiento que le restaría a Ciudadanos por alcanzar no va a darse a costa del PP, sino minorando las posiciones relativas de todos. Aviso importante para navegantes, si bien es cierto que en esta vida todo es relativo y no está nada clara la rapidez con que los partidos pueden conquistar tierras ignotas en estos tiempos volátiles. También los propios Ciudadanos tienen problemas con las manos, en este caso para controlar a sus candidatos municipalistas: lo de Carina Mejías animando a impedir por todos los medios la manifestación independentista en la Avinguda Meridiana durante el próximo 11 de septiembre señala los límites más que conocidos de su vocación de defensa de las libertades y la tradición en que se inspiran buena parte de los miembros de esta organización. Poco a poco los ciudadanos españoles se darán cuenta que Ciudadanos no es un partido de centro, sino un partido que hace como que viaja al centro, pero que viene de lo que viene y que además son tan casta como los partidos tradicionales.

Más avisos: no basta con ser tertuliano para ganar unos comicios, le dicen las encuestas a Carmona, quien aparece alejado en intención de voto de las dos veteranas candidatas que compiten en Madrid. Y es que es verdad que, como en cualquier otro contexto vital, es más importante tener gracia, que ser gracioso. Por eso no es lo mismo presentar de candidato al tertuliano Iglesias que al tertuliano Carmona, sin duda mucho más gracioso que el primero (¡y mucho más casta!), pero no mejor cantante (comparen 1 y 2: no se puede desafinar más ni dejar más claro el escaso dominio de la lengua extranjera más solicitada) y claramente mucho más pobre en la confección de lemas (lo del tic tac contra el pim pam es claramente una victoria por KO). Del mismo modo, si no eres gracioso, yo diría que es mejor centrarse en tus propias gracias y no hacer pasar un momento difícil a tus seguidores metiéndote a showman, pero parece que eso Ada Colau tampoco lo tiene claro. Caso a parte es la evolución del nivel de los tertulianos de partido de hoy en día: puede que también sea igualmente por falta de gracia o de graciosismo que tampoco estén sacando ahora el mismo partido de las tertulias algunas organizaciones, cuyos segundos espadas no tienen la energía de sus mejores jinetes y no cabalgan contra el adversario con la misma destreza.

En fin, así están las cosas en los días previos al inicio de las campañas electorales que agitarán la geografía española. Una vez que entremos en esta otra fase, el escenario se volverá a sacudir y es previsible que vivamos un efecto de todos contra todos que permita un respiro al enemigo preferido. Ese enemigo contra el que gustan cargar los cañones del Régimen pero que podrá guarecerse tras el mucho más seguro muro del debate de campaña propio de las elecciones autonómicas y de ciertos comicios locales, donde su misión básica ha de ser asaltar los espacios más amplios posibles y condicionar gobiernos. No obstante, esas posiciones en las autonómicas, para llegar con expectativas a la siguiente fase del ciclo, no pueden quedar por debajo de un mínimo que evidencie la existencia una gran zanja entre ellos y el resto de grandes partidos, por lo que habrá que mantener un buen nivel en los días que restan hasta el 24 de mayo. Más apurada se presenta la cosa para Izquierda Unida, que se juega absolutamente la supervivencia, que se ve en claro riesgo de saltar de ayuntamientos y parlamentos autonómicos importantes y donde parece que algunos aguardan un mal resultado para ponerse a afilar cuchillos.

Sonrisas, sonrisas, en los pasillos del poder, pero inquietud porque todo cambia de la noche a la mañana. Las sonrisas se combinan con extrañas muecas, pues a pesar de las buenas noticias, a lo mejor el escenario final no muestra la victoria de nadie sino la derrota de todos o incluso, en el momento menos esperado, el hundimiento completo del que sonríe. Dicho queda.