Corrupción según mi abuelo

LNBL

Ahora que tratan de convencernos de que somos todos iguales porque no somos luteranos y que quien más quien menos ha pecado, ergo, lo de los políticos – mayoría del PP, por cierto – no es tan sorprendente; recuerdo una conversación con mi abuelo en la que le inquirí sobre la frontera entre los favores y la corrupción. Me vino a dar unos cuantos criterios bastante sabios. Primero, no es lo mismo ahorrarse un dinero que ganarlo. Segundo, mejor que si recibes algo sea un bien antes que su precio, es decir, mejor un regalo que su cuantía en metálico. Tercero, cuanto menor cuantía, mejor. Y cuarto, cuantas menos veces tengas que aplicar estos criterios para saber si estás obrando bien, mejor.

Ciertamente, alguna vez me he dejado llevar y he pagado en metálico para ahorrarme el IVA o he desgravado una factura que no era enteramente apropiada o he dejado de aclarar algún equívoco menor a mi favor. De la misma forma que en alguna ocasión  he reaccionado correctamente y he vuelto a la cajera de turno a señalarle que se había equivocado a mi favor o… muchos otros posibles, en los que seguramente también he incurrido. Pero igualmente cierto es que en muchas MÁS ocasiones, he hecho justamente lo contrario: insistir en que las cosas se hicieran correctamente, conforme a la legalidad y, sobre todo, la ética más común. No es que haya rechazado sobres u ofertas de soborno, y mira que ha habido ocasiones: es que nunca me las han llegado a hacer, quién sabe por qué, pero me atrevo a pensar que por haber indicado claramente que habrían tocado en hueso.

En unos años en que mis compañeros de oficina y yo mismo manejábamos millones de euros, en broma nos lamentábamos de que nunca nos hubieran dado opción a rechazar un chanchullo pese a que, en aquel entorno en un confín extranjero, las acusaciones de corrupción estaban a la orden del día. La única vez en la que sentí que estaba cerca de ser tentado, fue con ocasión de una reunión con unos empresarios españoles, navarros, acompañados de una chica joven, también española, sospechosamente simpática a la par que atractiva, cuya presencia no tenía explicación aparente. En otra ocasión, un consultor me regaló algo mientras hablábamos del posible contrato y aproveché la entrada de mi secretaria para ofrecerle el detalle a sus hijos, delante del consultor.

Tuve una tarjeta visa de la empresa, que dirigía yo, por cierto, y en la única ocasión en la que saqué dinero en efectivo – para poder coger un taxi durante un viaje – me sorprendí al ver el saldo millonario de la cuenta (en euros), que luego confirmé podría retirar en cualquier momento del banco, sin necesidad de dar explicaciones. Pero, por supuesto, guardé y entregué todos los recibos de gastos realizados con la tarjeta, si bien en alguna ocasión el criterio para invitar a una comida pudo ser algo laxo.

Y por cierto, tengo una cuenta bancaria en Luxemburgo. El saldo es bastante de andar por casa, especialmente después de haberme metido en una hipoteca para comprar mi primera vivienda pero, sobre todo, el origen de los fondos es absolutamente legal, procedentes de mi salario, descontados todos los impuestos preceptivos.

Es decir, no soy un santo, pero las recomendaciones de mi abuelo las he cumplido a rajatabla. Como la mayoría de la gente, habiendo manejado millones o sólo unos cientos y sin necesidad de tener un abuelo sabio. Porque el sentido común abunda más de lo que comúnmente se supone.

Así que no me vengan con monsergas de Rinconete y Cortadillo. Yo no he cobrado nunca un duro que no me correspondiera y las posibles corruptelas en las que he incurrido han sido muy infrecuentes y de cuantía nimia. Nada que ver con los que se embolsan millones en metálico y se pavonean por ahí en puestos representativos que exigen, al menos, un comportamiento criminalmente irreprochable. Porque una cosa es la moral, en la que ninguno somos santos por más que unos lo sean menos que otros, y otra bien distinta, delinquir.

Tengo verdadero interés en ver cómo acaba lo del Alcalde de Barcelona, que niega vehementemente haber tenido cuenta alguna en Suiza y amenaza con querellarse a diestro y siniestro contra quien sostenga lo contrario. Resulta que el bueno de Trias es íntimo de De la Rosa, el que saqueó a los kuwaitíes con KIO, y de Millet, el gangster del Palau. Es como si le cuento a mi mujer que pese a que mis mejores amigos son conocidos por irse de putas todas las noches, yo nunca le he puesto los cuernos. Sería el tonto de la cuadrilla. Dime con quien andas y te diré quién eres, dice el dicho. Si todos tus amigos tienen cuentas millonarias en Suiza y han estafado a diestro y siniestro, no me vengas con monsergas.

Lo mismo cabe decir de Esperanza. En el mejor de los casos es tonta del culo por su querencia a encumbrar a corruptibles. Los indicios sobre Granados eran vox populi desde hace años pero ella nunca tuvo la más mínima sospecha… O miente o es tan idiota que no puede sino retirarse a un convento a expiar sus culpas. Veremos qué dice cuando finalmente la soga le apriete a su sucesor al frente de la Comunidad de Madrid. A estas alturas ¿puede alguien tener la más mínima duda sobre el carácter delictivo de su posesión del famoso ático gigantesco de Marbella? Una cosa es que no se le pueda enchironar por falta de pruebas válidas en un tribunal y otra bien distinta que no quepa la certeza de que Ignacio González no es trigo limpio, por más que Esperanza diera por buena su versión de que las sacas blancas llenas con las que fue filmado en Colombia iban llenas de trapos. Como tampoco lo era Granados, su escudero en el Tamayazo, y principal sospechoso de haber encargado el espionaje a Ignacio González.

Le espetaba ayer Rajoy en el Congreso a Pedro Sánchez que debía pedir perdón, como he hecho yo, y dar explicaciones, como he hecho yo, sobre el caso de los EREs. ¿Acaso les ha mandado Pedro SMS de apoyo a los encausados? ¿Acaso el expolio de los EREs ha financiado ilegalmente a Ferraz durante décadas? ¿Acaso tiene Pedro millones en cuentas en el extranjero o amiguetes millonarios a cuenta de él? ¿Qué perdón ha pedido y qué explicaciones ha dado? ¿Las de la pantalla de plasma?

Alfonso Guerra no podía sino irse a la reserva por haber consentido, o no haberse enterado, de que su hermano era un jeta. Felipe González tenía que haberse ido a su casa después de haberse quemado la mano que voluntariamente puso en el fuego por Mariano Rubio. Pero eran nimiedades cuantitativas al lado de Gürthel, o de lo que va saliendo a la luz en Cataluña.

En cualquier país civilizado, si te pillan en un renuncio, te vas por vergüenza torera, aunque no seas culpable, solamente por no haber sido lo suficientemente hábil para haber evitado el escándalo.

No somos todos iguales y no somos todos igual de corruptos. En absoluto. Ahora bien, lo que sí somos es igual de gilipollas por seguir manteniendo en el poder a quienes se ríen de nosotros. ¿Cómo puede ser elegido Alcalde de Barcelona un íntimo de De la Rosa y Millet? ¿Cómo puede Rajoy seguir siendo el líder del partido más apoyado en las encuestas?

Esperen… quizás deje de ser así pronto. Quizás Pablemos pase de segunda a primera opción y más pronto que tarde tengamos que lamentar en las manos irresponsables, demagógicas e ineficientes en las que nos pusimos. Pero la culpa, como en la Venezuela Chavista, será de la clase política dominante y de su incapacidad para gestionar con un mínimo de decencia NUESTRA cosa pública.